Expertos exponen sobre la lactancia materna y su impacto sanitario, nutricional y medioambiental

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En el marco del segundo simposio multidisciplinario sobre lactancia materna, organizado por la Facultad de Ciencias Médicas (FCM) de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), se abordó la tarde de este viernes 14 de agosto lo referente al estado de dicha práctica desde la perspectiva de la seguridad alimentaria y nutricional y su impacto en la salud y el medio ambiente.

Partiendo del principio de que la lactancia materna representa el mayor alimento para los bebés, la presidenta del Colegio de Nutricionistas y Dietistas de Honduras, Levive Romero, lamentó que en pleno siglo XXI un proceso que debería ser normal representa una lucha, pues desde décadas atrás ha sido reemplazado por fórmulas. 

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna al menos hasta los dos años de vida del infante, iniciando la ablactación o alimentación complementaria a partir de los seis meses, pudiendo seguir más si el niño o la madre así lo desean. El destete, mientras tanto, se produce de forma natural y espontanea a partir de los dos años y medio y los siete.

En torno a este último, la conferencista explicó que en realidad está determinado por factores como la aparición de los dientes, la adquisición del lenguaje, el nacimiento de otro bebé, la reincorporación de la madre a la actividad laboral y el comienzo de la motilidad independiente del menos o la escolaridad.

La coordinadora del área de dietética y nutrición del Hospital Regional del Norte resaltó, con base en la evidencia científica, que los niños amamantados de manera exclusiva durante sus primeros cuatro a seis meses presentan disminución de la incidencia y gravedad de gran número de enfermedades agudas y crónicas, pues favorece el desarrollo físico, nutricional, inmunológico, psicológico y social, sin embargo, la prevalencia es menor al 20% de lo deseable.

Impacto sanitario y medioambiental

Por su parte, la especialista en nutrición pediátrica, Luisa Zambrano, manifestó en cuanto al impacto en la salud y el medio ambiente que la lactancia materna favorece el desarrollo psicomotor del lactante e incrementa su coeficiente intelectual, previene las caries, reduce el riesgo de asma, alergias, enfermedad celíaca e inflamatoria intestinal, disminuye la posibilidad de desarrollar diabetes y obesidad y ayuda a prevenir más de 83,000 muertes infantiles al año, además contribuye a la economía familiar.

Los beneficios hacia la madre, mientras tanto, son la remineralización ósea, reducción de sangrado posparto, disminución del riesgo de sufrir cáncer de mama y de ovario, diabetes tipo 2, hipertensión e infarto de miocardio y ayuda a prevenir más de 200,000 muertes maternas anuales.

Durante su intervención, la especialista de nacionalidad guatemalteca resaltó además los beneficios hacia el medio ambiente, con énfasis en el ahorro de energía que representa en la producción, transporte y distribución, y la reducción de la contaminación. “Por cada kilo de fórmula no consumido, hay una reducción de entre 11 y 14 kilogramos en la huella de carbono y de 4,700 litros de agua en la huella hídrica”, acotó.

En la ronda de cierre del evento académico liderado por la Licenciatura en Nutrición, otra de las temáticas abordadas fue la del rol del profesional de esta carrera en el éxito de la lactancia materna, con una ponencia a cargo de la licenciada Christina Gonzales, desde Costa Rica.

La especialista en seguridad alimentaria y nutricional indicó que el aumento de esta práctica hasta al menos un 50% es una de las metas globales de la OMS para el 2025; en la actualidad es de 38% en América Latina y de 40% a nivel mundial.

“La lactancia no solo es biológica y no solo es intuitiva; es también cultural y aprendida”, manifestó, parafraseando a Waleska Porras, líder de la Liga de la Leche, una organización orientada a potenciar dicha práctica.

Para alcanzar dicho objetivo, el especialista en seguridad alimentaria y nutricional, Marco Rodríguez, recomendó durante su intervención educar y empoderar a las madres y a su pareja desde el período prenatal, sobre los beneficios de dicha práctica e implementar estrategias de atención integral a la niñez en las comunidades.

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