Implicaciones médicas sobre la variante Delta de COVID-19 en la población hondureña

En las últimas semanas, la variante delta de COVID-19 se ha establecido como la cepa dominante contabilizando el 75% de los casos de enfermedad por coronavirus en varios países de Asia y de occidente. La rápida transmisión de esta variante detectada por primera vez en India parece estar impulsada por múltiples factores, incluidas la relajación de las medidas de distanciamiento social y la distribución desigual de las vacunas. Mucho de lo que se sabe proviene de informes preliminares y reportes de la India y, más recientemente, del Reino Unido, donde representa más del noventa por ciento de los casos nuevos.

En el Reino Unido, los datos del estudio de síntomas de COVID-19, donde los participantes rastrean sus síntomas diarios a través de una Smart App en sus teléfonos, ha arrojado que los síntomas asociados con COVID-19 pueden estar cambiando debido al aumento de la nueva variante. El síntoma número uno informado por los usuarios de la aplicación con infección confirmada ha sido dolor de cabeza, seguido de dolor de garganta, secreción nasal y fiebre.

La variante Delta se detectó por primera vez en India a finales de 2020, donde se cree que contribuyó al número extremadamente alto de casos durante la segunda ola de COVID-19. A principios de este año se estimaba que el linaje B.1.1.7, la variante Alfa, aislada por primera vez en Inglaterra, podría ser un sesenta por ciento más transmisible que la versión original de sars-CoV-2. Ahora se estima que la variante Delta es un sesenta por ciento más transmisible que Alfa. La variante delta tiene dos mutaciones importantes en su proteína de pico para la adaptación del virus en las vías respiratorias. El virus original de Wuhan no era óptimo en ese sentido, por lo que se transmitió, pero no tan bien como podría. La variante Alfa mejoró con la mutación E484K y la variante Delta ha dado un segundo paso, aún más grande, para mejorar esa característica.

Un estudio retrospectivo realizado en Escocia publicado en el diario médico The Lancet, que analizó el riesgo de hospitalización de pacientes con infección por variante Delta encontró aproximadamente el doble de riesgo de hospitalización en comparación con la variante Alfa. Además, demostró que incluso los ciclos completos de las vacunas parecen menos efectivos para prevenir la infección por la variante Delta. Esto especialmente en el caso de las vacunas NO ARNm (Astra-Zeneca, Sinovac, Cansino). El mismo estudio demostró que ambas dosis de la vacuna de AstraZeneca redujeron la probabilidad de infección por Delta en solo un sesenta por ciento, una demostración aceptable, pero menor que la que confiere la misma vacuna contra otras cepas del virus. Incluso si la variante resulta no ser más letal, su mayor transmisibilidad significa que puede infligir mucho más daño en una población, dependiendo de cuántas personas permanezcan sin vacunar.

El ensayo clínico Com-Cov del grupo de vacunas de Oxford estudió la inmunogenicidad y reactogenicidad derivadas del uso de diferentes combinaciones de vacunas COVID-19 aprobadas para la primera y segunda dosis de inmunización administradas a intervalos de 28 u 84 días. Encontró un buen perfil de seguridad para la combinación de Pfizer BNT162b2 y ChAd Astra-Zeneca además de una respuesta inmune más potente. Lo anterior también corroborado por el ensayo español CombivacS, que reclutó a 663 personas que ya habían recibido una primera dosis de la vacuna Oxford-AstraZeneca, y que administró a dos tercios de los participantes con la vacuna de Pfizer BNT como segunda dosis. El refuerzo de Pfizer-BioNTech pareció sacudir el sistema inmunológico de los participantes que recibieron la dosis de Oxford-AstraZeneca y comenzaron a producir niveles mucho más altos de anticuerpos que pudieron reconocer e inactivar el SARS-CoV-2 in vitro. En su último comunicado de prensa, Pfizer ha comentado que una tercera dosis de su vacuna eleva de 5 a 10 veces la cantidad de anticuerpos contra SARS CoV 2 en comparación con la segunda dosis meses previos.

Al 23 de julio de 2021, la Secretaría de Salud reporta el 1.22% de la población hondureña completamente inmunizada. Esto sin contar la diáspora de hondureños que emigran a Estados Unidos para ser vacunados. Tomando en cuenta estos hallazgos, es importante cuestionarse cuáles son los objetivos actuales de la campaña de vacunación en nuestro país. Si nuestro objetivo principal es reducir las hospitalizaciones y las muertes, una primera dosis brinda muy buena protección, pero si se trata de acabar con la transmisión, la segunda dosis se vuelve imperativa sobre todo en zonas de contagio elevado. Inclusive es necesario plantear la posibilidad de administrar un refuerzo o tercera dosis al menos en el personal sanitario más expuesto a la enfermedad. Delta es la primera variante posvacunación.

Es el epílogo de esta historia que creíamos casi terminar, plagada de mala política, crisis e intereses personales. Pero, para aquellos que permanecen sin vacunar, por elección o por falta de acceso, esta variante representa la última entrega de una serie de horrores en curso. Es la amenaza más siniestra, una que pone en peligro el precario equilibrio que hemos logrado conteniendo esta pandemia. En un país marginalmente vacunado, Delta expone la dualidad en la que ahora vivimos y morimos.

Por: Investigadores:

Dr. Luis José Pinto García

Posgrado de Medicina Interna – Hospital Juárez de México – UNAM

Grupo de investigaciones genéticas y diagnóstico molecular- UNAM

 Dr. César Salinas

Posgrado de Medicina Interna- Hospital Escuela Universitario- UNAH

 

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