EL FRACASO EN LA LITERATURA

El fracaso siempre trata de evitarse, pero quizá no sea tan malo verlo frente a frente, con las rodillas raspadas, el pecho a tierra y mordiendo el polvo... siempre que la esperanza se mantenga viva. Bien lo decía un escritor, en una cita parafraseada, que quizá haya que invertir ese pensamiento tan conocido de que mientras hay vida, hay esperanza, porque se puede tener vida sin aspirar a nada más; en cambio él proponía que se dijera que mientras hay esperanza, hay vida.


El pasado Día del Idioma Español, el Embajador de España Miguel Albero Suárez, dio una conferencia titulada "El fracaso en la literatura"; un recorrido histórico por el abordaje del fracaso en las letras en tres formas: la primera de ellas, como tema literario; la segunda, la visión del fracaso como aspecto vital y la tercera es la interrupción del discurso en el texto, en la obra y en la vida.

El origen de la conferencia viene del último libro publicado por Albero Suárez en España denominado, "Instrucciones para fracasar mejor", en el que el tema del fracaso se revisa en otras áreas aparte de la literatura, como la filosofía y la economía.
Queda, para los lectores de Presencia Universitaria, un registro escrito de esta conferencia que servirá como referencia de autores y libros por sumar a la lista de lectura; una forma de encontrarse con el fracaso de una manera más literaria, si no se quiere de forma muy personal. En la presentación ya se introdujo la conferencia con el título "El fracaso de la literatura", un error que vino a bien en una introducción idónea para el tema. Compartimos la conferencia del Embajador de España:

Buenas tardes. En primer lugar quería agradecer a la Universidad por invitarme a dar esta conferencia. Ustedes se preguntarán qué hace el embajador de España hablando de literatura, pues bueno, además de diplomático soy escritor - nadie es perfecto - y por eso me invitaron para que diera esta conferencia.
El primer énfasis es que no es el fracaso "de" la literatura, sino el fracaso "en" la literatura; porque estaría mal, en el día que celebramos el fallecimiento de Miguel de Cervantes, hablar del fracaso de la literatura cuando él es la cumbre de la literatura en –el idioma-español. Y, sin embargo, sí que tiene que ver mucho con el fracaso en la literatura, porque la novela El Quijote inaugura, nada más y nada menos, que un género que es la novela y que está marcado precisamente por el fracaso. La novela es un género que tiene como elemento fundamental el fracaso.
Antes de la novela, antes del Quijote, lo que había era la épica y los libros de caballería. Los libros de caballería forman parte de la épica y en la épica no existía el fracaso. Sin embargo, ahora nos cuesta mucho entender que hayan novelas donde no haya un personaje que fracase. Entendemos que eso es la parte de la ficción que queda para los videojuegos, pero no para la novela.

Es muy difícil que nos creamos una novela en la que nos están contando la vida de un triunfante. Pero antes de hablar del fracaso en la literatura tendremos que empezar por ver qué entendemos por fracaso... qué es el fracaso.
He publicado un libro recientemente en España que se llama "Instrucciones para fracasar mejor", que es un libro que pretende dar, efectivamente, instrucciones para fracasar mejor y parte de la tesis de que el fracaso es un elemento ineludible e inevitable y lo que tenemos que hacer es prepararnos para fracasar mejor, siguiendo el mandato de un poema de Beckett que dice: "Fracasa. Prueba. Prueba otra vez. Fracasa, fracasa mejor". En ese libro empiezo precisamente por eso y el libro surgió precisamente de esa curiosidad de cuál es la etimología del fracaso. Ya que está María, que es la que me invitó y que es lexicógrafa, les animo a hacer algo que practico mucho que es leer El Corominas, sin duda el mayor diccionario etimológico en español, que tiene entradas clásicas y que es literatura en sí mismo, sólo hace falta leerlo. Pues, bien, cuando uno va a El Corominas, la voz fracaso dice así: "Frustrarse, tener resultado adverso. Antes de 1625: destrozar, hacer trizas y naufragar. Tomado del italiano fracassare: quebrar; curiosamente derivado del anticuado cassare: romper. Tomado seguramente del francés casser, y a su vez del latín quassare: quebrantar". Aquí, en esta edición de El Corominas vemos tres elementos que, para mí, son fundamentales del fracaso, que son elementos muy literarios y muy hermosos de la palabra fracaso.
El primero- de ellos- es que fracasar era un verbo transitivo. El momento en el que la palabra fracasar pasa a ser un verbo intransitivo y a convertirse en un sustantivo es un bautismo fantástico, que es la derrota de la Armada Invencible en 1588. Antes se fracasaban naves, como en un párrafo de el Quijote que dice así: "ansí que, me es a mí más fácil imitarle en esto que no en hender gigantes, descabezar serpientes, matar endriagos, desbaratar ejércitos, fracasar armadas".

Ya no decimos ni utilizamos el verbo fracasar como un verbo transitivo, ya fracasamos nosotros, ya no es algo que fracasa. Y el segundo elemento que tiene también que ver con este bautismo genial, que es el de 1588, es la vinculación del concepto fracaso con el concepto de naufragio.

En el diccionario nos define fracasar ya vinculándolo al naufragio: "Dícese regularmente de los navíos o embarcaciones que cuando impedidos por una borrasca tropiezan con un escollo donde se hacen pedazos". Bien, y aquí llega el tercer elemento fantástico que es el de hacerse trizas.

El fracaso implica hacerse trizas, es cuando los barcos de madera chocaban contra las rocas y por tanto, se hacían trizas. ¿Qué quiere decir? Que el fracaso implica que no hay recuperación, no existe la recuperación. Eso nos permite deslindar fracaso de otros términos, por ejemplo de derrota... es muy fácil. La derrota es simplemente perder y perder, por ejemplo, en un partido de fútbol por un gol del contrario no es más que perder por un gol de nosotros.

Perder, como decía un escritor colombiano en un título fantástico que se llama "Perder es cuestión de método", perder es simplemente que el otro te vence, pero no es necesariamente fracasar. También lo deslinda del concepto crisis. La crisis necesariamente tiene una solución, el fracaso no tiene una solución y así mismo, también, del concepto desengaño, porque el desengaño es una consecuencia del fracaso y no el fracaso en sí mismo. El desengaño es la pérdida de las soluciones que alguien tenía para algo, entonces si uno fracasa, uno está desengañado.
Es verdad que en inglés se utiliza la palabra loser, con la misma acepción que nosotros usaríamos fracasado, en el sentido de que el loser muchas veces es alguien, no que fracasa o que sus actos le llevan a fracasar, sino que ya está concebido para el fracaso. Todo aquello que va a hacer está destinado inevitablemente al fracaso y eso es el loser.

Tampoco hay que confundir fracaso con la palabra inútil. Hay, a veces, inutilidades que son creativas como es el llamado arte por el arte. Hay un pasaje genial de la autobiografía de Nabokov, en la que Nabokov cuenta cómo su madre, cuyo esposo era ruso, blanco y millonario, compra algo a Nabokov porque estaba enfermo. La madre fue a una tienda porque él estaba empeñado en que le gustaba mucho un lapicero de Faber que había en la tienda, pero que era simplemente el reclamo para comprar el lapicero grande que estaba en el escaparate. La madre al final convenció al de la tienda para vendérselo y cuando se lo regaló lo que más le maravilló a Nabokov es que el lapicero estaba hecho exactamente igual que un lapicero de tamaño natural, que no era un lapicero falso, sino que había puesto sus minas, su madera, de manera que esto era un lapicero inútil pero no fracasado, que es como vemos el arte por el arte.

Además, no debemos confundir fracaso con fracazo. Eso es algo que en Latinoamérica puede ser común por la confusión entre la s y la z. Hay una anécdota muy divertida que dice así: "En una Cumbre de Naciones en Venezuela, un Expresidente de México fue elegantemente vestido con un frac que se le confeccionó en el mismo país. Entonces, la cuestión casi terminaba y después de la reunión, en las tertulias, un colega se acercó y le comentó: 'Qué fracaso, Sr. Presidente', refiriéndose a la mala economía en la que tenía a México. El interpelado, creyendo que se refería a su traje, a su frac diciendo fracazo le dijo: 'Sí, es de sastre mexicano', lo que el otro mandatario interpretó como 'sí, es un desastre mexicano'". Esta confusión les puede parecer simplemente graciosa. Si uno introduce la palabra fracazo, la voz fracazo con z en Google, encontrará que ahí aparece 29 mil veces esa voz. Una de ellas es divertida porque era un artículo de prensa que hablaba del fracaso del sistema educativo; tal parece que tanto había fracasado el sistema educativo que quien escribió el artículo no sabía cómo se escribía la palabra fracaso.


Pero, ya una vez definido lo que es fracaso, en el libro suscribo que el fracaso es claramente heredero del Siglo XX. El fracaso surge y empieza a estudiarse, por ejemplo, en la filosofía cuando el hombre deja de estar en mano de dios o de los dioses y cuando surge, por otro lado, el capitalismo como actual modelo económico. El capitalismo, que tiende al éxito como modelo fundamental, es cuando el fracaso empieza a estudiarse. Y en filosofía cuando el hombre se queda solo. Los que estudian el fracaso son los existencialistas franceses, porque el hombre, desde el momento en que está solo, tiene que tener un proyecto y ese proyecto es el que fracasa.

El hombre está destinado a fracasar porque lo que tiene es un proyecto. Aquí se concibe la vida humana como una suerte de navegación. Pero entramos ya en lo que es la literatura para ver en qué elementos tiene que ver el fracaso en la literatura y ahí lo voy a dividir por partes. El primero sería el fracaso como tema literario, el fracaso como un tema de las novelas o de la literatura en general; el segundo caso será el del fracaso como opción vital, el tema de los "escritores malditos", aquellos que optan por el fracaso, pero no dentro del tema literario sino como su opción vital y en tercer lugar el fracaso del discurso, las distintas variedades que hay del fracaso del discurso.

Estos son los tres ejes sobre los que yo entiendo que tiene que ver el fracaso en la literatura.
Primero sería del que hablábamos del Quijote. Como os decía, es el libro que inaugura un género que es la novela y además es el libro en el que el protagonista fracasado hace que tenga que ser un modelo para todas las novelas posteriores. Lo dice claramente un escritor argentino, cuya lectura os recomiendo, Juan José Saer, ya fallecido, en un artículo que se llama "Nuevas deudas con el Quijote", que dice así: "A diferencia del héroe épico, que espera un progreso como resultado de sus aventuras, y que gana terreno, en muchos planos diferentes, a medida que esas aventuras se producen, don Quijote se encuentra al final de cada una de las suyas en el mismo lugar, defraudado e incluso malherido, física y moralmente y sin embargo, aun habiendo anticipado vagamente su fracaso, decide continuar sus aventuras. Tal es la moral del fracaso que inaugura Don Quijote de La Mancha y que está presente en la casi totalidad de la narrativa occidental moderna". Lo referencia también otra escritora argentina que nos dice: "la novela, género tardío, es una forma de narración que repite incansablemente una anécdota de fondo. La propuesta de un logro realizable y su frustración. Twain, Conrad, Kafka, Arlt, revelan la eterna lucha fracasada por la libertad, la felicidad y el amor".
Pues bien, tenemos en ese caso, uno que sería el protagonista fracasado, el Quijote, pero ejemplos de protagonistas fracasados tenemos muchos. A mí hay uno que me gusta particularmente y que es Ignatius Reilly de "La conjura de los necios", libro de John Kennedy Toole, fantástico, en el que hay un personaje que hoy le llamaríamos "freaky", pero antes era un personaje simplemente desubicado que vive como en un mundo paralelo pero que desgraciadamente también tiene que vivir en este, grafómano, gordo, genial, es un tipo verdaderamente maravilloso y es, como el Quijote, alguien que cualquier aventura que emprende, fracasa. Otro más reciente todavía, también de lengua inglesa, es de Junot Díaz, que se llama "La maravillosa vida breve de Oscar Wao", que también es otro personaje muy parecido al de Ignatius Reilly, y la idea es tener otro protagonista fracasado. También tenemos la posibilidad de que quien fracasa no es una persona, sino una generación y ese es el caso, por ejemplo, de "Los detectives salvajes", claramente es una novela que tiene que ver con eso, con el fracaso de toda una generación. Su autor, Bolaño, que probablemente es el escritor más influyente en castellano de los últimos 25 años, era alguien que escribió mucho sobre el fracaso, tenía una idea muy clara sobre el fracaso y tenía esta misma tesis de que en la vida hay que salir a pelear porque el fracaso lo vas a tener descontado ya, pero tienes que salir a dar la pelea. Y esa es la manera en la que él enfrentaba la literatura. También tenemos el caso del fracaso de una estirpe, no ya de siquiera un personaje, ni siquiera de una generación, sino de una estirpe entera y un ejemplo de fracaso de una estirpe es "Cien años de soledad", que en estos días está muy en boca de todos por la muerte de García Márquez. Todos recordamos ese principio soberbio de "Cien años de soledad": "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. [...] El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo". Bien, aquí lo que se está hablando es de la muerte o del fracaso de toda una generación, y si recuerdan este es el principio pero el final termina de otra manera diciendo: "las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra".
Y por último, dentro de lo que es el fracaso como tema literario me voy a demorar en algo que es una parcela curiosa que es el fracaso por omisión, que es la espera. La espera es un tema fascinante dentro de la literatura y que entra en muchos ámbitos de la literatura, básicamente en la novela pero no sólo, y que tiene que ver con el fracaso. Dentro de la espera distinguiríamos entre lo que es la espera pasiva y la espera activa. La espera activa es en la que uno mientras espera al menos está haciendo algo, ese es el caso por ejemplo de la novela de "El castillo" de Kafka, en la que el agrimensor K quiere entrar en el castillo pero por mucho que lo intenta nunca lo consigue. Esto es un caso claro de espera activa. Otro es el de "Los jubilados", que es un cuento precioso de unos jubilados llegan a la estación de tren para irse a París, pero al final nunca consiguen irse a París. El cuento trata esa imposibilidad de salir.
La espera pasiva es aquella que es más grave que la activa, porque al menos en la activa uno actúa, pero en la pasiva uno simplemente está esperando a que algo suceda y esa espera tiene en la literatura dos ejemplos maravillosos. Uno es "El desierto de los tártaros", que es un libro del italiano Dino Buzzati, en el que el Capitán Drogo es un personaje que llega a una fortaleza militar y espera a unos tártaros que supuestamente van a atacarles y nunca llegan. Y esa espera es la que lo reconcome; precisamente esa sucesión de horas y de días esperando a que lleguen los tártaros y nunca llegan. El segundo ejemplo es un ejemplo latinoamericano, es el de un autor argentino, mendocino, Antonio Di Benedetto, que escribió una novela maravillosa que se llama "Zama", la que es una historia de un funcionario del imperio español que está en una sección del Paraguay esperando a que lo trasladen y nunca lo trasladan. Hay un párrafo precioso que me gustaría leeros que está hablando de lo que hace Zama, que cada vez que llega un barco va al puerto, va a ver el barco esperando que llegue la carta en la que dice que le trasladan, pero el barco nunca trae esa carta y en un momento dado que está en el barco se queda mirando y dice así: "con su pequeña ola y sus remolinos sin salida, iba y venía con precisión un mono muerto, todavía completo y no descompuesto. El agua, ante el bosque, fue siempre una invitación al viaje que él no hizo hasta no ser mono, sino cadáver de mono. El agua quería llevárselo y lo llevaba, pero se le enredó entre los palos del muelle decrépito y ahí estaba él, por irse y no; y ahí estábamos, por irnos y no". Pues bien, esto sería lo que es el fracaso como tema literario. Da para mucho más, porque encontraríamos como decía, que la novela es el género en el que el fracaso es el protagonista fundamental. Borges decía que él añoraba la épica, probablemente por eso Borges jamás escribió una novela, porque lo que no le gustaba era esa continuación de protagonistas fracasados. Y si seguimos la historia de la literatura, en los diferentes puntos de la literatura, podemos ver que la novela se ha quedado como el género que puede variar en cuanto a su forma, puede variar en cuanto al modo de expresión, en cuanto al tono, pero siempre tiene esta condición de tener un protagonista fracasado.
El segundo aspecto que quería contaros respecto al fracaso, es el fracaso como opción literaria. El fracaso como opción literaria es algo que tiene que ver mucho en el tiempo, porque tiene que ver con los llamados "poetas malditos", con toda una generación de poetas que vivían la literatura y en particular la poesía de un modo casi trascendente y que eligen el fracaso como opción vital. Es decir, no es que en la vida fracasen, sino que consideran que para alcanzar otra cosa más importante que es la posteridad, deben situarse al margen. En el libro vinculo este capítulo a Panero; que digamos el último ejemplo español sería Leopoldo María Panero que murió recientemente y que era un poeta loco, un poeta que jugó con la locura, terminó quedando loco en un manicomio y que jugaba esa vida que él mismo llamaba la vida invivible, que hacía esa vida invivible, y que consideraba que esa era la vida que tenía que hacer para ser poeta. La expresión "poetas malditos", una expresión que utiliza en una antología por primera vez Verlaine, que la toma de Baudelaire, que en un poema suyo habla de la maldición de los poetas malditos, pero cuando habla de la maldición, habla de la maldición de la poesía con mayúsculas. Y es que como os digo, estos poetas lo que querían, a lo que aspiraban es a la poesía con mayúscula. Hay un libro fantástico de un escritor español que se llama Rafael Cansinos Asséns, el libro se llama "El divino fracaso" y este libro de lo que habla es del fracaso, precisamente, y de toda esa colección de poetas que entonces había en Madrid, estoy hablando de finales del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX, poetas que vivían en los márgenes, poetas que estaban siempre en tertulias literarias, que no tenían dinero y que consideraban la poesía como una especie de misterio en el sentido religioso, pero que, como digo, vivían en los márgenes.
El tercer elemento que os quería contar es el del fracaso del discurso, cuando es sobre el fracaso en el discurso del escritor. Aquí entramos en el territorio preferido de uno de los escritores españoles más conocidos de los últimos 50 años, que es Enrique Vila Matas, es un escritor barcelonés que ha cultivado lo que llaman la metaliteratura porque sus obras siempre están llenas de referencias literarias. Enrique Vila Matas lo que estudia en muchos de sus libros es el fracaso. De hecho, gracias a uno de sus libros yo di con una cosa muy divertida y es que había habido en Suiza, en la Universidad de Saint-Gallen, un congreso sobre el fracaso. Me parecía que era una invención de Vila Matas, que no era real; sin embargo, existía. Me puso en contacto con una profesora de español que había estado ahí cuando se había dado ese seminario y estaban publicadas las actas del congreso sobre el fracaso de la Universidad de Saint-Gallen y ahí encontré mucho material muy interesante.
El primer elemento del fracaso del discurso sería cuando hablamos de la aposiopesis, que parece una enfermedad rara; sin embargo, es un recurso literario que consiste precisamente en interrumpir el discurso. Este recurso se suele utilizar, para que veáis un ejemplo de lo que es la aposiopesis, una cita de Quevedo en la que dice: "fisgona, ruda, necia, altiva, golosa, puerca y... basta". Esos puntos suspensivos son lo que ejemplificaría la aposiopesis. También se ha utilizado por muchos escritores como un elemento narrativo, estoy pensando en Felisberto Hernández que es un escritor de cuentos uruguayo, que hacía esto, los cuentos parecía que nos llevaban a algún sitio, pero al final nunca terminan por llevarte a ese sitio, siempre se queda como suspendido el enunciado de lo que él te iba a contar. La narración empieza de una manera y luego no termina, entonces el lector se queda siempre con esa sensación de frustración, es decir de fracaso porque el discurso se termina. Esto llevaba más bien a otro límite, que es lo que hace James Joyce con "Finnegans Wake". Al final, cuando termina "Finnegans Wake" en lugar de terminar con "the end", nosotros diríamos fin, pero termina sólo con "the" y no con el "end". La verdad que para ver eso hay que haberse leído entero "Finnegans Wake" y eso requiere gran dosis de energía y de coraje, porque se trata de un libro bastante imposible de leer; por no decir decididamente imposible de leer. Lo que el propio Joyce quería es que que fuese un libro imposible de leer, algunos hubieran preferido que esa aposiopesis apareciera en la primera página y no en la última. Quien lleva hasta las últimas consecuencias la interrupción del discurso es el poeta chileno Vicente Huidobro, que en su poemario Altazor, termina con una disolución completa de la lengua hablando al final con sílabas que no quieren decir nada. De hecho uno de los poemas termina con "Ai a i a a i i i i o ia", así termina Altazor. Pero es una voluntad expresa del poeta en la que la lengua va teniendo un sentido, lo que va diciendo va teniendo un sentido y al final va dejando de tenerlo hasta que simplemente lo que ocurre ahí son sílabas, y finalmente letras, que no tienen ningún sentido. Esta sería la primera manifestación de la enfermedad, cuando el escritor está escribiendo, interrumpe su discurso y deja que su discurso fracase.
La segunda es también del escritor Vila Matas de un libro que publicó y que se llama "Bartebly y compañía", que tiene que ver con este cuento de Melville. Bartleby que siempre dice a cualquier cosa que le dicen, dice: "preferiría no hacerlo porque preferiría no tener que hacerlo".

Con esta anécdota de Bartlebly, lo que hace Vila Matas es recopilar a todos aquellos escritores que por alguna razón dejaron de escribir, que empezaron a escribir y que, por alguna razón, publicaron algo y de repente no escribieron más. El ejemplo más interesante que notar en esto es Juan Rulfo, que como saben sólo escribió dos libros; uno de cuentos, "El llano en llamas", y una novela y no escribió más. Después de "Pedro Páramo" y "El llano en llamas", Juan Rulfo no escribió más. Al punto de que todo el mundo le preguntaba insistentemente qué estaba escribiendo, al parecer no sabemos si se lo inventó, pero dijo que estaba escribiendo un libro que se llamaba "La cordillera", de hecho hay un cuento de un escritor mexicano en el que hay unos chicos que supuestamente acaban terminándole la novela "La cordillera". Otros piensan que simplemente Rulfo quería que le dejaran de preguntar qué estaba escribiendo y por eso se inventó esta novela. Pero no deja de ser fascinante que, sobre todo para los que tenemos cierta tendencia a la verborragia o la grafomanía, el que alguien escriba dos libros magistrales como es el caso de Rulfo con una novela con tensión, que es "Pedro Páramo" y, sin embargo, después no vuelva a escribir más.

Hay dos casos parecidos en esto y que son los que recoge Vila Matas en ese libro, "Bartleby y compañía". Y cuando ya la enfermedad prosigue más en el fracaso del discurso es cuando el escritor desaparece. No ya es que deje de escribir, sino que desparece. A esto le dedica Vila Matas otro libro que se llama "Doctor Pasavento" en el que un personaje luego de un congreso en Sevilla decide desaparecer y sigue los pasos de un escritor suizo que se llama Robert Walser que hizo eso, desaparecer; se autorecluyó en un sanatorio siquiátrico en Suiza y sólo daba paseos y escribía en unos pedazos de papel pequeño con lápiz y en letra minúscula y decidió desaparecer.

Esto es lo que nos cuenta Vila Matas en ese libro, esa aventura de Robert Walser, que también sucede con otros escritores como el argentino Néstor Sánchez, que publicó una primera novela que tuvo mucho predicamento entre la crítica, Cortázar lo abanderó, varios escritores pensaron que podía ser una gran referencia de las letras y ese escritor desapareció. Apareció años después como mendigo en Nueva York, viviendo allí. Al cabo de unos años se recuperó, volvió a Argentina y experimentó esa frustración de volver y que nadie se acordara de él, que había escrito esas dos primeras novelas bastante prometedoras, pero no volvió a escribir más.
Y la última fase de la enfermedad, que es una fase que cuando ya no lo lleva a uno a que deje el discurso interrumpido o a que desaparezca, sino que decide que debe desaparecer del todo y es cuando los escritores se suicidan.

La verdad que es fascinante o preocupante ver la cantidad de escritores que se suicidan, hay una gran antología de cuentistas suicidas, de poetas suicidas y de todo tipo de géneros, suicidas. Michel de Montaigne decía que "no nos morimos por estar vivos, sino por estar enfermos"... Perdón, "no nos morimos por estar enfermos, sino por estar vivos". Y en este caso, con los suicidas, pues pasa lo mismo. Algunos de los que parecen los más vitalistas o los más tendentes al suicidio a veces no se suicidan y otros, los que parecen que nunca lo van hacer, se suicidan. Estoy pensando en el caso de Hemingway, que era un vitalista total y que se suicidó. Sin embargo, otros que hablaban todo el tiempo del suicidio nunca se suicidaron. Alguien lo explicaba mejor y decía que lo que le interesaba al suicida era la posibilidad de suicidarse, no la de llevarla a cabo. Decía que existía esa paradoja de que si no podían suicidarse se suicidarían; pero si podían hacerlo, pues no lo harían. Para que veáis que hay tal cantidad de escritores suicidas los podemos clasificar por el método con el que se suicidaron. El primero más evidente sería el arma de fuego, que sirve para matar a los demás pero que también sirve para matarse a uno mismo. En España tenemos dos ejemplos... Muchos ejemplos, pero uno muy notable es el de un escritor del Siglo XIX, que era periodista, que se llamaba Mariano Larra que decía que escribir en España es llorar, Cernuda lo corrigió después diciendo que escribir en España es morir y él se suicidó a los 27 años pegándose un tiro en la sien frente al espejo.
Tenemos otra aportación española a este tema que es Mayakovski, poeta ruso que se suicidó con un arma española, él no era español evidentemente. Y, claro, al final, el que alguien se suicide como Larra a los 27 años, a los que nos gusta la lectura nos parece que tenía toda una carrera por delante. Otro escritor, en este caso Sándor Márai que se suicidó de la misma manera con 88 años, por lo cual podemos decir que ya tenía su obra completa. El más curioso de los suicidas con arma de fuego es un escritor griego que se llama Kostas Karyotakis, que intentó suicidarse en el mar, se metió al mar y el mar lo devolvió, e inmediatamente después escribió una nota que decía así: "aconsejo, cuando sepan nadar, que no intenten jamás suicidarse tirándose al mar. Durante diez horas me estuve peleando con las olas, tragué una enormidad de agua y, sin saber cómo, de vez en cuando subía a la superficie. Cuando tenga oportunidad, escribiré las sensaciones de un ahogado". Bueno, él mismo no se dio esa oportunidad y se pegó un tiro, decidió que era mejor optar por otra vía.
El siguiente capítulo lo podríamos dedicar a aquellos que se se suicidan con arma blanca; lo cual es siempre más complicado, uno tiene siempre más a mano un cuchillo que una pistola, pero no deja de ser complicado.

En algunos casos nos puede parecer como muerte natural, en el caso de Mishima, por ejemplo, que se hizo el harakiri, y para los japoneses pues hacerse el harakiri es muerte natural. Para otros es menor natural, el escritor italiano Salgari se suicidó con una navaja intentando hacerse el harakiri que quería pensar que, aunque era italiano, pero como escribía novelas de piratas quizá pensó que era más literario suicidarse con una... Primero se intentó clavar una espada, se cayó y lo golpeó, pero no lo mató; luego hizo esta suerte de harakiri que hizo con una espada china. Él dejó una nota, la mayoría de los escritores suicidas deja notas y los que no lo son dejan notas, pero los que ya tienen la costumbre de escribir es lógico que lo hagan y él dejó una nota preciosa dirigida a sus editores y les decía así: "A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, paguéis los gastos de mi entierro. Os saludo rompiendo la pluma". Así se despedía Salgari, que en la época era un bestseller, ya que sus novelas de piratas vendían muchísimo.
Tenemos también el modelo de la inmersión, es el modelo que Kostas Karyotakis quiso practicar y no lo logró, practicado en España por un escritor también del XIX que es Ángel Ganivet, y que estaba de cónsul en Riga y se tiró al Mar Báltico. Se tiró al mar de un barco, lo rescataron y se volvió a tirar... rescatar a alguien en el Mar Báltico ha de ser complicado porque las temperaturas son bajo cero, así que la segunda vez debieron pensar que lo mejor era dejarlo morir. Luego está Alfonsina Storni, poetisa argentina, quien desmintiendo la teoría de Kostas Karyotakis, supuestamente se suicidó yéndose hacia el mar y luego tenemos el modelo fluvial, que serían las suicidas o los suicidas en río como Paul Celan que se suicidó tirándose al Sena, Virgina Woolf que se suicidó también metiéndose a un río y metiéndose piedras en los bolsillos para asegurarse que no le iba a pasar lo de Karyotakis.

Tenemos también el gas, la asfixia, que es posiblemente el más desagradable de los suicidios. De esta manera se suicidó el autor de esta novela fantástica que es "La conjura de los necios", el escritor John Kennedy Toole. Él puso una manguera desde el tubo de escape del coche a la ventana del mismo. Lo fastidiante de Kennedy Toole es que nunca llegó a ver publicada su obra. Él escribió sólo este libro, el libro lo mandó a muchos editores, ninguno lo publicó y él se suicidó en parte por el fracaso que había tenido como escritor, sin embargo, la obra luego fue publicada y muy reconocida.


Por último tenemos una modalidad muy fácil que es la del veneno, las drogas y que en algunos casos como el de Malcolm Lowry, escritor de "Bajo el volcán", se supone que se suicidó por una sobredosis. El problema de Malcolm Lowry es que su dieta diaria de alcohol es lo que cualquier otro hubiera ingerido para morirse por lo cual no sabemos si es que de verdad se quiso suicidar o simplemente se le fue la mano. Stefan Sweig, que es un escritor que a mí me encanta, que se suicidó de una manera terrible, dejando unas notas larguísimas sobre todo con las instrucciones que quería que se cumplieran en su ausencia. Y luego hay otros escritores argentinos que se suicidaron con cianuro en el mismo año, pero por razones muy distintas. Uno es Horacio Quiroga, parece que tenía todas las razones posibles para suicidarse, porque tuvo una vida más trágica si ustedes lo recuerdan y se suicidó con cianuro en 1937. Y el otro es el poeta Lepoldo Lugones que se suicidó, no dejó nota y nadie supo por qué se había suicidado. Algunos dicen que es porque su hijo había descubierto que tenía un affair amoroso con una mujer mucho más joven que él, el caso es que no dejó ningún tipo de explicación.

Alejandra Pizarnik que es otra de las escritoras que se suicidó por la misma vía; y por último, para terminar, Pavese que también se suicidó de esta misma manera y que no dejó una nota sino que, literalmente, un libro que se llama "El oficio de vivir" y en el que habla de eso y termina con unas palabras demoledoras que dice: "No palabras. Un gesto. No escribiré más". En fin, como han visto hay una multitud de escritores que han optado por esta última vía del fracaso que es la de suicidarse y voy a terminar, para elevar un poquito el ánimo, con un poema que trata de todo esto y dice así: "Las hojas de afeitar lo dejan todo perdido de sangre. / En cuanto al río, está mojado y frío. /Con el ácido olvídate de dejar un bonito cadáver. / La sobredosis da tiempo al arrepentimiento. / Una pistola, ¿dónde conseguirla? / Ahorcarse debe de ser muy agobiante. / ¿El gas?, pueden apagarlo los vecinos. / Quizás mejor vivir, ¿no te parece?".


Con esto termina la tercera parte del fracaso en la literatura. La primera era, como vimos, el fracaso como tema literario; la segunda sería el fracaso... el aspecto vital del fracaso, que es la de los poetas malditos y el tercero sería el del fracaso del discurso con sus distintas fases: la aposiopesis, que es dejar el discurso interrumpido; sobre todo, cuando los escritores dejan de escribir, como en el caso de Rulfo, cuando los escritores desaparecen, o como Walser, o cuando los escritores se suicidan como todos los ejemplos que hemos visto. Y me gustaría terminar con lo que sería para mí el ejemplo claro del fracaso en la literatura que en este libro que se llama "Instrucciones para fracasar mejor", que en cada uno de los capítulos que está dedicado al fracaso, por ejemplo, en el mundo actual, el fracaso en la filosofía, y el fracaso en la literatura.
Y el mejor ejemplo del fracaso en la literatura es Scott Fitzgerald. Él tiene una cita fantástica que dice "hablo con la autoridad del fracaso", que es uno de los escritores que pueden reflejar ese fracaso literario. Es un escritor que Cioran estudia y lo estudia porque el caso de Fitzgerald lo llama así: "Fisonomía del hundimiento, la experiencia pascaliana de un novelista norteamericano". Fitzgerald tiene un último libro demoledor, es en el que se intuye esa fase de la vida en proceso de demolición y Fitzgerald tenía todo lo contrario para ser un fracasado. Él era el ejemplo del éxito, en este caso es interesante ver las dos vidas paralelas de Fitzgerald y de Hemingway.
Hemingway es el vitalista, el que se apunta a todas las guerras, se viene a España a los conflictos civiles, luego a Cuba y es exactamente lo que entendemos por el vitalista. Sin embargo, a los 50 años se pega un tiro con una escopeta de abajo arriba. Y, sin embargo, Fitzgerald era el exitoso, con su esposa Zelda, eran los dos grandes personajes de la vida mundana norteamericana, los que vivieron los felices años 20 y los que luego tuvieron un éxito y se fueron a vivir a Europa y toda esa generación que es la generación perdida y que sin embargo Fitzgerald termina en un profundo fracaso. Su esposa Zelda termina en un sanatorio siquiátrico porque tienen distintas crisis siquiátricas, él que ha tenido que en realidad ha tenido que escribir siempre para vivir porque no era rico, sino que vivía básicamente de los cuentos que escribía, empieza a no tener éxito y termina escribiendo guiones de Hollywood y termina en un deterioro físico tremendo y con este libro final, en el que cuenta precisamente su fracaso. Lo dice Cioran, y me fascina porque piensa que hay ciertos personajes que tienen la lucidez para asumir el fracaso y está hablando de él mismo; sin embargo, te dice que hay personajes que no estaban hechos para el fracaso y, por lo tanto, su fracaso es mucho más interesante y mucho más literario, porque precisamente han vivido el éxito. Y dice así Cioran: "Había vivido en la embriaguez del éxito, había deseado la felicidad a cualquier precio, había aspirado a convertirse en un escritor de primer orden. En sentido propio y en sentido figurado, había vivido en el sueño. Pero el sueño de repente le abandona, comienza a velar y lo que descubre en sus vigilias le horroriza. Una esterilidad clarividente le sumerge y paraliza".
Hay una frase genial de un estudioso de Fitzgerald que nos dice cómo era este personaje que había estado viviendo todo este éxito glamouroso, pero que algo había en él que le producía el fracaso y muy interesante cómo estos dos personajes son muy ligados al alcohol y, sin embargo, lo que produce el alcohol a Hemingway es ese vitalismo y lo que le produce el alcohol a Fitzgerald es esa especie de melancolía. Y este autor dice esto de Fitzgerald que me parece una definición genial: "Es como si sus novelas describieran un fastuoso baile en el que él fuera el invitado que va con la mujer más bella de la fiesta y, al mismo tiempo, se sintiera observándose a sí mismo como un muchachito del Midwestern de los Estados Unidos con la nariz pegada a la ventana preguntándose cuánto costarían los boletos y quién pagaría la música".
Fitzgerald, sin duda, es como digo, el ejemplo del fracaso.

Voy a terminar con dos textos, uno es de Fitzgerald, y el otro es del español Cansinos Asséns que se llama "El divino fracaso" y fue por cierto un divino fracaso, porque al año siguiente quien fuera su editor le dijo que sólo se habían vendido diez ejemplares. El primero es este texto de Fitzgerald que dice así: "Sin duda que la vida entera es un proceso de demolición en el que los golpes que desempeñan la parte dramática del trabajo –los grandes y repentinos golpes que vienen o parecieran venir del exterior, los que uno recuerda, y lo hacen culpar las cosas, los cuales en momentos de debilidad se habla a los amigos– no muestran sus efectos inmediatos. Hay otro tipo de golpe que viene de adentro, y que no se siente hasta que ya es demasiado tarde para impedirlo, hasta que comprende positivamente que de algún modo no volverá a ser el mismo. El primer tipo de quebrantamiento parece ocurrir rápido; el segundo ocurre casi sin que uno lo sepa, pero se se le percibe en realidad muy de repente".
Y este último último texto de Cansinos Asséns; que en el libro "Instrucciones para fracasar mejor", en el que doy todas las instrucciones para que la gente pueda fracasar mejor y lo que hago es tomar la tesis, o distintas tesis sobre cómo hacer para fracasar mejor; pero se resumen en esta frase, en este párrafo, mejor dicho, de Cansinos Asséns, que era un escritor muy admirado por Borges, un escritor judío-español, cultísimo, políglota, muy poco conocido todavía hoy, pero que tiene una prosa simbólica fascinante y dice así: "Aceptarás, desde luego, tu fracaso. Heroica y magnánimamente, en plena plenitud, como esas mujeres que en la juventud más deseada cercenan sus cabellos. Aceptarás tu divino fracaso para sentirte más triunfalmente seguro de ti mismo, para no compartir nunca las quejas de los que se sienten defraudados ni exaltarse en las cóleras que envilecen, para no medir con angustia el terreno que recorren los demás, el que tú mismo recorres. Aceptarás tu divino fracaso, definitivo y completo ante los demás; tu absoluto fracaso ante la gloria de una vez y para siempre, tatuando de esta sola palabra tu cándido cuerpo, envolviéndote en ella como en un manto para no sentir los otros fantasmas de cada día; las menudas derrotas ante el leve propósito que se cruza. Y así, aceptando desde luego nuestro fracaso, sin ambición de gloria ni de vanidades, pues sabemos que ellos también han fracasado ante los adjetivos de su sueño, sabiendo que una mano grave y dulce tuerce sus líneas, oh, amigos trabajaremos dulce y serenamente, con nuestro inútil y conmovedor entusiasmo que no ha de vencerse nunca. Trabajaremos así, sin argumento ni propósito; alegres o tristes, según el tiempo, pero sin inquietarnos por el misterio del porvenir". Muchas gracias.

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