Crisis sanitaria dejaría unos 700 mil nuevos pobres en Honduras

Foto:Delmer Membreño

La pandemia por COVID-19 continúa golpeando la economía mundial, con afectación directa a países como Honduras cuyos principales canales de transmisión económica siguen cerrados. Negocios en bancarrota, despidos masivos y familias completas pidiendo en los bulevares son solo algunos de los indicadores de la crisis que inició a principios del año y que podría extenderse por muchos meses más.

A criterio del economista Henry Rodríguez, aunque el impacto ya es evidente, su afectación se vería también reflejada en las remesas, que en la actualidad representan casi el 20% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.

“Hasta el momento no hemos visto ese embate en nuestro país, pero es casi seguro que las remesas van a empezar a disminuir y eso pone en precario nuestras reservas internacionales, más que necesitamos para hacerle frente a las compras de combustible y materia prima”, dijo.

El jefe del Departamento de Economía, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), explicó que el país se encuentra en doble shock, uno externo, ante el cual no se puede hacer nada, y uno interno debido a la semiparalización de la economía nacional.

“Se ha logrado iniciar una apertura inteligente que aparentemente no está dando los resultados que esperábamos, porque a medida que la gente se va incorporando a sus actividades o salen al comercio se están incrementando los niveles de contagio del virus”, manifestó al respecto.

Retroceso económico

Producto de la actual crisis generada por la pandemia de COVID-19, en el mes de mayo Honduras redujo en un 20 por ciento sus impuestos y para junio el Gobierno anunció la necesidad de recurrir a préstamos del extranjero para hacer efectivo el pago de salarios a los empleados públicos.

“Es preocupante que ya no estemos generando los ingresos ni siquiera para cubrir las necesidades fundamentales. Hay que recomponer la economía, hay que apoyar la empresa privada, sobre todo a la gran empresa, que además de generar empleo es la que genera los impuestos, y al sector informal que representa casi dos millones de personas y depende de los ingresos diarios”, expresó Rodríguez.

Ante este panorama, el académico advirtió de la urgencia de elaborar un plan para el manejo adecuado y eficiente durante la crisis , uno que involucre tanto al Gobierno como a los empresarios y a la sociedad civil.

“Estamos ante una situación alarmante y es probable que aún no hayamos visto plenamente la crisis, pero este es el momento de recapacitar y hacer un plan” que favorezca un equilibrio para poder aperturar los mercados mayoristas y minoristas sin que se eleve el número de casos de COVID-19 ni se contraiga más la economía, mencionó, ante la disyuntiva de frenar el deterioro de esta última y salvar vidas.

“De algo sí estamos convencidos, necesitamos retornar de manera segura, pausada y muy organizada a la actividad económica, porque si esa actividad económica no vuelve a la normalidad, se puede ahondar en la crisis”, señaló.

“Ahí es donde debemos trabajar fuerte y hacer un plan que tiene que pasar por concientizar a la ciudadanía sobre el uso eficiente de las medidas de bioseguridad. Si no logramos hacerle ver a la gente que tiene que hacerse responsable de su propia salud, difícilmente vamos a recuperar la economía en un plazo cercano”, puntualizó.

Según proyecciones, para este año el PIB nacional podría llegar a -7%, un porcentaje negativo superior al ocurrido en la década de los 90 con los apagones, el huracán Mitch o la crisis política de 2009; dicho retroceso dejaría unos 700 mil nuevos pobres en el país.

“Por  cada punto porcentual negativo en el crecimiento económico, la cantidad de pobres en Honduras incrementara en unos 100 mil, es decir que si ahora el 61.9% de la población hondureña es pobre, para finales de año se puede superar el 70%”, expuso Rodríguez.

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