Expertos dialogan sobre el papel de la literatura en el imaginario centroamericano

Como parte de las actividades enmarcadas en el Simposio Internacional sobre el Bicentenario pensado desde las artes y la cultura: las invenciones de un istmo, expertos de El Salvador y Honduras presentaron un análisis de las literaturas nacionales y los discursos fundacionales en Centroamérica.

Mediante el panel, los especialistas destacaron la importancia de las ficciones, poesía y la literatura en la creación de los imaginarios nacionales centroamericanos, y en ese sentido, para el narrador, poeta y ensayista salvadoreño, Miguel Huezo Mixco, las relaciones entre literatura y discursos fundacionales podrían definirse como un proyecto ficcional.

Escritor Miguel Huezo Mixco

Escritor Miguel Huezo Mixco

Explicó que en el siglo XIX y XX, desde la literatura hay una consolidación de una Centroamérica vista como países pequeños, pobres y violentos, y como ejemplo, mencionó los libros Mamita Yunai, que denuncia las injusticias y condiciones de los trabajadores en las bananeras, y El señor presidente, que explora la naturaleza de la dictadura y sus efectos en la sociedad.

Asimismo, en la década de los 80´s se consolida la noción de una Centroamérica con sociedades conflictivas a raíz de la profunda crisis política y social por los conflictos armados internos, y la región como un escenario de lucha de poder hegemónico entre las dos grandes potencias mundiales de la época.

“Aquí también la literatura entra en juego, tenemos por ejemplo el caso del libro de Manlio Argueta, Un día en la vida que relata la situación que vive la población campesina del norte de El Salvador, pero también tenemos toda una literatura que comienza a exaltar las necesidades de la lucha y esto, digamos que es la creación de ese otro imaginario de sociedades conflictivas”, indicó.

Agregó que desde la imaginación literaria se ofrece un panorama de los problemas sociales y políticos de la región, así como una reflexión dialógica sobre los discursos acerca de la colonia, la nación, la región y sus diversas comunidades a lo largo de la historia.

“En muchas novelas publicadas, sobre todo a partir de los años noventa, el recurso a los mitos indígenas ya no sirve para construir una identidad o continuidad histórica fija, sino para tematizar el desarraigo y la mezcla contradictoria entre tradición y actualidad”, sostiene el experto.

Asimismo, señala que existe un interés por explorar las formas de recordar y de este modo de repensar y comprender los hechos del pasado reciente sobre todo del traumático, y concluye en que “la narrativa en general y la novela en particular dialogan no solo con el discurso de la historia, sino también con los discursos y las políticas de memoria en sus respectivos contextos, incorporando esta dimensión a la tríada historia, relato y ficción”.

El poeta hondureño, José Antonio Funes.

El poeta hondureño, José Antonio Funes.

Por su parte, el poeta hondureño, José Antonio Funes, amplió que con la Reforma Liberal de finales del siglo XIX el escritor se volvió un sujeto histórico comprometido con la construcción del Estado-nación, donde se precisaba de un discurso literario que fortaleciera la identidad nacional, basado en la homogenización del mestizaje, la lengua y la cultura, pero que invisibilizaba el conjunto de las comunidades indígenas, afrodescendientes, mujeres y a otras minorías sociales.

En el siglo XX aparece la figura de Rubén Darío quien, señaló el experto, le dio paso a la gran poesía hispanoamericana, y que figuras como Pablo Neruda, César Vallejo, Octavio Paz, Jorge Luis Borges y otros grandes poetas no hubieran sido posibles sin el impulso que le dio a la poesía Rubén Darío.  

En la década de 1920, con la entrada de las compañías bananeras, cambia el panorama en Centroamérica y surge la novela de centroamericana, un nuevo discurso literario que se constituye como una aportación a la literatura universal, con algunas obras de Ramón Amaya Amador, Miguel Ángel Asturias y Carlos Luis Fallas, quienes denuncian las condiciones miserables en que se debatían los trabajadores en las compañías bananeras.

En los años 60´s surge el apego a la novela histórica que “revisa el pasado y lo reelabora, sigue partiendo incluso de algunas utopías que más adelante se van desdibujando tanto política como literariamente; la utopía de la revolución, sobre todo a partir de la de la revolución latinoamericana”, señaló Funes.

Agregó que en la época de los 80´s y 90´s existe una profusión de obras que, aunque siguen vinculadas con las novelas históricas, muestran un discurso diferente que cuestiona la historia de Centroamérica y las utopías.

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