Científica Mary Vallecillo resalta papel de la cadena de frío en proceso de vacunación contra el COVID-19

Mary Vallecillo, científica hondureña radicada en Estados Unidos.

La científica hondureña radicada en los Estados Unidos, Mary Lorena Vallecillo Zúniga, resaltó este martes la importancia de una temperatura estable para el traslado y mantenimiento de las vacunas contra el COVID-19.

De acuerdo con lo expresado por la experta durante una entrevista en el programa Hola Honduras que transmite el canal VTV, los fármacos desarrollados bajo la tecnología ARN, entre ellos el de Pfizer, necesitan temperaturas de hasta -80 grados Celsius.

En ese sentido resaltó se debe mantener controlada la cadena de frío, pues si esta se interrumpe, la vacuna se vuelve ineficiente. En ese sentido felicitó a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) por poner a disposición de la Secretaría de Salud (Sesal) su capacidad instalada para el almacenamiento y distribución del primer lote donado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) a través del mecanismo COVAX, para inmunizar en primera instancia al personal de primera línea a partir del mes de febrero.

“El ARN es muy sensible, entonces no se puede tener a temperatura ambiente. Si se degrada la vacuna ya no es efectiva, por eso se necesita conservarla a temperaturas muy controladas para mantener ese ARN estable”, indicó.

“Tiene que estar en óptimas condiciones para que ingrese al organismo y desencadene la respuesta inmunitaria que se necesita para contrarrestar el virus en caso de que estemos expuestos nuevamente. Cuando las temperaturas aumentan hay enzimas que pueden activarse y al activarse hacen lo contrario, inactivan y destruyen el ARN y la vacuna se vuelve ineficiente”, añadió.

Respecto a lo anterior, durante su intervención en el referido espacio televisivo, la entrevistada felicitó a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), institución donde se formó como licenciada en Química y también se desempeñó como instructora de laboratorio en el campus del Valle de Sula (UNAH-VS), por poner a disposición de la Secretaría de Salud (Sesal) su capacidad instalada: un super frízer de -86 grados.

El referido refrigerador con capacidad para almacenar hasta 90,000 dosis fue donado recientemente a la Alma Máter por Antonio Delgado Escueta, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), y el doctor Marco Tulio Medina, exdecano de la Facultad de Ciencias Médicas. Debido a que requiere de un sistema eléctrico estable, de vigilancia y supervisión constante por expertos en ingeniería eléctrica e ingeniería biomédica, así como del apoyo de expertos para la determinación de una temperatura que garantice que las muestras estén siendo almacenadas de forma segura, se encuentra ubicado en el Edificio de Ciencias de la Salud, en Ciudad Universitaria, el cual cuenta con el sistema eléctrico más seguro del país para equipos biomédicos.

Tecnología novedosa

A la fecha existen unas cinco vacunas contra la COVID-19, el uso de tres de ellas, Pfizer, Moderna y Astrazeneca, ha sido autorizado de emergencia debido a la pandemia por los entes de regulación correspondientes, tras presentar un nivel de efectividad superior al 70%.

En cuanto a los mitos sobre dichos antivirales, la entrevistada, quien ya recibió la primera dosis, señaló que están basados principalmente en la desinformación, generando dudas y temor en la población sobre la efectividad y los efectos secundarios, sobre todo debido al tiempo récord en que se desarrollaron.

Al respecto explicó que las técnicas utilizadas en el proceso no son nuevas, sino que llevan muchos años de estudio y que cuando una vacuna pasa la primera fase de ensayo y se mueve a la segunda significa que es segura, pese a las mínimas reacciones adversas, como con cualquier otra.

Respecto al desarrollo de las vacunas con la nueva tecnología: la de Pfizer y la de Moderna, Vallecillo explicó que lo que se hace es aislar un filamento muy pequeño de ARN, que es uno de los ácidos nucleicos que contiene información genética del virus, y se encapsula o envuelve en una capa de lípidos para protegerlo.

Según expuso, a diferencia de las vacunas tradicionales como la de Astrazeneca, la china y la rusa que lo que hacen es modificar la información genética del virus y evitar que cuando ingrese al organismo se pueda replicar, las vacunas de Pfizer y Moderna utilizan una de las proteínas del virus y le indican al organismo que la replique para desencadenar respuesta inmune.

“Esa es una de las ventajas en el campo de la biología molecular, que va a revolucionar no solo para COVID-19, sino para controlar muchas enfermedades. En mi caso personal estoy pensando en cómo utilizar este tipo de tecnología para desarrollar una de las vacunas que ha costado mucho desarrollar en todo este tiempo como es la vacuna contra el dengue que es una de las enfermedades endémicas en los países tropicales y que cada año también mata millones de personas”, resaltó.

“Esta nueva tecnología nos va a ayudar a comprender mejor y para utilizarla para desarrollar nuevos tipos de vacuna, incluso ahora tiene en ensayos clínicos más de 50 vacunas contra diversos tipos de cáncer; ese también sería un gran aporte a la humanidad”, continuó.

La hija de Olanchito, Yoro, advirtió que para la inmunización global contra la COVID-19, enfermedad que en Honduras ya supera los 128,000 contagios, habrá que esperar al menos dos años, mientras tanto se deben mantener las medidas de bioseguridad necesarias para evitar el contagio.

Su trayectoria

Como parte de su trayectoria profesional, tras graduarse de la UNAH (UNAH-VS) y de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), donde estudió Ciencias Naturales, Mary Vallecillo cursó una maestría en educación superior en la Universidad Óscar Lucero Moya, en Cuba; asimismo hizo algunas pasantías de bioquímica en la Universidad de Costa Rica (UCR).

Posteriormente, en el 2012, decidió viajar a los Estados Unidos, donde desde años atrás residía su esposo, y se entrevistó con el Premio Nobel de Medicina de 2007, Mario R. Capecchi, quien la recibió en la Universidad de Utah y la motivó a continuar estudiando el Doctorado en Bioquímica, a partir del 2014.

Desde el 2017 se desempeña como investigadora científica asistente en el Laboratorio de Distrofia Muscular del Departamento de Química y Bioquímica de la Brigham Young University (BUY) de Utah, desde donde ha contribuido en el desarrollo de una terapia de proteínas para el tratamiento de la distrofia muscular del tipo 2B, conocida mundialmente como “Limb Girdle Muscular Dystrophy 2B”.

Por sus importantes aportes en la materia, en el 2019 obtuvo el galardón Roland K. Robbins que se otorga a estudiosos que con su creatividad trabajen síntesis de nuevos y prometedores medicamentos en avances de la ciencia.

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