HONDURAS: DETRÁS DE LAS SERPENTINAS

Foto: Delmer Membreño

Serpentinas en los muros. Doble llavín a las puertas. Vidrios de los carros polarizados. Los «barrios más seguros». La compra de armas. Las noches vacías. Estas son apenas unas acciones que los hondureños realizan para resguardar lo que consideran el principal problema del país: la inseguridad; pero, ¿vivir constantemente detrás de las «serpentinas» es producto de una percepción o una realidad?

En diciembre de 2014, el Instituto Universitario para la Democracia, Paz y Seguridad (IUDPAS) de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), realizó el estudio «Percepción Ciudadana sobre Inseguridad y Victimización», donde el 70.5% de los encuestados colocaron la inseguridad como el principal problema del país. Sin embargo, el 79.5% del mismo grupo consultado respondió no haber sido víctima de la delincuencia. Entonces, de acuerdo a las experiencias personales, ¿cómo se contrapone la realidad con la percepción? ¿Sobre qué base se generan las políticas públicas de seguridad?

Marvin Barahona, historiador e investigador en el IUDPAS, explica que el aspecto subjetivo al hablar de inseguridad podría promover la creación de atmósferas «de una manera intencionada con la voluntad de utilizar la percepción ciudadana de inseguridad con fines políticos o para justificar políticas de seguridad de mano dura».

Para este académico, los números del crimen deben ser utilizados únicamente como apoyo técnico y no como justificación para la creación de estas políticas; especialmente cuando la estadística debe ser objeto de un análisis «de las condiciones en que produce, usa y difunde».

Estadísticas y políticas

El estudio del IUDPAS revela que el 47% de los encuestados piensa que la situación de violencia e inseguridad ha empeorado y 29.8% que está igual. Eso es un 76.8%, poco más de uno por cada tres ciudadanos. Además, la esperanza de mejoría se debate en el fuero interno de la ciudadanía: 68.6% cree que su colonia o barrio estará igual o mucho más inseguro en los próximos doce meses, independientemente de las medidas que se tomen.

Estas cifras de la percepción amplían su dimensión cuando se conoce que 49.2% de homicidios en el país tienen un «móvil desconocido». «¿De qué manera una política pública de seguridad va a garantizar el éxito deseado por la población que es la reducción, combate o erradicación de la criminalidad y los delitos de hoy?», se pregunta Barahona y sostiene que «no se puede asegurar porque no se conoce previamente quién ha sido el autor de estos homicidios y por qué razones, qué tipo de otros factores están involucrados en esto».

La creación de la Policía Militar y del Orden Público (PMOP) es la propuesta de los legisladores para contar con una unidad especializada en el combate al crimen organizado y común, y es considerada por el 62% de los encuestados por el IUDPAS como efectiva en este combate.

Desarrollo humano

Si consideramos el desarrollo humano como un término amplio, la seguridad ciudadana es parte de lo que se llama seguridad humana, «relacionada con la seguridad personal y, más específicamente, con amenazas como el delito y la violencia», explica el Informe Regional de Desarrollo Humano 2013-2014.

Pero la seguridad humana incluye dimensiones como la seguridad económica, alimentaria, sanitaria, personal, ambiental, comunitaria y política (¿se garantizan estas dimensiones de la seguridad para el ciudadano hondureño?) Para el caso, la faceta económica es percibida como el segundo problema más grave en Honduras, con un 22.1% de acuerdo al estudio del IUDPAS.

Reiteradas veces las autoridades de este instituto universitario han señalado que la evolución de la criminalidad, la violencia y la delincuencia en el país condicionan la seguridad, pero considerar algunas de sus manifestaciones (violencia intrafamiliar o contra la mujer, robos a mano armada, narco menudeo, etc.) como el origen de la inseguridad sería invisibilizar actores y hechos como la corrupción pública, la impunidad, entre otros. Vale la pena indagar cuál es la motivación de las decisiones políticas.

Mientras el Estado genera ciertas políticas, la ciudadanía se «protege» detrás de las serpentinas.

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