Endeudamiento, el costo de la pandemia

En los últimos años, la macroeconomía del país alcanzó sus mejores niveles. (Fotografías: Delmer Membreño).

Mediante decretos legislativos y PCM, el Gobierno ha reorientado cantidades millonarias para hacerle frente a la pandemia por COVID-19 y sus efectos colaterales; de estos fondos, la mayoría son producto de préstamos que el Estado de Honduras ha suscrito con organismos internacionales de crédito como el Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).

Es de recordar que días anteriores, el Congreso Nacional, en sesión extraordinaria, autorizó al Poder Ejecutivo a través de la Secretaría de Finanzas para que en el ejercicio fiscal 2020 y 2021, en caso de ser necesario, realice la contratación directa de préstamos nacionales y extranjeros hasta por un monto de 2,500 millones de dólares (aproximadamente L. 62,220.50 millones).

Estos bienes fueron destinados a la creación de un fondo de emergencia para dotar al sistema sanitario nacional de capacidades de respuesta inmediata para el control, contención y propagación de la pandemia del coronavirus; sin perjuicio de la implementación de medidas sociales que busquen garantizar los niveles de empleo y un crecimiento económico sostenido.

Sin embargo, estos niveles de deuda preocupan a los economistas. Henry Rodríguez, jefe del Departamento de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), recalca que el endeudamiento tiene un límite y el establecido por el país es cerca del 50 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Rodríguez indica que antes de la pandemia, Honduras tenía una deuda que rondaba el 45 por ciento del PIB, no obstante, el Congreso Nacional mediante decreto autorizó al Poder Ejecutivo a endeudarse hasta el 55 por ciento del PIB, acción que según el experto es de alto riesgo.

Por su parte Héctor Díaz, experto en administración pública y alta funcionario de la UNAH, manifestó que el país destina de su recaudación un porcentaje arriba del tercio en concepto de pago a la deuda externa, “esto nos pone en una situación bastante difícil porque significa que estamos utilizando dinero del futuro para cumplir con compromisos presentes, lo que indica que nuestros gobiernos son incapaces de mantener una disciplina fiscal”.

Díaz sostuvo que la mayoría del endeudamiento durante la pandemia se destinará a gasto corriente y no a incentivar proyectos de desarrollo, es decir que esos fondos no traerán tasas positivas de retorno en el futuro.

“El endeudamiento más la poca recaudación de ingresos pondrá en precario al Gobierno, que al no contar con recursos entraría en iliquidez y no podría atender las necesidades más elementales a futuro, como lo es la salud, la educación y el pago de salarios a los empleados públicos”, proyectó Rodríguez.

El experto manifestó que el endeudamiento no es malo, pero se deben seguir ciertas reglas y condiciones donde lo primero que se debe controlar es el monto, luego, que el préstamo a adquirir sea concesional (a largo plazo y bajas tasas de interés), con períodos de gracia para que el país no se asfixie en los próximos años.

Avizora que si el país se sigue endeudando de manera desordenada, existen muchos riesgos a futuro en el crecimiento económico, a su vez, subrayó que estos fondos públicos deben ejecutarse con transparencia y rendición de cuentas.  

Redireccionar el presupuesto

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En este punto, el economista Rodríguez aconsejó al Gobierno a redireccionar su presupuesto, “tiene que presentarnos a todos los ciudadanos y ciudadanas un nuevo Presupuesto General de la República que contenga una proyección real de los ingresos, en qué se van a utilizar, priorizar los renglones de la salud, educación, seguridad, promoviendo el desarrollo del país”.

Este nuevo Presupuesto General de la República debe ser un proyecto de ley de la Secretaría de Finanzas y enviarse al Congreso Nacional para su aprobación, “deben paralizarse inversiones que no son tan importantes y orientar esos fondos a prioridades”, concluyó Rodríguez.

Calificación

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Vale resaltar que en el primer semestre de 2019, Honduras por primera vez alcanzó una calificación riesgo país B2 por parte de la firma calificadora Moodys Investor Service, lo que generó un clima positivo para las inversiones, sin embargo, pasar de un 46 a un 55 por ciento del PIB destinado al pago de la deuda generaría un descenso en la calificación.

Para Díaz, Honduras puede entrar a un juego peligroso en calificaciones de riesgo: “Nosotros no somos una economía productiva, somos una economía que subsiste y descansa en las remesas y en la relación comercial con otros países, no contamos con un mercado interno potente, eso significa que somos muy vulnerables a los hechos externos y por lo tanto tener más del 55 por ciento del PIB de deuda implica que vamos perdiendo la soberanía y la independencia económica”.

El experto en administración pública sostuvo que Honduras ya no califica a una nueva condonación de la deuda externa, pues el requisito es ser un país pobre altamente endeudado y, en términos globales de la economía, ya no es un país pobre sino un país de renta media-baja.

Cifras

Según Ismael Zepeda, economista investigador del Foro Social de la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (Fosdeh), de esos 2,500 millones de dólares que el Estado está facultando a endeudarse, ya estarán entrando a las arcas unos 1,300 millones de dólares, según un tuit del Twitter oficial de la Secretaría de Finanzas.

Zepeda detalla que estos préstamos con los órganos multilaterales de crédito se logran con un plazo arriba de los diez años con un buen período de gracia y con una baja tasa de interés que ronda entre el uno al dos por ciento

Sin embargo, el investigador indica que por los casos de corrupción ventilados por los diferentes medios de comunicación es posible que esta deuda sea la menos provechosa para los intereses del país.

Cabe señalar que no solo Honduras se ha endeudado en medio de esta pandemia, potencias mundiales como Estados Unidos, España e Italia también han tenido que recurrir a préstamos para fortalecer sus sistemas de salud e incentivar la economía.

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