Antonio Ramón Vallejo, una luz en el siglo XIX

23 de Enero del 2018

Un 18 de enero del año 1914 fallecía, a la edad de 70 años, el que ha sido llamado el padre de la historiografía hondureña: Antonio Ramón Vallejo. De cuna sencilla -como casi todas aquellas luminarias cuyos nombres han trascendido en la historia-, sus padres Ramón Vallejo y Marta Bustillo se preocuparon por instruirle de la mejor manera que la sociedad decimonónica le permitía a la juventud hondureña para su formación. Nació el 17 de marzo de 1844 y creció en el histórico barrio Los Dolores, de la entonces Tegucigalpa, que ya rivalizaba con la colonial Comayagua, capital y sede del gobierno del Estado de Honduras.

Sus datos biográficos han sido mejor expuestos por reconocidos autores en el área de los estudios históricos, la intención que ha motivado escribir estas líneas es reconocer la meritoria labor del incansable investigador que ha sido Antonio R. Vallejo, su vasta producción editorial es un logro pocas veces igualado en nuestros países, máxime en la época en que le tocó vivir, tiempos en los cuales las limitantes técnicas de impresión se convertían en serios obstáculos para la producción editorial.

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Antonio R. Vallejo. Detalle de la portadilla del libro “División municipal y judicial de la República de Honduras”.  Fondo Documental Siglo XIX, Fototeca Nacional Universitaria.

Tampoco deseamos en el presente escrito hacer una lista pormenorizada de toda su producción editorial impresa y de aquella que aún se encuentra inédita. Lo que quisiéramos comentar en esta ocasión es su monumental obra: “Primer anuario estadístico correspondiente al año de 1889”, publicada en 1893 por la Tipografía Nacional, la que ha sido el mayor referente histórico y social de nuestra nación en el siglo XIX. Y no sólo ha sido el referente de análisis de la sociedad hondureña de ese entonces, su sola producción es una proeza técnica de la época, ya que al menos a nivel país, es la primera referencia gráfica en cuanto a reproducción de imágenes fotográficas en un libro impreso. Olvidemos por un momento la facilidad moderna de producir material gráfico, remontémonos a la segunda mitad del siglo XIX y veamos la tecnología de reproducción de impresos de la época.

Hablamos de impresión tipográfica, basada en la invención de mediados del siglo XV de Johannes Gutenberg y sus tipos móviles, la que básicamente era la impresión de un molde o grabado de metal o madera (sea texto o imagen) que entintado por un rodillo que le aplicaba la tinta elegida, era presionado sobre el papel dejando marcada la tinta que se le había aplicado. Ello en cuanto al texto que acompañaba al libro, si este llevaba imágenes -al menos en esa época-, el impresor se valía de grabados (en madera o en metal), pero eran dibujos lineales, los tonos continuos de una fotografía o los grises de las imágenes eran simplemente imposibles de ser reproducidos mecánicamente, no al menos en los sistemas de impresión gráfica tradicionales. Fue hasta la última década de ese siglo XIX que la trama o retícula que descomponía estos matices en infinidad de puntos fue utilizada por primera vez en un impreso gráfico, pero que en el momento en que fue editado el libro de Vallejo, no era usado este revolucionario método de impresión de imágenes.

03VallejoDetalle de trabajos de construcción en el barrio La Isla, imagen publicada en el “Primer anuario estadístico correspondiente al año de 1889”. Fotografía por Juan T. Aguirre, reproducida de una litografía original de 1893. Fondo Documental de Fotografía Juan Aguirre, Fototeca Nacional Universitaria.

Dos sistemas de impresión han sido utilizados en este “Anuario Estadístico”. Ha sido tipografía para el texto y gráficos lineales, lo que se deduce con facilidad al revisar una copia del original de este libro y percibir el típico y leve relieve que deja el tipo de metal que imprime a presión dicho texto y gráficos (líneas, cuadros, viñetas y elementos similares). Y en cuanto a las fotografías que acompañan el impreso, su sistema de reproducción ha sido la litografía, lo que representa un verdadero alarde técnico para su época. Primero expliquemos qué es la litografía. Ésta es un sistema de impresión de los llamados “planográficos”, nombrados así porque su matriz o base para imprimir no presenta relieve pronunciado, ha sido una placa de piedra caliza esa matriz de impresión, lo que derivo posteriormente en una plancha metálica ahora en la moderna impresión Offset. El principio básico para imprimir en este sistema es el rechazo del agua y la grasa aplicada a la plancha de impresión.

Ahora bien, ¿Cómo grabar la imagen fotográfica a una plancha de piedra en ese entonces? He ahí la proeza técnica de la impresión de este libro.

04VallejoAntiguo Palacio del Ejecutivo (ahora Palacio Legislativo), imagen publicada en el “Primer Anuario Estadístico correspondiente al año de 1889”. Fotografía por Juan T. Aguirre, reproducida de una litografía original de 1893. Fondo Documental de Fotografía Juan Aguirre, Fototeca Nacional Universitaria.

24 fotografías han sido publicadas en este libro de 1893, inicia con una fotografía del Parque Central de Tegucigalpa tomada desde una posición elevada hacia el noreste del mismo, una fotografía que retrata como pocas la zona centrica de la recién nombrada Capital de la República de Honduras, hecho acaecido apenas doce años atrás de haberse publicado el libro, otras fotografías lo son: la Catedral Metropolitana San Miguel Arcangel, la Mansión del Ejecutivo, la fachada del Cementerio General de Comayagüela, la Plaza e Iglesia San Francisco, el Puente Mallol, el Barrio La Isla, 7 retratos del gabinete de gobierno del General Luis Bográn, el Banco de Honduras, los Tribunales de Justicia, la Penitenciaría Nacional, la iglesia La Merced, la Escuela Nacional de Artes y Oficios, la Casa de Moneda, el Hospital General, El Rosario y una vista general de Tegucigalpa desde el antiguamente llamado Cerro de Sapusuca  (ahora El Picacho).

Para imprimir estas fotografías, significaba cubrir cada plancha de piedra con una emulsion sensible -cual si fuese una hoja de papel fotográfico-, hecho este cubrimiento, se colocaba el negative de la fotografía -el que para esa época era hecho en una placa de vidrio-, y se procedía a exponer este montaje a una luz potente, lo que podría ser inclusive luz solar, recordemos nuevamente la época en que fue hecha esa producción, las luces de las ampliadoras o insoladoras implican el uso de energía eléctrica, la que es poco probable existiese en el plantel de la Tipografía Nacional en esa época, pero aunque se tuviese acceso a ella, el solo hecho de necesitar insolar la plancha ya sensible para que por el proceso químico de la fotografía se grabase la imagen en la plancha de piedra era un proceso complicado y de delicada elaboración. Resumido, todo este proceso pareciera ser sencillo, pero era complejo en realidad, lo que nos hace admirar más la titánica labor de Antonio Vallejo y sus cuidados proyectos editoriales.

Quien fuera Director General de Estadística y Censos y le conociera en persona, don Carlos Zúñiga Figueroa, describía así a Antonio R. Vallejo: 

«El padre Vallejo, como corrientemente lo llamaba el pueblo, fue un hombre humilde, como lo es todo aquel que lleva dentro del cerebro la chispa de una inteligencia clara y en su corazón, la llama ardiente de un deseo de ser útil a su país sin ambiciones a prebendas que en alguna forma pudiera deslucir el hecho de ser fiel y sincero en sus actuaciones de buen ciudadano. Este hombre original en su manera de ser, vivió para el estudio y para su Patria en un ambiente muy modesto, casi pudiéramos decir de pobreza, pero esa pobreza digna en la cual el espíritu se mantiene altivo dentro de esa humildad que contrasta con la de aquellos que siendo vacíos de alma y de capacidades mentales, hacen alarde de sapiencia y orgullo amparados en altas posiciones inestables o en la base de la riqueza material obtenida por medios en que la decencia queda convertida en una piltrafa.»

Valgan estas breves líneas y esta pequeña reflexión acerca de una de las obras del insigne Vallejo para ser un humilde homenaje a su vida y una salutación de admiración hacia su obra.

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Retrato de Antonio R. Vallejo, publicado en el “Primer Anuario Estadístico correspondiente al año de 1889. Fotografía por Juan T. Aguirre, reproducida de una litografía original de 1893. Fondo Documental de Fotografía Juan Aguirre, Fototeca Nacional Universitaria.



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