«NADIE SUPO POR QUÉ MORÍ»

3 de Junio del 2015

«Ahora estoy muerto, soy un cadáver en el fondo de un pozo. Hace mucho que exhalé mi último suspiro y que mi corazón se detuvo pero, exceptuando el miserable de mi asesino, nadie sabe lo que me ha ocurrido (…) Abrid los ojos y enteraos de por qué me mataron y por qué pueden mataros a vosotros cualquier día los enemigos de la vida en la que creéis y vivís (…) He muerto, pero, como veis, no he desaparecido», así inicia la novela “Me llamo Rojo”, escrita por el turco Orhan Pamuk, ganador del Premio Nobel de literatura en 2006.

En breves palabras, la trama del libro gira en torno a un taller de ilustradores en el Imperio Otomano, donde se cometió un asesinato. El primer capítulo lo narra el muerto, quien implora a los vivos encontrar su cadáver, pero sobre todo, que castiguen a su asesino. A cambio, ofrece contar cómo es la vida después de la vida.

Haciendo un paralelo con la ficción literaria, en el último boletín sobre los homicidios en Honduras, el Instituto Universitario Democracia, Paz y Seguridad (IUDPAS), a través de su Observatorio de la Violencia (OV), informó que de los 5,936 asesinatos ocurridos en 2014, 49.2% no tienen posibles causas, es decir, se desconoce su móvil. No hay tan siquiera datos suficientes para construir hipótesis oficiales de los homicidios. «Estos crímenes no tuvieron la investigación debida por parte de las autoridades, solo se supo que alguien murió de forma violenta», explicó la Rectora Julieta Castellanos.

El mismo informe indica que el 18.5% de los posibles móviles de los homicidios en 2014, fueron debido a riñas; el 14.4%, el ajuste de cuentas y el 6.7% se considera que la posible causa fue la delincuencia común. Como móvil se entiende aquello que mueve material y moralmente un hecho delictivo que termina con la muerte de alguna de las partes involucradas.

El país no enfrenta una enorme cantidad de homicidios sin resolver, sino, y aún más grave, a crímenes sin investigar, a homicidios sin indagaciones y en muchos casos, sin recopilación de evidencias. Evidentemente, la víctima hondureña, de cualquier edad o género, no tiene la posibilidad de volverse un sujeto activo como Maese Donoso, personaje de Pamuk. Aún más lamentable es que la investigación policial sea generalmente tan pasiva en discernimiento e indagaciones como la propia víctima, frente al silencio del victimario, muchas veces único conocedor de las evidencias.  De ahí la frecuente distorsión en la acreditación y verificación del delito.

Recientemente, el historiador hondureño Marvin Barahona se preguntó cómo es posible generar políticas eficaces de seguridad, si las propias autoridades desconocen las causas de los homicidios.

«Llevo cuatro días sin volver a casa: mi mujer y mis hijos deben de estar buscándome. Mi hija, agotada de tanto llorar, estará vigilando la puerta del jardín; todos estarán en el umbral con la mirada en el camino», narra el personaje de “Me llamo Rojo”. En la novela, quienes sabían el motivo del crimen, guardaron silencio o lo encubrieron; y ¿en Honduras? 



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