ESCUELA EXPERIMENTAL DE ARTE, UNA INICIATIVA PARA RECUPERAR EL DEBATE Y LA REFLEXIÓN EN LA CREACIÓN ARTÍSTICA

“Hay una noción, muy extendida, de lo que es ser artista y hacer arte”, explica Lester Rodríguez, “que tiene que ver con estereotipos: el artista bohemio, borracho, vago; o la obra de arte que es 90% inspiración, que tiene que ser bonita y visualmente agradable para decorar una sala”.

Sobrepasando esos estereotipos, Rodríguez cree que el arte y el artista resultan de un proceso intelectual, crítico, de formación e investigación. Esa premisa es la que fundamenta los pilares del trabajo que realiza, junto a Lucy Argueta, en la Escuela Experimental de Arte (EAT).

Actualmente la EAT no cuenta con un espacio físico, pero el estudio –instalado en una casa, casi al final de una entrada peatonal en un barrio de Tegucigalpa– en el que ambos trabajan es el espacio para planificar las actividades y preparar sus proyectos personales.

Lucy Argueta observa una pintura para la primera exposición de Nómada.

El nacimiento de la EAT
Primero, la EAT no es una escuela como la conocemos. En cambio, se alinea a los parámetros de la educación informal, y su ofrecimiento es específicamente para la formación de artistas: cómo hacer un proyecto, elaborar portafolios y la preparación en investigación.

Ese último aspecto, el de investigación, Lester considera “que es muy importante en temas de arte contemporáneo. Es algo que no te ofrece, por lo menos, la educación en Honduras, la educación formal”.

Lester y Lucy iniciaron su formación artística en medio de una dinámica de reuniones, tertulias y debates. “Pensábamos en propuestas que fueran más alternativas: proyectos de espacios públicos, habilitar casas como esta en la que se ponían spot en el techo y en la sala se hacía una exposición y llegaba la gente; pero eso empezó a disminuir poco a poco cuando empezaron a aparecer otros centros”.

Lester recuerda que aunque los nuevos centros ofrecían alternativas de exposición a medida que aparecían, los colectivos artísticos y sus momentos de discusión se diluían en la transición entre crear sus propios espacios hasta aprender a trabajar con las políticas de cada nueva institución.

Para 2009, Lester propuso un taller de historia del arte contemporáneo al que Lucy se unió para, que entre ambos, ofrecerlo a artistas emergentes. Con los talleres impartidos por dos años consecutivos, inició Nómada, la plataforma de formación que identifica a la EAT.

Formación artística en movimiento
Dos años después de iniciar con un solo taller, la EAT propuso un catálogo más amplio en los que la Historia del Arte Contemporáneo, Proyectos y Portafolios, y el Taller de Crítica son los temas fuertes y así presentaron Nómada 01 como una plataforma gratuita de formación.

“Creo que es bien interesante el hecho de que –Nómada– rompe con esa idea convencional que se tiene del artista encerrado en su estudio, en una torre de marfil esperando la inspiración; más bien es un proceso más sistemático”, explica Rodríguez.

Desde 2011, Nómada ha ido cambiando de número –01, 02, 03, 04– y de sede, entre Mujeres en las Artes (MUA), el Centro Cultural de España en Tegucigalpa (CCET) y el Museo para la Identidad Nacional (MIN). Pasó de tener un único facilitador –Lester Rodríguez– a captar la atención de artistas hondureños como Gabriel Galeano, Adán Vallecillo, Leonardo Gonzáles, Gustavo Larach, el salvadoreño Simón Vega o el guatemalteco José Pablo Ramírez.

El proceso de cada edición de Nómada culmina con una exposición que este año se realizará en el MIN con la participación de doce trabajos desarrollados por los participantes del proceso de formación y once artistas centroamericanos invitados. “Siempre son personas que ya tienen trayectoria, a quienes se invita a hacer un proyecto específico para Nómada y su trabajo dialoga con la producción de estos chicos”.

Lester Rodríguez en uno de los trabajos con vecinos de la colonia El Sitio.

Lester Rodríguez en uno de los trabajos con vecinos de la colonia El Sitio.

Además de Nómada, la EAT ofrece talleres de capacitación técnica en serigrafía a jóvenes en comunidades como El Sitio, La Travesía o Campo Cielo. Con esta formación, Lucy y Lester buscan generar nociones de diseño y composición, así como de la calidad de la imagen para que los beneficiados cuenten con un perfil más amplio.

“Terminan capacitados con una especialidad técnica y tratamos de gestionar todo lo que tiene que ver con materiales, equipo y herramientas, y se les deja habilitado el espacio para que una vez que la escuela se va de ahí ellos puedan echar a andar una microempresa cooperativa”.

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