El listón rosa debe ser un llamado a fortalecer la salud pública

Cada 19 de octubre se conmemora el Día Internacional contra el Cáncer de Mama, y durante el mes son diversas las actividades que se realizan en los diferentes países del mundo para crear conciencia sobre esta enfermedad, utilizando el listón rosa como el símbolo que representa la lucha contra este tipo de cáncer.

Sin embargo, es importante reconocer que no solo las actividades de concientización salvan vidas, pues tal como cita un texto que circula en las redes sociales, “No sirve de nada iluminar toda la ciudad de rosa si una mujer no puede conseguir una mamografía en los puestos de salud pública”.

En ese sentido, esta conmemoración también debería hacer eco de la necesidad de fortalecer, y en casos como Honduras, rescatar los servicios de salud pública que cada vez reflejan más abandono.

De acuerdo con el estudio “Situación del sistema de salud en Honduras y el nuevo modelo de salud propuesto”, en el país solo existen 50.9 unidades de mamografía por millón de mujeres de 50 a 69 años, por lo que existe la necesidad de equipo suficiente que pueda realizar un diagnóstico oportuno, porque esperar más de tres meses para obtener los resultados de un examen de mamografía puede ser mortal, y desgraciadamente, casos como esos ocurren a menudo en el país.

Testimonio de una sobreviviente

Rossibel Herrera es una hondureña sobreviviente de cáncer de mama, quien en noviembre de 2014 recibió una orden médica para realizarse una mamografía, y de haberse atendido a los tiempos del hospital, en donde es derechohabiente, posiblemente hoy su historia no la contaría ella.

“Desgraciadamente en los hospitales públicos hay un grave problema, pues lo procesos son muy largos, cuando me indicaron la mamografía, inmediatamente fui a sacar cita y fue hasta enero de 2015 que me dieron los resultados, los cuales indicaban que debía hacerme un ultrasonido, pero la cita me la dieron para 6 meses”, contó.

Es decir que, a pesar de que el cáncer ya estaba en su seno, de haber esperado la atención en ese centro asistencial, hasta en junio se hubiese enterado que tenía la enfermedad, tiempo en el que seguramente esta ya habría avanzado más, sin embargo, a diferencia de otras mujeres, tuvo la posibilidad económica de asistir a una clínica privada para realizarse el ultrasonido.

“No tuve otra opción que ir a una clínica privada y pagar más de 12 mil lempiras para enterarme que tenía cáncer de mama en grado dos y era necesaria una mastectomía”, recordó Rossibel, quien posteriormente asistió al Seguro para poder practicarse el procedimiento quirúrgico, sin embargo, primero debía ser revisada por un especialista, pero para ello, nuevamente debía esperar.

Comentó que casualmente se encontró dos personas conocidas de años atrás que le ayudaron a someterse a la cirugía dos meses después de haber sido diagnosticada. “A ellas las considero como dos ángeles, son personas que me ayudaron enormemente y a quienes les voy a agradecer toda mi vida, pues gracias a ellas se redujo mucho el tiempo que debía esperar”, expresó.

Posterior a la cirugía, se sometió a ocho quimioterapias que le provocaron únicamente la pérdida del cabello, asimismo recibió 25 sesiones de radioterapia y desde entonces ha estado en control médico y realizándose mamografías cada año.

El trabajo, su principal descuido

A pesar de que Rossibel asistía al médico de vez en cuando, su compromiso con el trabajo impedía que lo hiciera frecuentemente, descuido que le pasó factura y que la hizo iniciar su tiempo de descanso por la jubilación con una noticia tan fuerte.

“Desgraciadamente cuando estamos laborando y somos responsables en nuestro trabajo descuidamos un poco nuestra salud, perdemos citas o simplemente no acudimos al médico por priorizar el trabajo, y eso fue lo que me pasó a mí”, contó esta guerrera quien se enteró de la enfermedad tres meses después de haberse jubilado.

El papel de la familia

Para Rossibel, el apoyo de su familia fue fundamental en el proceso que le tocó vivir, a quienes también llega la angustia al saber que un familiar se encuentra en una situación en la que peligra su vida. “Mi angustia comenzó cuando fue hacerse el examen porque me pareció que algo no andaba bien, y luego cuando salió de la clínica mi mami me dijo que no me preocupara que todo iba estar bien”, recordó su hija mayor, Tania Herrera.

Sin embargo, para ella, al igual que para sus otras dos hermanas y su hermano, era difícil no preocuparse, pues ocho meses antes su abuela, la madre de doña Rossibel, había fallecido de cáncer, tras dos años de batallar contra la enfermedad, por lo que el temor de perder a su madre era latente, pero la angustia disminuyó luego de su operación.

“Llegó el proceso de recuperación y exámenes posoperación y salieron satisfactorios gracias a Dios, y eso nos tranquilizó a todos, aunque no de manera total, porque hay inquietud de que no vaya a salir nada malo en los exámenes de rutina”, expresa su hija.

Sin duda, en cualquier familia, recibir un diagnóstico de cáncer es un golpe estrepitoso, pero para doña Rossibel, lo más importante es mantener la calma y hacerle frente a la situación de forma positiva, y una vez que superada la situación, continuar con la vida normal, sin descuidarse.

“Las personas que hemos sido víctimas de cáncer estamos propensas a que la enfermedad vuelva, pero eso no implica que estemos temerosas a que vuelva a ocurrir, debemos llevar nuestra vida normal, hacer ejercicio, comer sano, ser muy positivos y no descuidarse, si está trabajando pida permiso y hágase exámenes, aunque no sienta nada”, sugirió.

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