Bajos índices de conocimiento ponen en alerta al país

Los bajos índices de conocimiento han encendido las alarmas en el país, ya que para el 2019 según informes de la Unesco, Honduras se encontraba en el puesto 95 del ranking de alfabetización, y según el Observatorio Universitario de la Educación Nacional e Internacional (Oudeni), de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), para el 2020 unos 800,000 hondureños no sabían leer ni escribir, situación que ha ido en aumento debido a la pandemia.

El acceso a la educación e índices de conocimiento son valorados como indicadores del Índice de Desarrollo Humano, “En el marco contextual que nuestro sistema educativo se está gestando, en crisis institucional como parte de llegar un Estado para la atención y fortalecer políticas públicas, con el desarrollo de competencias, habilidades y destrezas”, expresó Dora Suyapa Quintero, doctora e investigadora educativa de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

De esa manera explicó que los bajos índices de conocimiento en áreas disciplinares se debe a varios factores, entendiendo que el conocimiento es la comprensión y aplicación de saberes conceptuales, procedimentales y actitudinales, de manera que el conocimiento dependerá de las formas con base a la didáctica y metodologías que se implementen en el desarrollo de las prácticas educativas.

Asimismo dijo que el ámbito educativo en la actualidad se ve visualizado en una crisis de gobernanza, la Secretaría de Educación necesita ser un ente ejecutor, no solo en el papel de regulador, y desde esta necesidad imperativa establecer alianzas estratégicas que apunten a un sistema con ofertas educativas que incentiven aprendizajes duraderos para toda la vida, la educación técnica y el tema de alfabetización debe ser una iniciativa a implementar en este nuevo gobierno.

Para que esto sea posible deben haber parámetros de inclusión a segmentos poblacionales con estrategias de acuerdo a las características de los grupos vulnerables del país, así como un urgente retorno a la presencialidad y una atención imperativa a los niños y niñas de educación básica ya que en esa etapa necesita cultivar la parte de cognición y la proximidad social para generar desarrollo.

No obstante, se debe tener un plan de contingencia en situaciones naturales y de pandemias, en el marco de atención psicosocial y bioseguridad.

Estrategia de retorno a clases presenciales USAID

El informe de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) durante el 2021 presentó una estrategia que tiene como referente central el criterio epidemiológico y geográfico para focalizar la respuesta educativa en las diferentes regiones, municipios, localidades o centros educativos. Para implementar las acciones focalizadas, se establecen las siguientes fases y ejes operativos:

Fase preparatoria. Se preparan las condiciones de bioseguridad de los centros educativos, se identifican las necesidades socioemocionales y académicas de los NNA, se valoran y organizan las formas de entrega del servicio educativo, se prepara a las familias para el retorno seguro. Se capacita a los y las docentes y personal administrativo en la implementación de los protocolos de bioseguridad. Se considera un período de al menos cuatro semanas previo a la reapertura del centro educativo.

Fase de transición. Se desarrollan los protocolos de inserción y reinserción inclusiva, se ejecuta el protocolo de bioseguridad, se ejecutan estrategias de apoyo psicosocial para los miembros de la comunidad educativa, se refuerzan contenidos logrados, se monitorea el nivel de riesgo, así como la forma de entrega del servicio educativo. Una vez reabierto el centro educativo, se considera un lapso de dos a cuatro semanas como el período correspondiente a la fase de transición, pero el período debe responder a la realidad de cada centro educativo.

Fase de estabilización. Se fortalecen todos los protocolos y procesos instalados en bioseguridad, atención psicosocial y enseñanza-aprendizaje, enfatizando la flexibilización del currículo y la atención a los grupos más vulnerables. Se continúa el monitoreo del nivel de riesgo y se valoran las opciones de promoción escolar e inicio del nuevo año escolar, inicia cuando acaba la de transición y comprende un período de tiempo de varias semanas o meses según las particularidades de cada centro educativo y localidad.

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