Presentan los cuatro ciclos históricos de migraciones que ha sufrido Honduras

La presentación se realizó vía Facebook Live por el investigador Elvin Hernández, de ERIC-SJ y coordinada por Rolando Sierra, director de Flacso-Honduras.

El Observatorio de Migraciones Internacionales en Honduras (OMIH), adscrito a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Honduras, junto al Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación Compañía de Jesús (ERIC-SJ), presentaron los ciclos migratorios en Honduras, desde la fiebre bananera hasta la migración forzada.

El documento hace referencia a cuatro ciclos migratorios internos y externos que ha vivido el país, expone que el primer ciclo migratorio fue el bananero, mismo que lo enmarca desde la Reforma Liberal impulsada por Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa (1876-1899) hasta la dictadura de Tiburcio Carías Andino (1932-1949), luego, el ciclo migratorio agrario, posteriormente, el ciclo migratorio maquilero, y el último, el ciclo de migración forzada.

En ese primer ciclo de migración, los investigadores definieron que las condiciones de pobreza generalizada en el país, las propuestas del modelo de desarrollo y la debilidad de las instituciones son, entre otros factores, los que marcaron las dinámicas sociales, políticas, económicas y culturales durante el ciclo migratorio bananero, donde los flujos migratorios de este período están definidos por la inestabilidad política, la exclusión social y el despojo de los derechos de la población.

En este periodo se apostó fuerte por generar en la población un sentimiento nacionalista, para tal fin se crearon y se institucionalizaron los símbolos patrios como la Bandera, el Escudo, el Himno Nacional, también se escribió sobre la soberanía y la defensa territorial, sin embargo, a la par de la creación de ese sentimiento nacionalista, existía una situación cotidiana de necesidades no resueltas, lo que contrastaba con el discurso nacionalista.

En esta época, se identificaron dos tipos de personas migrantes: los extranjeros y los nacionales que migraban de manera interna hacia la zona norte del país, los investigadores de ERIC-SJ manifiestan que los extranjeros que llegaron a Honduras eran de nacionalidades distintas. Por un lado, estaban los grandes inversores de origen alemán, árabe, chino, inglés y estadounidense. por otro lado, estaba la mano de obra de negros de Las Antillas y de trabajadores de otros países centroamericanos.

El documento señala que durante el auge de las bananeras en el país, la situación de vida de los hondureños reflejaba un escaso acceso a los servicios sociales, no existía un sistema de salud público fortalecido, mínimos niveles de educación, no obstante, existía una seguridad basada en un enfoque militarista y represor.

En este sentido, las personas migrantes, atraídas por la campaña ilusoria de las bananeras, se encontraban con una realidad caracterizada por condiciones laborales deplorables y un alarmante deterioro de la calidad de vida, cita el testimonio de Esteban Elvir, sobreviviente de la huelga de 1954 “uno decía voy a ganar pisto, pero no sabía la realidad que vivimos aquí”.

Migración agraria

El segundo ciclo de migración que registra la investigación del OMIH  y de ERIC-SJ fue el agrario, donde su punto de partida fue la huelga de 1954 hasta 1992, año en que se aprueba la Ley de Modernización del Sector Agrícola, uno de los hitos de arranque de un nuevo modelo político-económico, mismo que provocó una nueva dinámica de flujo de migrantes.

Este ciclo se caracteriza fundamentalmente por la migración interna motivada por la demanda de la tierra, tanto de obreros como campesinos, cabe señalar que esta época 1956-1979 las Fuerzas Armadas se convirtieron en un actor determinante, siendo la institución castrense la impulsora de la Reforma Agraria, acción por la cual los gobiernos militares se creyeron “los redentores y restauradores de las libertades y derechos del pueblo hondureño”.

Los principales centros de desplazamientos de migrantes agrarios debido a la instalación de las “Colonias agrícolas” en esa época fueron Catacamas, Olancho; el Valle del Aguán, Colón; Monjarás, Choluteca; el Valle de Lean, Atlántida; Guaymas y Guaymitas, Yoro y San Juan de Buena Vista, en Cortés.

Cabe señalar que en el año 1961 todas las tierras de las “Colonias agrícolas" pasaron a ser administradas por el Instituto Nacional Agrario (INA), creado en marzo del mismo año; un año después se creó la primera Ley de Reforma Agraria en respuesta a la preocupación por prevenir que las masas pudieran servir de base social para un movimiento revolucionario estimuladas por el triunfo de la Revolución Cubana.

Este movimiento de migrantes lo estudió Leticia Rodríguez de Simons, en la investigación “La migración interdepartamental de Honduras”, en el que registra los flujos migratorios de los censos de los años 1969 a 1974 y establece que en ese período hay una aceleración de la migración interna acumulada; en el censo de 1974 se registraban 254,624 personas migrantes internas de las cuales 83,408 (33%) se habían movilizado entre 1969 y 1974.

Maquilas

El otro proceso migratorio del que hace énfasis la investigación es el ciclo migratorio maquilero, mismo que comienza a finales del siglo XX e inicios del siglo XXI, donde se potenciaron significativamente los procesos migratorios en dos vías: por un lado, la migración interna del campo a la ciudad, y por otro, la migración internacional, principalmente con destino a Estados Unidos.

En relación a la migración interna, se destacan los rostros de las mujeres jóvenes debido al predominio de la mano de obra femenina en la industria de la maquila instalada en la costa norte, pues siete de cada 10 mujeres iniciaban a laborar entre los 18 a los 24 años de edad, según datos del Banco Central de Honduras (BCH). La participación femenina para el año 1993 en la industria maquilera rondaba el 76% de la masa laboral y se mantuvo casi con un similar porcentaje hasta 1999.

La Colectiva de Mujeres Hondureñas (Codemuh) destaca que en el 2004, el 62% de las mujeres que laboraban en maquilas tenían entre 1 y 3 hijos, de las cuales el 525 eran madres solteras y solo el 24% no tenían hijos, este es el perfil de las mujeres quienes atraídas por el empleo y motivadas por la búsqueda de mejores condiciones para sus hijos migran a los centros urbanos como Tegucigalpa, San Pedro Sula y otras ciudades intermedias como Choloma, La Lima, Villanueva, La Ceiba, El Progreso y Puerto Cortés.

Para las mujeres migrantes, las huellas del trabajo en la maquila han calado hasta los huesos, dejándoles graves enfermedades musculo-esqueléticas producto del trabajo repetitivo, es así que luego de haber migrado del campo a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida a través de la maquila, las mujeres solo han encontrado subsistencia y enfermedades laborales.

Migración forzada

El último ciclo de migración que enumera el OMIH y ERIC-SJ es la migración forzada donde enfatiza que el Golpe de Estado del año 2009 marcó en Honduras un nuevo ciclo político, económico, social y también migratorio, no solo se rompió el orden constitucional, sino que en los años siguientes el país sufrió un deterioro en términos de empobrecimiento y un aumento de la conflictividad y violencia social.

Tal como lo señala un integrante de la Red Jesuita con Migrantes (RJM), estos cambios tuvieron efectos en el comportamiento migratorio de los hondureños “se puede afirmar que desde el Golpe de Estado hablamos de una migración forzada, en la que hay muchas zonas grises, la inseguridad y la crisis económica se mezclan como para decidir irse”.

En los últimos 10 años, Honduras y su realidad ha sido conocida a nivel mundial precisamente por dos crisis migratorias. La llamada crisis de los menores migrantes en el 2014 y Las Caravanas en el 2018 y 2019; cabe resaltar que la Patrulla Fronteriza reportó que en menos de siete meses en el año 2014 las cifras de menores no acompañados alcanzaban los 57 mil, mientras que las caravanas entre octubre del 2018 y marzo del 2019 sumaban más de 20 mil centroamericanos, la mayoría hondureña.

Los hondureños aducen que las causas de migración son: la situación económica, la falta de oportunidades de empleo, reunificación familiar, educación, salud y acceso a una vivienda, luego en los últimos años se mostró un incremento significativo por otras causales como la violencia y la delincuencia.

“Es tanto el deterioro político y social que existe en el país que las personas deciden emigrar en plena pandemia de la COVID-19”, concluyó Elvin Hernández, investigador de ERIC-SJ en alusión a la última caravana de hondureños que ha partido hacia Estados Unidos.

Para los investigadores, este último ciclo todavía no se ha cerrado y piden al Estado y a la Academia visibilizar las realidades que sufren los migrantes.

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