Comayagüela: entre la estigmatización y el olvido

Fotografía: CAC/UNAH.

En el marco del Festival Universitario de las Culturas “Reinventándonos para generar esperanza y alegría” se desarrolló este martes 11 de agosto el foro "Pueblos originarios de Comayagüela y memoria histórica", a cargo de los historiadores Valeria Cálix, Jorge Amaya y Luis Lozano.

Durante su participación en el referido espacio de difusión organizado por diferentes unidades de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), se señaló que Comayagüela por muchos siglos mantuvo su identidad popular, una identidad sobre todo indígena, pero en los últimos 70 años ha tratado de ser despojada de esta e invisibilizada.

Según indicó, aunque eran pueblos vecinos con Tegucigalpa desde la época prehispánica, la época colonial implantó una diferenciación económica y sociocultural entre ambos poblados. Mientras Tegucigalpa se convirtió en sede de la autoridad y de la sociedad criolla local, Comayagüela quedó relegada bajo el estigma del racismo y marginamiento clasista, a pesar de que después de la época de la independencia fue poblándose con varias familias criollas y la Calle Real o segunda avenida vio nacer a grandes e impresionantes personajes del arte y la cultura nacional como Rafael Heliodo Valle, Rómulo Durón, Luis Andrés Zúñiga, Juan Ramón Molina y Óscar Acosta, entre otros.

“A pesar de esa transformación social acaecida en su época dorada, se continuó reproduciendo el imaginario de que Comayagüela era la parte oscura, marginal y peligrosa; un espacio estigmatizado de la geografía tegucigalpense, lunar del que no ha podido despejarse hasta la actualidad por ser territorio residencial de los excluidos como los obreros, mendigos, bandoleros y prostitutas, especialmente alrededor del famoso barrio Belén”, lamentó el profesor universitario.

El expositor, conocido por sus libros sobre los árabes, palestinos, judíos y chinos en Honduras, recordó que Comayagüela ha tenido tres importantes etapas históricas donde definió su identidad cultural, su identidad popular y sobre todo su identidad indígena. La primera fue de 1578 hasta 1820, donde era conocida como el pueblo de indios de la Villa de Tegucigalpa; un año antes de la independencia entró a su segunda etapa que duró hasta 1938 y donde logró su autonomía y se logró formar como un ayuntamiento o municipio independiente y autónomo.

La tercera etapa histórica va desde 1938 hasta el presente e incluye su adhesión a Tegucigalpa para conformar el Distrito Central y según lo expuesto por Amaya, es donde su identidad popular e indígena se ha tratado de invisibilizar.

Patrimonio cultural

En cuanto a la memoria histórica de los pueblos originarios, la historiadora Valeria Cálix recordó que Comayagüela siempre se ha caracterizado por ser un municipio en el que se combinan elementos socioculturales que se han ido construyendo y reconstruyendo, permitiendo una reinterpretación de los mismos y consolidando una identidad local en estrecha relación con las particularidades sociales, económicas y culturales propias en cada momento histórico, con un conjunto de bienes y prácticas que lo identifican, debido a que tienen un significado para sus habitantes.

Por dicha razón, Cálix fue del parecer que este tipo de espacios de difusión bajo principios de inclusión y respeto a la diversidad cultural resultan sumamente importantes, pues permiten que la sociedad adquiera un sentido de apropiación a través del fortalecimiento de la memoria histórica colectiva y que se involucre en la revalorización del patrimonio cultural.

“El centro histórico de Comayagüela es un sitio que forma parte de la identidad nacional, lo cual lo convierte en un lugar de la memoria, dado que sus habitantes comparten segmentos identitarios con los que se han establecido relaciones simbólicas, pero que han ido siendo olvidadas y perdiendo su valor histórico, convirtiéndose en un lugar hasta cierto punto abandonado, a pesar de los esfuerzos realizados en los últimos años para impulsar una mejora y un apropiamiento de este”, expuso.

“Es en este centro histórico donde se identifica el patrimonio cultural de Honduras, dado su fuerte legado social e histórico, su belleza arquitectónica y testimonio, al haber sido escenario de diversos acontecimientos que han permitido acumular elementos históricos del país, por ende, constituye no solo un recurso económico, sino fundamentalmente un recurso de reivindicación e identificación, convirtiéndolo en un lugar con vida propia”, añadió.

Por su parte, Luis Lozano enfocó su intervención en el abordaje de las expresiones musicales en torno a las celebraciones cívicas y religiosas de Comayagüela, su financiamiento y la injerencia del Estado, así como la institucionalización de la enseñanza para la creación de una nueva cultura musical a través de las bandas de guerra y la música militar difundida por los distintos ejércitos del país, haciendo que las antiguas tradiciones poco a poco fueran desapareciendo.

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