Expertos demandan mayor inversión en salud mental

Foto tomada de la web con fines ilustrativos.

Mayor inversión en salud mental demandaron este martes los participantes del foro televisivo Frente a Frente, pues en la actualidad a penas el 1% del presupuesto de salud es destinado para este sector, pese al aumento de la demanda durante la pandemia de la COVID-19.

Como parte de su argumentación, los expertos, entre ellos el psicólogo clínico y terapeuta familiar, Rafael Mejía, señalaron que si bien es cierto esta enfermedad afecta los pulmones, también el cerebro resulta afectado, por lo que la ayuda psicológica se ha vuelto una necesidad fundamental.

“Honduras no es un país que hace abordaje primario o secundario, solo estamos atendiendo el abordaje terciario. Quienes deberían tratar esta situación, muchas veces no tienen ni la formación o no hay la necesidad ni sentida ni percibida, entonces nos toca trabajar por nosotros mismos y al final la salud mental tiene que ser una necesidad que la gente tiene que sentir para mantener un equilibrio”, lamentó.

Al respecto, la psiquiatra Greybi Jackson, indicó que los problemas psicológicos post COVID-19 más frecuentes son ansiedad, depresión, trastornos de estrés post traumático, problemas de sueño y síndrome de la cabaña.

“Las complicaciones del duelo en estos individuos son múltiples, incluyendo muertes y pérdidas familiares, sin que pueda tener un ritual, y empiezan a complicarse. Si desarrolla un problema, busque ayuda lo más pronto que pueda y tendrá menores dificultades a lo largo del tiempo”, dijo.

Por su parte el doctor Mario Aguilar, explicó que la gravedad de las secuelas depende de la predisposición de los pacientes, especialmente si tienen comorbilidades, sobre todo antecedentes de algún trastorno mental, lo cual los vuelve más vulnerables.

“Hoy sabemos que tenemos que estudiar a nuestros pacientes entendiendo que estamos hablando de personas que se vieron afectadas en su mente por el virus propio. La neurociencia nos está planteando una tormenta de citoquinas a nivel neuronal; eso es una cuestión fascinante que nos está haciendo entender cómo se afecta la neurona en sí por varias vías y cómo provoca todo un desencadenamiento de activaciones, propiciando una gran liberación de sustancias que generan daños a nivel de los tejidos nerviosos”, expresó.

El galeno resaltó que, pese a la gravedad de la situación, de 100 personas afectadas solo una o dos van con el psicólogo o psiquiatra y 18 acuden a los médicos de asistencia primaria; los demás no buscan ayuda por diversos factores, entre ellos el económico. Ejemplo de ello es que, en el Hospital Mario Mendoza, por ejemplo, ha descendido el número de pacientes de consulta externa, pero se han disparado en la emergencia e internamiento.

Por otro lado, las teleconsultas psicológicas se han vuelto parte de la cotidianidad. De 461 llamadas telefónicas que al inicio de la pandemia recibió el equipo de respuesta psicológica de la UNAH, el 44.3% fueron por crisis de ansiedad relacionadas con la COVID-19, seguidas por crisis emocionales por antecedentes psiquiátricos, conflictos familiares (13%) o busca de consejería (18%).

La mayoría de las atenciones fueron solicitadas por personas entre 21 y 30 años; en segundo lugar se ubica el rango de 31 a 40, seguido por el de 11 a 20 y en cuarto lugar, de 41 a 50, sin ignorar el hecho de que los niños de 5 a 10 años y los adultos mayores de 61, también solicitan apoyo.

Derivaciones psicopatológicas

Los panelistas detallaron que a los trastornos previos y el daño neuronal debido a la llegada del virus al cerebro por medio de los nervios olfatorios, por la vía sanguínea o por el sistema nervioso periférico, específicamente por las neuronas localizadas en el estómago, y la respectiva respuesta auto inmunológica, se suman los efectos del entorno, como por ejemplo el aislamiento y la infodemia, y en consecuencia la presión a nivel social y personal, ocasionando además, hipocondríasis y síndrome de trabajador quemado o síndrome de desgaste emocional por sobrecarga de trabajo.

Lo anterior debido a que la pandemia por sí misma se ha convertido en un constante agente estresor que no permite a los sobrevivientes pasar de la fase de alarma, a la de resistencia o adaptación y posteriormente a la de agotamiento del denominado Síndrome de Adaptación General (SAG) para que el organismo pueda recuperar la relajación y pueda fortalecerse el sistema inmune, desencadenando problemas de presión arterial y diabetes, entre otros.

Adicionalmente, debido a que los órganos que más somatizan son la piel y el estómago, se han vuelto comunes enfermedades como dermatitis, soriasis, alopecia, urticaria, gastroenteritis, reflujo, úlceras, gastritis y estreñimiento.

En ese sentido la máster en Psicología Clínica y docente de Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Patricia Mackay, indicó que una persona que no duerme porque tiene un familiar enfermo o ella misma está con los trastornos secundarios de la COVID o aun la tiene pierde 42% de su atención, 30% de su capacidad de reacción, se vuelve más lenta, tiene que volver cuatro veces al documento que tenía que analizar y es 52% más proclive a los accidentes de tránsito.

Con base en este contexto, los profesionales coincidieron en la necesidad de ser asertivos y tener inteligencia emocional, además de fortalecer los hospitales psiquiátricos, brindar atención psicológica no solo de los pacientes con COVID-19 sino también de sus familiares y crear hospitales penitenciarios para la atención de los privados de libertad.

Asimismo, recomendaron a la población tener en la medida de lo posible una alimentación saludable, hacer ejercicio y procurar una sana convivencia familiar, así como un espacio de trabajo confortable para desarrollar las actividades educativas o laborales.

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