Arielismo y calibalismo: el arte urbano en Honduras

Camilo José Farach Corrales, estudiante de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), disertó este martes 19 de octubre en el XII Congreso Virtual Centroamericano de Filosofía, con la ponencia "Arielismo y calibalismo: el arte urbano en Honduras".

Durante su intervención en la mesa temática de Estética, el ponente indicó que el movimiento denominado arielismo surge producto del ensayo Ariel, publicado en el año 1900 por el ensayista, crítico literario, periodista y político uruguayo, José Enrique Rodó (1871-1917), y sobre el cual muchos otros autores han escrito.

Como parte de su trabajo de investigación analizó la última obra de William Shakespeare, La tempestad, publicada en 1611, la cual trata sobre Próspero, el duque de Nápoles que debido a una conspiración liderada por su propio hermano, Antonio, para usurpar su ducado, huyó de Italia con su hija, hacia una isla habitada por la bruja Sícorax y su hijo Calibán, además de muchos espíritus.

Según dicho clásico de la literatura, Próspero primero mata a Sícorax, esclaviza a su hijo y le enseña una nueva lengua con la cual lo domina y lo subordina a su deseo; también subordina a los espíritus que habitaban la isla, pero su más fiel servidor es Ariel, un espíritu del aire que había sido apresado en el hueco de un pino, por no obedecer las malévolas órdenes de la bruja.

Al respecto, el expositor detalló que los ideales de Rodó consistían en la resistencia del espíritu del aire que mantuvo ante la exigencia de la malévola bruja. En su ensayo hay una visión según la cual la cultura latinoamericana, al igual que Ariel, se caracterizaba por su nobleza y elevación espiritual, en contraposición con Calibán y la estadounidense cultura materialista y sensualista.

En otras palabras, desde su punto de vista, Calibán representaba sensualidad y torpeza, y Ariel, el imperio de la razón. También consideraba que el ideal griego de la caridad era fundamentales para construir una sociedad moderna y así como Platón, creía que el gobierno debía estar en manos de los mejores y no de los engreídos.

¿Arielismo o calibalismo?

En Honduras uno de los referentes del arielismo es Froylán Turcios, fundador de la Revista Ariel, del año 1926, que criticaba los inmigrantes negros y afirmaba que “la degeneración de nuestra especie y los daños que causan son incalculables”.

De igual manera consideraba que los calibanes eran un peligro del cual el mundo estaba lleno, con intenciones torcidas y apetitos rastreros. Por otro lado calificaba a los arieles como una escasa minoría de pensamiento y espíritu sobre la que pesa la enorme responsabilidad moral de la patria y de la raza.

Retamar, por su parte, propone que el enemigo no es Calibán, sino el colonizador y que los símbolos extraídos de la tempestad del colonizador y el conquistador es Próspero, que después de exterminar a las criaturas de la isla le impone una lengua a Calibán y este como una forma de resistencia desahuciaba a la servidumbre a la que fue sometido, lo amenaza.

En ese sentido, el conferencista fue del parecer que el punto de encuentro es el peligro de la época y que la idónea simbolización con el personaje shakesperiano de la condición de América Latina es una combinación entre el arielismo y el calibalismo, porque por un lado están las masas oprimidas, rudas e inconquistables como por ejemplo los pueblos originarios, y por otro lado las minorías libres que a pesar de ser conscientes sobre las posibles ataduras, siguen fortaleciendo el estatus Quo.

“Si así lo miraba Retamar en la década de los 70, las condiciones realmente no han cambiado mucho. Se puede palpar el mismo panorama donde sigue la disputa entre activistas políticos y culturales con los académicos que permanecen en las aulas universitarias o centros de investigación casi exclusivamente”, dijo.

La figura del Calibán, el calibalismo, mientras tanto, surge como una respuesta al Ariel de Rodó, y es Roberto Fernández Retamar quien en su ensayo homónimo al personaje considera que la obra de Shakespeare está inspirada en los viajes de Cristóbal Colón al “Nuevo mundo” y que el nombre de Calibán es un anagrama de la palabra canibal.

Parafraseando a Retamar, manifestó que es una expresión que en el sentido de antropófago ya había empleado en otras obras como La tercera parte del rey Enrique VI y Otelo. Este término a su vez proviene de caribe y otros ponentes sugieren la influencia de Montén.

“La lectura de Retamar representa un giro completo a la de Rodó, pues para Retamar, Próspero llegó invadiendo la isla de Sícorax y no comprendía su cultura, sus rituales y sus tradiciones, tal como los europeos irrumpieron en las culturas latinoamericanas y caribeñas, entonces el exterminio de Sícorax representa para retamar el genocidio llevado a cabo por los conquistadores españoles, y el desahuciado Calibán, es el aborigen que permanece vivo para beneficio del asesino de su madre”, expresó.

Es importante mencionar que durante la época del surgimiento del arielismo surgió también el fenómeno del racismo en toda América Latina, debido a que, tal como lo describe José Miguel Oviedo, una colectividad mayoritariamente blanca, europeizada e ilustrada en el Atlántico no compartía los mismos problemas de otras latitudes de América Latina.

Lo anterior, según el universitario, fue el motor perfecto para el discurso racista que se diseminó por la academia del subcontinente, y uno de los mensajes del Ariel de Rodó es su ideal de civilización y su visión homogenizada de la cultura, lo cual se asemeja a los intentos de la conquista europea en América. Dicho discurso racista también es notable en las ideas de otros autores como Francisco García Calderón, José de Riva Agüero, Carlos Bunge y José Ingenieros.

Como ejemplo del arte calibán, Farach Corrales compartió con la audiencia algunas imágenes de las vallas publicitarias sobre la violencia de género, colocadas en la ciudad capital por el maestro Urbano, y vandalizadas por él mismo con un cambio de mensaje para generar conciencia. Al respecto el expositor manifestó que “la fealdad como una categoría estética se utiliza en el calibalismo como una expresión de liberación”.

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