LA UNAH: ESPERANZA DENTRO DEL PAÍS DE LOS «NEGOCIOS OSCUROS»

9 de Diciembre del 2014

EL 31 de octubre de 2003, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 9 de diciembre como el «Día Internacional contra la Corrupción». A pesar de la magnitud del problema, en Honduras esta fecha pasa relativamente inadvertida; no así desde la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).   

La corrupción dejó de considerarse como un riesgo para la democracia y el Estado de Derecho del país, ya que su consolidación es evidente y su impacto nocivo. Según cálculos realizados por el Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (Fosdeh), el costo anual de la corrupción en el país asciende a 12 mil millones de lempiras, con destino «desconocido».

Para dimensionar la cifra, lo que se roba cada año del erario público es tres veces el presupuesto de la UNAH y nueve veces el del Hospital Escuela Universitario (HEU).

La corrupción es un proceso continuo, cada cuatro años surgen nuevos casos, con diferentes o mismos involucrados. Esa pérdida económica se explica por el carácter sistemático del flagelo. Los abusos de poder dentro del Estado, el enriquecimiento ilícito, la malversación de los fondos públicos, las estafas (fraudes), defraudaciones fiscales, así como los delitos económicos, son constantes en Honduras y cada año evidenciados por los diferentes informes internacionales.

Que 12 mil millones de lempiras del presupuesto público terminen en cuentas privadas es sin duda alarmante, pero parece no ser suficiente para que se reoriente el combate contra la corrupción. La creación de comisiones de investigación, de juntas interventoras y de instancias paralelas no ha dado los resultados esperados.

Muchos administradores públicos constantemente se ven sometidos a una cantidad considerable de denuncias, algunos casos alcanzan la dimensión de escándalo, pero muy excepcionalmente las acusaciones se traducen en investigaciones y sentencias.

La actual Rectora de la UNAH, Julieta Castellanos, escribió en una investigación publicada en el 2007, que el concepto de corrupción puede ser tan elástico, amplio y disperso que puede resultar en un listado de hechos y de características que incluyan desde situaciones de amplias dimensiones e impactos que perjudican la vida y el desempeño de un país, hasta situaciones micro, de impactos individuales y familiares, donde median dos personas, en la que uno es el que se beneficia y a otro se le perjudica.

Para delimitar el término, la socióloga detalló que la corrupción debilita o impide que se fortalezcan las instituciones del Estado; mantiene y consolida grupos de poder local o internacional por encima de las leyes; impide que las instituciones se legitimen frente a la sociedad por su eficiencia y resultado de su gestión; deteriora la confianza en las instituciones o impiden que se construya la confianza entre la ciudadanía y las instituciones; genera situaciones de indefensión de los ciudadanos o de personas jurídicas que no son parte de los grupos de poder; impiden que se consolide y fortalezca el Estado de Derecho; y, provoca la consolidación de grupos bajo la impunidad.

En los últimos trece años la pobreza se redujo en menos del 1%, pese que el Estado en ese periodo «destinó» más de 15 mil millones de dólares para su reducción. ¿Qué se hizo con ese dinero? Solo para citar un ejemplo.

Algunos antecedentes

Han pasado ya seis años desde que la huelga de hambre de los Fiscales contra la corrupción, colocara de manera efervescente el tema a nivel nacional. Aquel esfuerzo ciudadano ahora pareciera ser un antecedente «nostálgico» que logró en su momento cohesionar a la ciudadanía por un par de meses, pero que no pudo consolidarse en un movimiento.

Por otra parte, durante el golpe de Estado el tema de corrupción se redujo a una cadena de acusaciones entre las posiciones políticas enfrentadas, pero más como campañas de desprestigio y no judiciales. Ahora los líderes y las figuras políticas «antagonistas» se encuentran en un poder legislativo, espacio que tampoco tiene como agenda principal la lucha sistemática contra la corrupción.

Dos años antes del golpe de Estado, la Rectora Castellanos escribió que «en situaciones de instituciones frágiles y Estados debilitados frente a figuras de “hombres fuertes”, la institucionalidad del Estado de Derecho es solo una formalidad que no tiene capacidad de detener los casos de corrupción, y menos todavía de investigarlos y castigarlos»  Su aseveración calzó a la perfección para el antes, el durante y el después de la ruptura política.

La UNAH

No cabe duda que todos los tipos de Gobierno son susceptibles a las diferentes tipificaciones de la corrupción; pero cuando las instituciones del Estado se fortalecen, éstas funcionan como un sistema de contrapeso frente al flagelo.

Es el caso del actual proceso de la UNAH, donde su gobernabilidad y claridad en sus objetivos  permiten consolidar mecanismos de control, auditoría y rendición de cuentas, que impiden y dificultan este flagelo dentro de la Máxima Casa de Estudios.  

La actual gestión universitaria, encabezada por la Rectora Castellanos podrá tener muchos adversarios, de todo tipo, pero al margen de cualquier diferencia partidista e ideológica, nadie les acusa de corrupción. ¿No es eso un mérito sobresaliente en el país de los «negocios oscuros»?

Antes del proceso de la Reforma Universitaria la UNAH vivía períodos donde el latrocinio estaba a la orden del día, pero esas acciones y prácticas son cada vez más difíciles de ejecutarse. Cuando se descubren, como le pasó al ex Presidente del SITRAUNAH, entonces se denuncian y se ordena su captura.

Evidentemente cambiar la mentalidad y el respeto hacia los bienes públicos es una tarea compleja, pero la universidad avanza en ella, y de manera acelerada. Es un ejemplo que el Estado hondureño puede fortalecerse y con ello combatir la corrupción.

 



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