Impacto del COVID-19 en la demanda de energía eléctrica: una nueva oportunidad para comenzar

La actual situación mundial provocada por el COVID-19, lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha llamado una pandemia, se caracteriza por una marcada disminución de la actividad económica debido a las restricciones de circulación establecidas a nivel mundial. La falta de una cura definitiva plantea al encierro total o parcial como la mejor medida de prevención para la transmisión del coronavirus teniendo como efecto una disminución en el proceso económico mundial.

Precisamente, el presente análisis se centra en la disminución de la actividad económica y el impacto en la demanda de energía eléctrica. Para el caso hondureño, la relación economía-demanda de electricidad es directamente proporcional, la disminución o incremento en el crecimiento económico produce una disminución o incremento en la demanda y consumo de electricidad, respectivamente.

Y dado que el COVID-19 produce disminución en la actividad económica, el resultado directo sobre la demanda de electricidad es precisamente una disminución en el consumo de esta. Los cálculos realizados pronostican que con el crecimiento negativo pronosticado por el Banco Mundial (BM), la demanda de energía eléctrica disminuirá a un valor comparable a la demanda máxima del año 2018.

La buena noticia es que la caída en la demanda produce una oportunidad única, siendo esta, “tiempo necesario para tomar la mejor decisión en la contratación de nuevas plantas de potencia, firme contratación, que aseguren el menor precio posible del kWh”. Este es el momento de preparar un proceso de contratación eficiente conforme a lo establecido en la Ley General de la Industria Eléctrica (LGIE) para la compra de energía y potencia firme en base a un proceso de licitación pública internacional.

Además de la contratación de nuevas plantas generadoras de electricidad, es obligatoria la aplicación de la “gestión de la energía”. La aplicación de este tipo de proyectos tiene efectos multiplicadores en dos sentidos, beneficiando al usuario final y al país.

En el primer caso, los usuarios, sin disminuir sus procesos productivos o de comodidad, consumen menos energía que impacta en la disminución de la facturación del servicio de electricidad. En otras palabras, este tipo de proyectos son financiera y ambientalmente sustentables.

En el segundo caso, la gestión de la energía impacta inicialmente en el consumo de energía eléctrica, disminuyendo las necesidades de producción de esta y por consiguiente, en los gastos necesarios por el suministro de electricidad en toda la cadena de valor. Los cálculos indican que este tipo de proyecto puede disminuir el consumo de electricidad en el sector industrial en casi 200 GWh al año.

Similares ahorros pueden ser conseguidos en el sector comercial y residencial, pudiendo alcanzar otros 200 GWH al año. En total, es posible obtener una disminución de 400 GWH/año, lo que representará un ahorro para la ENEE del orden de 40 millones de dólares al año, por la disminución en la necesidad de contratación de plantas generadoras.

La crisis por COVID-19 presenta una oportunidad única para “comenzar de nuevo” en la desastrosa industria eléctrica hondureña. La disminución en la demanda de electricidad abre una ventana para ejecutar proyectos de gestión de la energía y preparar un proceso de licitación de potencia y energía que asegure el menor costo posible.

Junto a los problemas enunciados en la introducción, también se pueden incluir los relacionados con los montos de inversión pendientes para ampliar y fortalecer el sistema de transmisión y transformación.

 

 

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