Conozca a Francisco Antonio Márquez, el prócer olvidado

A diferencia de José Trinidad Reyes, José Trinidad Cabañas o José Cecilio del Valle, el nombre de Francisco Antonio Márquez no figura en los libros de historia ni su retrato adorna los salones de los centros educativos e instituciones estatales, pese a su cercanía con Francisco Morazán y Dionisio de Herrera y su protagonismo en la independencia de Honduras y las demás provincias de Centroamérica.

En el marco del Bicentenario de dicho acontecimiento histórico, en Presencia Universitaria dedicamos un espacio a este prócer olvidado, cuyos restos mortales descansan en el cementerio municipal de Güinope, El Paraíso, bajo la sombra de un árbol de naranja, fruta que él mismo llevó por primera vez al municipio y en honor a la cual cada año se celebra un festival.

Según los pocos registros existentes, entre ellos la biografía escrita por Rómulo E. Durón, en ocasión de los Juegos Florales de 1915, el padre Márquez, cuyo nombre de pila fue Francisco Antonio de Santa Olaya, nació el 12 de febrero de 1786 y a partir del año fue criado por doña María Francisca Márquez, hermana de don José Manuel Márquez. a quien bajo la oscuridad de la noche le fue entregado por un hombre desconocido. Doña María le dio su apellido y se encargó de su educación.

En marzo de 1804 recibió el grado de bachiller en Filosofía y mientras se dedicaba al sacerdocio continuó estudiando Derecho Civil, carrera de la que se graduó en 1808. La muerte de  su protectora lo obligó a regresar a Honduras, en donde fue el primero en dar libertad a los esclavos que por herencia le pertenecían.

En 1809 se desempeñó como vicerrector del Seminario de San Agustín, en Comayagua; posteriormente impartió la cátedra de Latinidad y después fue nombrado secretario de cabildo, sin embargo, debido a sus deseos de culminar su carrera eclesiástica, en junio de 1810 se trasladó a Tegucigalpa en donde fue recibido y ordenado por el obispo Fray Nicolás García Xerez y en julio recibió el cargo de capellán de la misa de once en la Parroquia de la Villa de Tegucigalpa. El 12 de noviembre de 1813 fue nombrado Teniente de Cura de Yuscarán, donde solicitó reconocer como ciudadanos a los mulatos y en consecuencia su voto activo y pasivo en las elecciones del Ayuntamiento.

Proclamación de independencia

Aunque no consta que haya tomado parte en las agitaciones que dieron por resultado la Proclamación de la Independencia, su pensamiento y sus acciones disipan cualquier duda, sobre todo tomando en cuenta su amistad con Dionisio de Herrera, quien como secretario del Ayuntamiento de Tegucigalpa redactó y firmó el acta del 28 de septiembre de 1821 que respondía a la redactada por el sabio Valle el 7 del mismo mes, en el hasta entonces Palacio de los Capitanes Generales de Guatemala.

Debido a que en lugar de cumplirse lo acordado en el acta del 15 de septiembre de 1821 respecto a la organización nacional, por acta del 5 de enero de 1822 se anexó Centroamérica al imperio mexicano, las provincias eligieron diputados al congreso constituyente que se inauguró en México el 24 de febrero. Las elecciones se realizaron en Honduras el 10 de marzo y uno de los diputados que eligió Tegucigalpa fue el presbítero Márquez, al igual Valle, quien el 26 de agosto fue reducido a prisión en México, y retornado a Tegucigalpa junto a Herrera.

En marzo de 1823 el gobernante de las Provincias de Centroamérica, Filísola, expidió un decreto en el que convocaba a Guatemala a los representantes con arreglo del acta original. Producto de dicha solicitud, Márquez, residente para entonces en Texíguat, fue electo diputado el 22 de mayo y en octubre llegó a Guatemala a ratificar el acta del 1 de julio de 1823, donde redactó con los diputados José Barrundia, Juan Francisco de Sosa, Juan Esteban Milla, Isidro Menéndez, José Matías Delgado, Francisco Quiñónez, Miguel Antonio Pineda, Pedro Molina y Toribio Argüello, el Proyecto de Bases Constitucionales para las Provincias Unidas de Centroamérica, en el cual se forma el gobierno popular, representativo y federal y fue firmado el 24 de octubre.

Contrario a lo que para entonces se había pensado, el 15 de noviembre Márquez escribió a Tegucigalpa que no era posible formar un Estado y que por ello había convenido con los diputados por Comayagua, constituir en la Federación un Estado de las dos provincias de Honduras y la legislatura se reuniría alternativamente en cada una. Dicho plan fue aceptado y Márquez también fue parte de la comisión redactora del Proyecto de Constitución, presentado el 23 de mayo de 1824 y firmado el 22 de noviembre.

Conforme al decreto de la Asamblea del 5 de mayo de 1824, Honduras eligió diputados para el Congreso Constituyente del Estado y procedió a la elección del jefe de este, jurando la Constitución Política el 22 de noviembre e iniciando labores el 20 de febrero de 1825, un mes después de que Márquez regresara de Guatemala de cerrar sesiones en la Asamblea Constituyente de Centroamérica.

En 1826 nuevamente fue electo senador de la República por Nicaragua y Honduras y en 1829 ocupó la presidencia de la Asamblea Ordinaria, dictando leyes como la que mandaba que mientras continuara la guerra civil y se restablecieran las autoridades federales, todas las rentas que produjera el Estado pertenecían al mismo, la fundación de una población entre Comayagua y Tegucigalpa, acordando donaciones de tierras y otras ventajas a los pobladores; derogación del privilegio de los clérigos por derecho canónico y civil, facultad a los alcaldes para celebrar matrimonios civiles y otras relativas a la instrucción pública y el cobro de diezmos.

Asimismo, en 1830, mientras ejercía también como provisor y gobernador de la Diócesis de Comayagua, producto de su interés amoroso por Carmen Lozano, con quien quería unir eternamente su suerte, dictó un decreto que declaraba que los eclesiásticos podían contraer matrimonio libremente al igual que cualquier otro ciudadano, sin embargo, este fue rechazado por los clérigos diputados y dictaminado como absurdo en todo sentido.

Desesperado y con una infinita tristeza, se retiró al pintoresco pueblo de Güinope, donde solo la muerte pudo dar término a la cruel memoria de sus desgraciados amores, incluida la muerte de su hermano, el coronel José Antonio Márquez, durante la Batalla de Jaitique.

En su memoria se instaló un busto en el parque central de dicho municipio y el recorrido de la Antorcha de la Libertad, que tiene lugar cada 14 de septiembre desde Yuscarán, lleva su nombre.

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