Aproximadamente 2,000 millones de personas en el mundo experimentan inseguridad alimentaria moderada o grave

El doctor en recursos genéticos y productividad genética, Marco Guzmán, desarrolló el webinario "Soberanía, seguridad alimentaria y bancos de germoplasma", en donde indicó que alrededor de 2,000 millones de personas en el mundo experimentan inseguridad alimentaria moderada o grave.

Detalló que la inseguridad alimentaria moderada se refiere a la incertidumbre en cuanto a la capacidad para obtener alimentos, viéndose obligados a aceptar menos calidad en los alimentos que consumen, y la inseguridad alimentaria grave es cuando las personas se quedan sin alimentos o pasan un día o más sin comer.

Asimismo, refirió que más de 3,000 millones de personas en el mundo no pueden permitirse una dieta saludable, y en el caso de Honduras, esta situación se presenta entre el 25 y 50% de la población, lo que, de acuerdo con Guzmán, evidencia una tendencia a la desnutrición mundial.

"Desde el 2005 hasta el 2014, la desnutrición mundial tenía una tendencia a la baja, sin embargo, del 2014 al 2019 se ha incrementado aproximadamente en 58 millones, vemos que en poco tiempo la desnutrición mundial se está incrementando", explicó el experto.

Agregó que para el 2030 se proyecta que cerca de 840 millones de personas padecerán de hambre y en esto no se incluyen los datos producto del COVID-19, que se estima sumen 132 millones de personas con hambre. 

La seguridad alimentaria y los transgénicos

A lo largo del tiempo han ido surgiendo factores que afectan a la seguridad alimentaria y por ende a la soberanía alimentaria que se traduce en que todo pueblo debe tener el derecho proteger la producción agropecuaria nacional.

La globalización de la soberanía alimentaria, como lo indica Guzmán, hasta cierto punto ha sido positiva, pues ha permitido la dispersión de alimentos por todos los continentes, sin embargo, existen aspectos negativos ya que, aunque hay una mejor tecnología agrícola para la producción de alimentos, esta no está al alcance de todos.

Asimismo, mencionó que los transgénicos son otro de los factores importantes que entrelazan la seguridad y la soberanía alimentaria, y la expansión de estos cultivos "genera un desplazamiento del maíz, el arroz, la papa y muchas hortalizas, ya que año con año los productos transgénicos van abarcando más espacio", señaló.

Estas semillas, junto con las sequías e inundaciones, explicó, están provocando cambios en el uso del suelo, desaparición de especies autóctonas y nativas que son un reservorio genético para las futuras epidemias que pueden ocasionar enfermedades, "si permitimos esta desaparición de especies seremos dependientes de la biotecnología de los productos transgénicos", advirtió.

Aunque algunos productos transgénicos aseguran ser beneficiosos para la alimentación humana, Guzmán dijo que no existen estudios que lo confirmen, y en ese sentido, se desconocen los efectos a mediano o largo plazo de este tipo de alimentos, esto debido a que se están usando desde hace poco tiempo.

Por otra parte, puntualizó que los posibles riesgos que puede conllevar el uso de los transgénicos son alteraciones genéticas o reacciones alérgicas en quienes los consumen, asimismo, las plantas genéticamente modificadas pueden alterar el equilibrio natural, y el uso los productos transgénicos en el campo pueden generar codependencia de su producción dejando el control del mercado en las compañías que los genera. 

Banco de germoplasma

Para contribuir con la seguridad y la soberanía alimentaria en el país, el Centro Universitario Regional del Litoral Atlántico (CURLA) cuenta con un banco de germoplasma de semillas, donde se salvaguardan los recursos fitogenéticos. “A través de cultivo de tejidos nosotros podemos conservar especies con semillas recalcitrante”, amplió Guzmán.

Estos bancos permiten conservar la diversidad de cultivos y desarrollar variedades propias adaptadas a las diversas condiciones agroecológicas del país, y a su vez se evita depender de la oferta y condiciones expuestas por las compañías transnacionales de alimentos y semillas, que amenazan la soberanía alimentaria y la biodiversidad de especies.

El proceso de recepción de las semillas criollas por y para los agricultores familiares se configura como un paso hacia la recuperación de su autonomía y su seguridad alimentaria, así como el resguardo de la soberanía alimentaria.

"Conservar las variedades locales mediante bancos de semillas aseguran no sólo su resguardo, sino la alimentación continua de las familias que de ellas viven... La conservación de semillas asegura la siembra de especies locales adaptadas a condiciones ambientales y existentes, por tanto, no se requiere de semillas de compañías trasnacionales que amenazan los recursos autóctonos", concluyó Guzmán.

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