Comunicar en crisis: pensar la salud en tiempos de COVID-19

Abordar situaciones relativas a la actual crisis sanitaria hace surgir desde el campo de la comunicación en salud y riesgo una serie de cuestiones que tienen que ver con la salud pública y el tratamiento informativo que precisan.

Primero, es imposible negar que existe un interés en tornar “noticioso” un hecho relacionado con la enfermedad o la muerte de las personas, en contraste con que la salud y bienestar sean noticia.     

Decimos salud y no enfermedad, puesto que existe una lógica de fondo en enfocarse en la enfermedad y la muerte, y no en la vida y la salud, ya que estás ultimas no son consideradas como potenciales noticiosos que vendan en el mercado.

En función de la premisa anterior, es importante reconocer un desafío fundamental al momento de que desarrollemos un abordaje periodístico en medio de una crisis sanitaria, y es que no siempre lo importante desde el campo científico (salud pública) es importante para los medios de comunicación.   

Lograr que la prensa comprenda que las situaciones relacionadas con la salud y enfermedad de las personas demandan un trabajo consignado en sus causas, sus determinantes: sociales y estructurales y los modos de producción en los que nacen, crecen y mueren las personas en base a evidencia científica; es el gran desafío para la salud pública y epidemiología de nuestros países.

Cuando se comunica en medio de una pandemia se debe tener en cuenta que cualquier información en salud compite en un mundo de abundancia informativa, en el que la noticiabilidad de una enfermedad se condiciona a propósito de una mirada positivista de la ciencia epidemiológica: número de casos infectados, fallecidos, así como costos de tratamiento y prestación de servicios.

Pensar la salud en tiempos de COVID-19 exige que desde la labor periodística podamos informar con rigor y sin causar pánico, reconocer que debemos superar el abordaje factual y procurar brindar información que animé comportamientos responsables en la sociedad.  

Existen, entonces, hechos que pueden ser o no noticia, y pueden ser visibilizados a través de diferentes soportes (periódico, videos, audios, redes sociales etc.), y es natural -como destaca Silvio Wasibord- que se considere importante todo lo que se relacione con peligro y miedo.

Por eso tenemos un abordaje periodístico precario de temas como prácticas preventivas, medidas de control y contingencia, impacto positivo, prácticas integrales y otras que en lo mediato pueden lograr influir para que las personas asuman decisiones y comportamientos beneficiosos para su bienestar.

De ninguna manera pretendo insinuar que en el trabajo periodístico no deba primar una atención a lo “urgente”, sin embargo, existen ciclos mediático-epidémicos que conforman la dinámica de temas en la agenda informativa.

La ausencia, presencia limitada y duración prolongada son los puntos que rigen la cobertura mediática desde el ciclo mediático epidémico.     

Las experiencias de enfermedades como el dengue, la gripe AH1N1, el SARS y actualmente el COVID-19 como ciclos “mediático-epidémicos”, denotan la profundización de la lógica amarillista y de mercado por un lado y por el otro ofrecer contenidos que brinden información sobre cuestiones relacionadas a la prevención de enfermedades y la promoción de la salud integral. 

En el caso de Honduras no podemos obviar que estriba entre un sistema acumulativo y de exclusión, y esos modos de producción determinan el cómo entendemos la salud y se le refleja a través de los medios de comunicación. 

Cuando se comunica en crisis es fundamental tener como horizonte que lo urgente no debe hacer perder de vista lo importante, existen otras enfermedades, en el caso de Honduras latentes, que aunque no generan una mayor atención mediática, sí continúan afectando a la población -sobre todo vulnerable- enfermándola y peor aún, muriendo.  

Al fin y al cabo, el trabajo periodístico (incluso en tiempos de pandemia) debe estar atravesado por un profundo compromiso ético en el que la empatía prime entre lo que escuchamos, observamos e interpretamos y posteriormente reflejamos en nuestro discurso periodístico.  

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