Combinación de vacunas es científicamente factible, pero segunda dosis debe ser con una de mayor efectividad: María Elena Botazzi

María Elena Botazzi, científica graduada de la UNAH.

La codirectora del Centro de desarrollo de vacunas del Texas Children´s Hospital, en el Baylor College of Medicine de Houston, Texas, María Elena Botazzi, señaló que en caso de recurrir a la combinación de vacunas contra la COVID-19 para completar el esquema, la segunda dosis deberá ser de un porcentaje de eficacia mayor con respecto a la primera.

Así lo dio a conocer este viernes durante el webinario “Recientes avances sobre las vacunas COVID-19”, organizado por la Facultad de Química y farmacia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), donde varios de los participantes, que fueron inoculados con Sputnik V, plantearon su preocupación ante la escasez del segundo componente de esta.

“Lo que se sabe ahorita mediante un par de estudios, entre ellos el CombivacS que se hizo en España, es que aparentemente sí es factible y es probable que vayamos a ver autorizaciones. Lo que sí se ve es que recibir una vacuna de un porcentaje de protección un poco más variable como por ejemplo AstraZeneca es preferible seguirla con una vacuna como la de Pfizer, que tiene protecciones más altas; a la inversa no está dando el mismo potenciamiento, pero tampoco hay indicaciones concernientes”, dijo.

En cuanto a los efectos secundarios observados en los países que han realizado este procedimiento, señaló que ninguno ha sido de gravedad, sino los comunes como fiebre o dolor en el área de la inyección, al igual que aquellas personas que recibieron las dos dosis de un mismo fármaco.

“Científicamente es 100% factible, así que es probable que veamos estrategias autorizadas donde se puedan hacer estas mezclas”, acotó.

Nuevas variantes

Ante las nuevas variantes, las vacunas que han sido aprobadas para su uso de emergencia y las que continúan en desarrollo, Botazzi resaltó que independientemente de la tecnología utilizada o el laboratorio, cada formulación ofrece protección cruzada y una respuesta inmune robusta.

“Independientemente de la plataforma utilizada o de quién desarrolla las vacunas, el propósito de estas es el mismo: desarrollar inmunidad contra la proteína Spike, presente en la superficie del virus que causa la COVID-19 y que constituye el talón de Aquiles de los nuevos desarrollos”, expuso.

“Aunque es complejo, uno tiene que asegurarse de que cuando produce una vacuna y nuestro cuerpo está expuesto a ese candidato que está dentro de la formulación, tenga una estructura lo más cercana posible al virus natural y qué tipo de cambios postralacionales podría haber. Es necesario tenerlo en cuenta para que a medida que el virus natural cambia (variantes), las vacunas tengan la capacidad de proteger de manera cruzada y provocar una respuesta inmune robusta”, añadió.

Al respecto, también señaló que considerando los datos sobre su efectividad, los refuerzos no serían necesarios para la población en general, sino solo para ciertos grupos. Lo que sí urge, manifestó, es acelerar el proceso de vacunación inicial de dos dosis, incrementar el apoyo de las redes de fabricantes y la evaluación de calidad, implementar sistemas robustos de farmacovigilancia y abordar las agresivas actividades antivacunas, entre otras recomendaciones.

Tipos de vacunas

Durante su intervención en el referido evento virtual, la vacunóloga con más de dos décadas de experiencia en el desarrollo de modelos innovadores, explicó el desarrollo en tiempo récord fue posible gracias al estudio de los coronavirus en general y los avances científicos logrados en la última década en torno a la proteína Spike como dominio de acoplo al receptor, lo cual ha permitido que a la fecha se haya autorizado el uso de emergencia de 32 vacunas, entre ellas la de Pfizer-BioNtech, Moderna, Gamaleya, Oxford-AstraZeneka, Johnson y Johnson, Sinovac y Sinopharm, y nueve más estén por sumarse a la lista, incluyendo las cubanas Abdala y la Soberana 2, así como otras 50 que se encuentran en fase 1, y 37 en fase 2 de experimentación.

Respecto al riesgo-beneficio de la vacunación, la científica de nacionalidad hondureña detalló que, aunque el porcentaje de eficacia varía de una a otra, la característica que sí tienen en común es que independientemente de su tipo reducen los síntomas de la infección de severa a moderada o leve, e incluso asintomática, previniendo las hospitalizaciones e ingresos a las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), así como las muertes, e interrumpen la transmisión, permitiendo avanzar cada vez más hacia la inmunidad de rebaño necesaria y con ello la extinción de la pandemia.

Según explicó, la eficacia es la protección de la vacuna medida en los ensayos clínicos, bajo condiciones óptimas de almacenamiento y distribución y participantes generalmente sanos; la efectividad, mientras tanto, es la protección determinada en estudios de observación durante su aplicación en condiciones reales, incluyendo personas con afecciones médicas y otros retos de logística.

La expositora explicó que si bien es cierto muchas de las personas que se han contagiado han desarrollado buena respuesta inmunológica natural, otras no, y todavía se desconoce el número de anticuerpos necesarios para la protección, por lo que independientemente del caso, es necesario que toda la población establecida se vacune, sin embargo, aún hay inequidad en el acceso y problemas de producción, lo que ha provocado que países como Honduras aún no hayan inmunizado ni al 1% de su población, pese a contar con uno de los mejores programas ampliados de inmunización pediátrica de Latinoamérica.

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