Instrumentos musicales hechizos elaborados en Honduras

A Roger Daniel Soleno, porque  su apoyo expreso, es hermandad.

Rubén Darío Paz[1]

Ocarinas, pitos, flautas, cuernos, tambores, ayacastes y quijadas de burros, entre otros han formado parte del universo sonoro de distintos pueblos del continente americano sin importar los niveles de desarrollo. El uso de esos instrumentos musicales ha estado relacionado con diferentes rituales, con la cacería, con festividades, para agradecer por las cosechas o para  pedir lluvias, para evitar tempestades, para conmemorar la muerte e incluso  para celebrar la vida.

Numerosos objetos musicales de cerámica y madera  han sido descubiertos en el caso de Honduras, situación que nos confirma, que desde tiempos inmemorables el hombre, buscó objetos con diferentes usos.[2] La llegada de los europeos al istmo centroamericano algunos instrumentos desaparecieron, otros fueron incorporados e incluso en el mejor de los casos se fusionaron con elementos africanos e incluso árabes.   

Actualmente en Honduras tenemos la complacencia de observar la ejecución de instrumentos musicales sean estos autóctonos o hechizos, y que de todas formas nos recuerdan tiempos añejos y dan cuenta de un sincretismo cultural. La elaboración de instrumentos nos hace reflexionar sobre esa capacidad creativa de los distintos grupos poblacionales existentes en nuestro país.

El abanico pluricultural existente en Honduras es amplio, a pesar de ello, es levemente estudiado. Incluso desde el Estado se refrenda con un sucinto decreto legislativo, que reconoce que “Honduras es un país pluriétnico y multicultural”[3].

Pero a pesar del reconocimiento oficial es desde las mismas instancias estatales, que las iniciativas de inclusión y conocimiento de nuestras etnias y sus respectivas expresiones culturales, resultan insuficientes. Más parece que, desde los entes encargados de promover nuestra cultura, se pretende invisibilizar las expresiones populares existentes en el país.

Es pertinente mencionar el rol que han venido desempeñando algunas instancias privadas de desarrollo y que han por sus propias iniciativas, han realizado importantes diagnósticos y proyectos de fortalecimiento de la cultura local, en lugares postergados, donde el Estado no tiene interés ni presencia. En el caso de las etnias casi todas evidencian condiciones desfavorables en educación, salud, seguridad e incluso las oportunidades de empleo son escazas.

Algunas etnias, viven en condiciones indignas para cualquier grupo humano, pero, igual se valora el hecho de que ante esas adversidades muchas de las comunidades se han adaptado y son sus propias cosmovisiones, las que les han permitido proteger su religión, defender sus bosques, sus tierras y sus fuentes de aguas.

Desde el Estado hondureño, lo que sí ha existido es un preponderante grado de asistencialismo, a sabiendas que con ello no se resuelven las dificultades, sino que más bien se profundizan las situaciones de pobreza y se refuerzan los grados de dependencia. Aún con todo lo anterior el país que tenemos, nos permite contentarnos con la representación de instrumentos musicales, que han perdurado a través de los tiempos, y se han convertido en parte de nuestro patrimonio tangible, vivo, utilitario, dinámico y trascendente.

Estos instrumentos musicales hechizos, se han convertido en testigos nada silenciosos de nuestra cultura y nos han llegado hasta nuestros días como, reflejo, fusión, adaptación o quizás invención.

Es con esos instrumentos hechizos, que, al interior de varios pueblos del país, se festejan; bodas, cumpleaños, aniversarios, oficios religiosos y hasta acompañan féretros en la última morada. Testimonio de lo anterior lo constituyen las exequias en numerosos municipios del sur del país y pronto tenemos una muestra importante para valorar. Nacaome, Langue, Aramecina y Alianza y con especial suceso Goascorán, donde la mayoría de los difuntos, son llevados al panteón acompañados de música, que se ejecuta desde Conjuntos locales.

Algunos difuntos los entierran con música de Banda[4]  y es allí donde se vocalizan canciones que eran preferidas por el fallecido, por lo que no hace falta la ejecución de melodías clásicas de la ranchera mexicana conocida como “las golondrinas” aunque la canción se titula únicamente “La Golondrina[5]

Además, en el municipio de Goascorán durante algunas exequias, se ejecutan canciones propias de la inspiración local y ahí destaca la denominada Goascorán[6], un emblemático arreglo únicamente instrumental. Cuando se trata del entierro de un niño, este se acompaña con música de Conjuntos de cuerdas y los ritmos igual resultan bullangueros.

Resulta alentador el hecho que, durante los dos primeros días del mes de noviembre de cada año, los habitantes de Goascorán y pueblos adyacentes, llevan serenatas a sus muertos. El primero de noviembre se lo dedican a los niños y el día dos a los adultos. Las familias se trasladan a los cementerios y ahí comparten comidas preparadas para la ocasión, igual los Conjuntos locales ofrecen melodías en memoria de los difuntos.

Instrumentos musicales hechizos en la región sur de Honduras

Casi en todos los departamentos de Honduras, hemos podido constatar la capacidad creadora de nuestros compatriotas y más cuando se trata de la elaboración y ejecución de instrumentos musicales, conocidos como instrumentos hechizos.

La actividad es notoria en los departamentos de Francisco Morazán, Olancho, Lempira, Santa Bárbara, Copán, Ocotepeque, Comayagua, La Paz e Intibucá, donde de manera cotidiana existe toda una tradición de ejecución y elaboración de instrumentos musicales. No obstante, la actividad musical cobra mayor trascendencia entre los sureños departamentos de Valle y Choluteca. De igual manera esa práctica es común, en muchos municipios del oriental departamento de El Paraíso. Entre los municipios que corresponden al departamento de Valle, y que destacan por el uso de instrumentos de cuerda podemos mencionar a Langue, Alianza, Aramecina, Caridad, San Francisco de Coray y Goascorán[7] entre otros.

En el caso de Choluteca destacan los municipios de: Orocuina, Apacilagua, Morolica, Santa Ana de Yusguare, Pespire, San Antonio de Flores,[8] San Isidro, San José, Namasigüe, El Corpus, Concepción de María, El Triunfo, Duyure, San Marcos de Colón y en la misma ciudad de Choluteca y sus aldeas, donde los instrumentos hechizos constituyen verdaderas obras de arte y sin duda son magistralmente ejecutados.

Una situación distinta se observa en otros pueblos de la región sur, como la aldea de Monjaras,[9] que pertenece a Marcovia y donde casi siempre al igual que en San Lorenzo en el Departamento de Valle, deambulan grupos de músicos marimberos, allegados de la vecina Nicaragua y cargan una Marimba portátil que se le conoce como Marimba de arco,[10] esta dista mucho de la Marimba tradicional que se acostumbra en otras regiones de Honduras. 

En Choluteca, la iglesia católica desde hace varias décadas ha logrado organizar grupos de músicos que ejecutan instrumentos de cuerdas, personajes en su mayoría campesinos. Similares actividades se llevan a cabo en algunos pueblos de El Paraíso; Texiguat, Liure, Soledad, Vado Ancho, San Lucas, San Antonio de Flores, Güinope, Jacaleapa, Oropolí, Alauca, Duyusupo, Potrerillos, Teupasenti, San Matías y Danlí para señalar los de mayor incidencia. Por su nivel de reconocimiento regional y sus participaciones en las ferias patronales son renombrados los siguientes conjuntos;

Los Galácticos” y “Los Aguilares” de Texiguat. En Liure y sus aldeas destacan, “Los orientales” (El Potrero), “Hermanos Herrera” (La Rinconada), “Hermanos López” (El Tronconal), “Los hermanos Medina” (Monte Grande), “Los Alegres Baquedano”, “Los Tía Ruphe”, “Los Siempre Voces”, “Voces del recuerdo” en la cabecera municipal de Liure y “Los Oyuela” de la aldea Ojo de Agua, del municipio de Soledad,[11]

Tampoco es despreciable la actividad artística en distintos municipios del Departamento de Francisco Morazán, donde destacan; Ojojona, Santa Ana, San Buenaventura, La Venta, Sabana Grande, Nueva Armenia, Lepaterique, Reitoca, Curaren, Alubaren, San Miguelito y La Libertad.[12]

En los referidos pueblos, se ejecutan con frecuencia instrumentos de cuerda y vientos, pero también incorporan instrumentos de percusión, como tumbas, tambores, timbales, cañas, entre otros. Inclusive esa afición por las melodías les ha permitido la organización de Conjuntos musicales, que comúnmente se les denomina Curuchunchun,[13] y son famosos y originales hasta en sus nombres, ejemplo de ello son; “Los truenos del sur”, “Los gavilanes del sur”, en la ciudad de Choluteca, y “Los Castillo” en la aldea de Linaca, en las proximidades de la misma ciudad. “Los Supersónicos Band”, de San Francisco de Coray y “Los Cabreras” de Nacaome en el Departamento de Valle.

También existen conjuntos de mucha notoriedad en algunos centros urbanos como; Lepaterique, Curaren, Alubaren, La Venta, Sabana Grande, Nueva Armenia, Ojojona, San Buena Ventura, Santa Ana y sus respectivas aldeas que recordemos se encuentran próximos a la región sur.

En la mayoría de los municipios mencionados se utilizan guitarras, violines, bajos, violas, tumbas y cañas. Esos instrumentos son elaborados con los recursos del medio y al interior de ciertas familias que por varias generaciones se han venido pasando ese conocimiento valioso, como práctica y expresión de convivencia.

Para la elaboración de violines y guitarras se utilizan maderas como el Cedro real, Gavilán o Carreto, Guanacaste y Laurel, algunos prefieren ésta última especie maderable porque deducen que los sonidos son más exquisitos. Elaborar instrumentos como guitarras y violines, puede durar de tres a siete semanas, lleva mucho tiempo la preparación de las maderas y además una vez terminados, los instrumentos se deben “curar” y afinarlos totalmente.[14]

En las últimas décadas el fenómeno migratorio en Honduras ha tenido enormes consecuencias y al parecer cada familia hondureña, tienen más de un representante en los Estados Unidos y sin duda es la región sur la que por distintas razones expulsa bastante población.

Dichos migrantes sufre procesos de aculturización y es lógico, tiene un impacto negativo en la cultura local. Numerosos grupos de músicos se han desintegrado e incluso los inmigrantes una vez que se establecen en sus nuevas ciudades, empiezan a enviar a sus lugares de origen, instrumentos eléctricos y los hechizos pasan a un segundo plano o sufren alteraciones.  

Sin embargo, a la fecha existen numerosos grupos que siguen utilizando instrumentos hechizos y con ellos replican la tradicional ranchera mexicana, aunque, también se ejecutan otros ritmos tropicales, merengues, salsas y hasta baladas románticas. En sus letras como siempre se reflejan; ausencias, desengaños, frustraciones, anhelos y tramas rurales que con alguna frecuencia relatan los incidentes de los viajes fallidos que emprenden, desde sus lugares de origen hacia los Estados Unidos.

Los tonos que expresan nuestros “músicos populares”, si bien reflejan elementos foráneos, igualmente refrescan la memoria local. Algunos “corridos”,[15] o composiciones relatan parte de la historia de nuestros pueblos.

Es importante mencionar que muchas personas vinculadas a la iglesia protestante ya han constituido sus propios “grupos tradicionales”, para alegrar numerosas actividades religiosas. Algunos de estos grupos han tenido tanto éxito, que ya su producción musical ha sido difundida, y otros han gravado su música fuera del país. Lo que debe de asumirse de manera positiva es el hecho, que todas esas creaciones, bullangueras, nostálgicas o de cualquier otra índole, ya forman parte del patrimonio intangible que igual es necesario valorarlo.

Una orquesta campesina

Actualmente reconocemos el auge festivo de las “bodas campesinas” que se celebran en Choluteca, gracias a la iniciativa y compromiso del extinto P. Jesús Valladares[16], que con igual entusiasmo organizó la Orquesta Campesina y según un justo reconocimiento de un diario capitalino apunta: “Aprendieron a ejecutar los instrumentos de cuerda por tradición familiar. Unos son considerados maestros del arte de las melodías, mientras que otros tan solo amantes de la música a través del sonido que emanan las guitarras, acordeones, bajos, violines y mandolinas. Se formaron de manera dispersa entre las aldeas y caseríos del departamento de Choluteca, sin pensar que un día se reunirían para formar la famosa Orquesta Campesina”[17]

Es un total de 43 músicos quienes integran la banda, y al llegar la feria en honor a la Virgen Inmaculada Concepción, del municipio de Choluteca, se desplazan hasta la sultana del sur, para acompañar la tradicional “boda campesina”.

El repertorio musical llega a más de 60 canciones y se centra en las melodías folclóricas, así como otras que han nacido de la inspiración de los miembros de la agrupación. Las diversas festividades acompañadas de instrumentos de cuerda, con el devenir de los años se ha constituido en un elemento distintivo de la ruralidad de la región sur de Honduras y deben formar parte del patrimonio intangible hondureño, quizás el evento más distintivo lo constituyen las renombradas “bodas campesinas”[18].

A la fecha en Honduras existen referencias historiográficas al menos para recordarnos dónde y cómo se ejecutaban instrumentos que sólo han quedado en la memoria, significa que hacen falta estudios antropológicos que permitan establecer el vínculo y significado de algunos instrumentos para los distintos entornos, o de manera particular cómo y en qué tiempos han sido incorporados o adaptados a las diferentes etnias.

Un país con amplia herencia mestiza, sutilmente estudiado

Los estudios antropológicos reflejan una serie de interpretaciones sobre cada uno de los grupos culturalmente diferenciados existentes en el país, sin embargo, la herencia de una amplia cultura mestiza predominante en Honduras se ha estudiado a retazos y hacen falta muchas investigaciones para tener una mejor visión del país.

La problemática es evidente, incluso, desde el hecho de cómo se percibe el hondureño así mismo, o cómo valora lo hondureño en las distintas regiones del país. Prueba de lo anterior es que necesitamos conocer las distintas expresiones culturales a escala nacional, llámense fiestas, prácticas agrícolas, bailes, festivales, disfraces, juegos tradicionales, ceremonias, rituales, leyendas, mitos, medicina tradicional, gastronomía y formas de comunicación, entre otras. A continuación describo algunas características de los instrumentos que se siguen elaborando y ejecutando con alguna incidencia en diversos pueblos de Honduras.

El sacabuche: es un instrumento musical que se registra en varios pueblos de tradición indígena en el centro, sur y occidente de Honduras. Asimismo, se reportan instrumentos similares en el sur de México y occidente de El Salvador,[19] de igual manera, en parte de la frontera entre Colombia y Venezuela. Tiene mucho parecido con la zambomba[20] que desde tiempos remotos se ha utilizado en algunos países europeos de manera constante y con mayor suceso en España, Portugal e Italia.

En el caso de Honduras, este instrumento ha sufrido modificaciones, pues su membrana y dimensiones son mayores, esto si lo comparamos con fotografías de principios de siglo XX donde se muestran sacabuches o Xuc-Xuc de menor tamaño. En nuestro país se sigue elaborando en ciertas aldeas pertenecientes al municipio de Nueva Celilac, en el departamento de Santa Bárbara. Su permanencia ha logrado consolidarse en parte por una larga tradición, luego porque una organización de desarrollo local que, a mediados de los años 80, lo incorporó a un conjunto musical denominado “Los Caramberos” de Nueva Celilac.

Algunos músicos e investigadores hondureños apuntan “que en las ferias patronales y a inicios de la década de los años 60s, aún se podía encontrar en la ciudad de Comayagua y pueblos circunvecinos, grupos de músicos que incorporaban entre sus instrumentos al mencionado sacabuche[21]. Virgilio Maradiaga, experimentado docente de Ciencias Sociales, es del criterio que aún a finales de los años ochenta del siglo recién, el uso del sacabuche era frecuente en pueblos como El Rosario y Opoteca en Comayagua.

Como elaborar un sacabuche

Para hacer un sacabuche es necesario conseguir la mitad de un tarro o la mitad de un calabazo.[22]  La “cumba” se forra con tripa de cerdo o en el mejor de los casos con cuero de vaca, los extremos restantes se sujetan a veces con cabuya o con sobrantes del mismo cuero. De la base de la cumba sale un palo que se prolonga más o menos unos veinte centímetros y trasfiere la membrana, la ejecución de este instrumento se realiza al frotar dicho palo.

No sabemos desde cuándo se utiliza este instrumento en Honduras, pero su existencia es de tiempos lejanos y algunos ancianos lo recuerdan con enorme facilidad, prueba de ello es el siguiente comentario “mis abuelos hacían y tocaban el Sacabuche en las fiestas dedicadas al patrón San Francisco, esas fiestas duraban a veces hasta cuatro días (…), cuando yo tenía nueve años”[23]

La caramba: es un instrumento relativamente conocido en el país, pues se registra de manera ocasional en las regiones del centro-sur y occidente de Honduras. Sabemos por referencia y similitudes que sus orígenes provienen del continente africano, y que con el transcurrir de los tiempos se ha venido modificando. En la actualidad existen una serie de instrumentos similares a la caramba que se siguen ejecutando en varios países como El Salvador, México, Colombia, Venezuela, Brasil, Trinidad y Tobago, San Vicente y Jamaica, entre otros. De la misma manera, se observan instrumentos parecidos en continentes como África y Asia.

En el caso de Honduras, la presencia de carambas se remonta a tiempos antiguos, y se tienen referencias escritas desde inicios del siglo XX de manera específica en el centro, sur y occidente de Honduras. A la fecha, muchos pobladores recuerdan que antes se usaba con mayor frecuencia, ahora su uso se limita de manera esporádica y he registrado carambas en Nueva Celilac en Santa Bárbara, algunas aldeas entre Langue y Coray en Valle. De igual forma, un informante de la etnia Tolupan me aseguró que uno de los hijos del Cacique Julio Soto, en la tribu [24] de La Ceiba, sigue tocando la caramba con fines de entretenimiento.

Varios ancianos entrevistados recuerdan a grupos de músicos caramberos en Aramecina, Langue, Caridad, Nacaome y de manera especial en una aldea de San Francisco de Coray, también en el departamento de Valle. Similar se reportan a finales de la década de los años ochenta en municipios de La Paz, entre ellos San Antonio del Norte, Lauterique, Mercedes de Oriente, San Juan y Aguanqueterique.[25]

A inicios de la década de los años sesenta del siglo XX por iniciativa del señor Marcelo Genaro López Izaguirre, originario de la aldea de Las Mezas municipio de San Francisco de Coray, se organizó un grupo de caramberos y con el apoyo del folklorista hondureño Rafael López Manzanero realizaron presentaciones en varias ciudades del país e incluso viajaron a dos ciudades de los Estados Unidos.

En el grupo, además de ejecutar carambas, también incluían una pareja de hermanos: Gloria Esperanza y José Santiago López que bailaban danzas como El Pijullito,[26] Carmelita, El Limoncito y la más conocida El Pitero.

Otra de las canciones que ejecutaban los “Caramberos de Coray” era la famosa cumbia conocida como La Chispita, del venezolano Carlos Blanco, al parecer el ritmo se adaptaba con facilidad a los sones de la caramba.[27]

Al igual que el sacabuche, la caramba fue incorporada a un conjunto musical el año de 1984, gracias a una organización de desarrollo que funcionó en el municipio de Nueva Celilac, Santa Bárbara. El éxito fue significativo, por tanto, sirvió para rescatar y difundir su uso tradicional. El uso de la caramba en ese municipio ya forma parte de la identidad local y hasta la fecha se siguen utilizando, aunque con menos entusiasmo. Los caramberos de Nueva Celilac desarrollaron una serie de giras dentro y fuera del país.

En reconocimiento a la labor de fomentar el uso de instrumentos-hechizos por el país, las autoridades edilicias de Nueva Celilac les instalaron una placa conmemorativa a manera de homenaje en el Parque central del municipio. Hace algunos años, nuestro extinto compositor, que tanta gloría le dio a Honduras, Guillermo Anderson, también incorporó los sonidos de la caramba en un disco especial de música infantil, con el ánimo de fortalecer la conciencia ambiental.

Otras referencias en torno a la caramba

Varias ciudades de Honduras registran presentaciones esporádicas de ejecución de carambas conocidas también como zambumbias, en sus parques ancianos con frecuencia demuestran sus habilidades a los transeúntes: Tegucigalpa, Comayagua, Santa Bárbara, San Pedro Sula y Olanchito. Según el olanchitense Efraín Lujan,[28] a finales de los años sesenta llegó el señor Daniel Fuentes, oriundo del municipio de Guata en Olancho, quién elaboraba carambas de todos los tamaños y se dedicaba a ejecutarlas en el parque central de Olanchito para deleite de los parroquianos. También en la misma ciudad se recuerda a Álvaro Ponce, que a pesar de ser mudo, ejecutaba con mucha calidad la caramba, los transeúntes le aplaudían.

Como se realiza una caramba

Se extrae del bosque una rama del árbol de guácimo,[29]  su altura debe oscilar entre 2.5 y 3 metros, posteriormente se seca y se procura darle de extremo a extremo cierta curvatura, simulando un arco no tan pronunciado. Se tensa un alambre (crudo o de llanta) a sus extremos y al centro se le adapta la mitad de una jícara, posteriormente se escoge una varilla de metal, para golpear la cuerda tensa y con la otra mano se hacen algunos movimientos sobre la jícara, con la idea de producir distintos sonidos, con la particularidad según los músicos que, desde la caramba se puede acompañar todos los ritmos musicales posibles.

Un dato que resulta trascendente es el hecho de que en la festividad del Guancasco,[30]  que se celebra en varios pueblos del departamento de Santa Bárbara, se acompaña con instrumentos tradicionales incluyendo carambas y sacabuches y se concluyen con marimba. 

Algunos municipios donde se realizan instrumentos musicales-hechizos

MUNICIPIO

DEPARTAMENTO

INSTRUMENTO

ETNIA O GRUPO CULTURAL

     OBSERVACIONES

San de José Colinas

Santa Bárbara

Marimba

Mestizo

Las teclas se elaboran con maderas como el   hormigón, funera  y  encino.

Nuevo Celilac

Santa Bárbara

Sacabuches y carambas

Mestizos

 

Cedros

Francisco Morazán

Violines y guitarras

Mestizos

 

Valle de Ángeles

Francisco Morazán

Violines y Guitarras

Mestizos

Con fines artesanales.

Ojojona

Francisco Morazán

Guitarras

Mestizos

Con fines artesanales.

Wampusirpi

Gracias a Dios

Guitarras, maracas y tambores

Tawhakas

Sobre todo en las aldeas de Krautara y Kraosirpi.

San Esteban Santa María del Carbón. 

Olancho

Maracas

Pech

Las utilizan en las celebraciones religiosas con las fiestas del Señor de Esquipulas.

 

San Antonio

Intibucá

Violines y guitarras

Mestizo

Algunos se venden en los pueblos fronterizos con El Salvador.

 

Observaciones

Iriona

Colón

Tambores y maracas. Adaptan caparazones de tortugas y caracoles. 

Garífunas

 

 

Casi todas las comunidades Garífunas elaboran sus propios instrumentos.

Dulce Nombre de Culmi

Olancho

Tambores y maracas de jícaras.

Tawhakas

 

 

La mayoría de aldeas Tawhakas

Santa Fe

Colón

Tambores

Garífunas

Los tambores que se hacen en Santa Fe, sirven para una serie de ceremonias locales.

 

Abastecen a Trujillo con motivos artesanales

Raya o Ramón Villeda Morales

Gracias a Dios

Lungku

Miskitos

Al momento de ejecutar este instrumento es preferible hacerlo en espacios al aire libre.

 

Algunas aldeas y caseríos aledañas a la frontera con Nicaragua

Texiguat, Liure, Soledad, Duyusupo, San Lucas, San Antonio de Flores, Vado Ancho.  

El Paraíso

Instrumentos de cuerda

Mestizos

Texiguat, ha tenido la oportunidad de realizar festivales regionales de instrumentos de cuerdas.

 

Abastecen gran parte de la región sur del país.

Orocuina, Duyure, Apacilagua, Concepción de María. 

Choluteca

Instrumentos de cuerdas

Mestizos

La mayoría de los instrumentos en el Sur, son para uso local.

 

Abundan los grupos de músicos, incluso vienen por generaciones.

 

Yorito 

Yoro

Tambores y carambas

Tolupanes

Algunos indígenas de varias aldeas de Yorito se dedican hacer pequeños tambores, ocasionalmente.

Marimbas,  su origen controversial

El origen de la Marimba en el continente americano, aún continúa siendo un  tema de investigación. A la fecha no hay consensos si el instrumento llego de África, surgió en las comunidades del alto amazonas,  se desarrolló en el sur de Asia o en diversos lugares de manera simultánea. La mayoría de la información disponible sobre la marimba se pierde en afanes regionalistas y eso dificulta tratar de conciliar puntos de encuentros.

Se ha aceptado la idea de que las marimbas americanas se han desarrollado a partir de los modelos y tecnologías que llegaron de África. Llama la atención el hecho de que las marimbas en América aparecen en varias culturas, tanto que en algunas de ellas se convirtió en un instrumento casi sagrado. Especial consideración tiene la región conocida como Mesoamérica [31] donde el arraigo sigue siendo más que evidente y basta mencionar a los pueblos de tradición maya-quiche, donde se encuentran resultados sorprendentes.

También es necesario considerar que como instrumento, sigue encontrándose disperso en distintas regiones del continente americano, aunque la palabra marimba o malimba se deriva del idioma africano Bantú.[32]

En México, la costa pacífica colombiana y Guatemala, también han tenido en la Marimba más que una expresión cultural, un instrumento que aglutina gran parte de su acervo musical, incluso en ese último país, se le declaró patrimonio cultural y años más tarde declararon el 20 de febrero como Día Nacional de la Marimba. Otros países del área centroamericana también siguen utilizando la Marimba, sola o incorporada a grandes orquestas, y en el caso nicaragüense, se ejecuta la conocida Marimba de arco,[33] que difiere por sus dimensiones y sonidos a la que comúnmente se usa en el resto de los países. Igual se debe considerar que en algunos países asiáticos como Tailandia y Japón existen instrumentos de teclas bastantes similares.

Presencia de marimbas en Honduras

A la fecha en 16 cabeceras departamentales de Honduras se siguen ejecutando marimbas, exceptuando en Gracias a Dios y las Islas de la Bahía, en la mayoría de las fiestas patronales o festivales de distintos tipos, la marimba está presente, bien al inicio de las ferias, durante, o para cerrar con las denominadas fiestas del recuerdo, que no son más que la clausura de estas ferias.

Aún no existen estudios sistemáticos que nos demuestren el uso de las primeras Marimbas en Honduras, sin embargo, se mencionan amplias descripciones periodísticas de fiestas de pueblos, sobre todo, en diversos periódicos de las primeras tres décadas del siglo XX[34], donde se señala que las actividades festivas serán acompañadas con música de Marimbas. Inclusive aparecen una serie de fotografías, sobre todo, en varias localidades de la Costa Norte donde el desarrollo económico  era ligeramente visible, por lo que llegaron numerosas marimbas y orquestas de la vecina Guatemala, en éste último país existen registros marimberos desde mediados  del siglo XVI.[35]

Sólo para citar a manera de ejemplo y sin pretender agotar el tema describo la actividad marimbera en algunas poblaciones del país. En el extenso departamento de Olancho y en ciudades como Juticalpa y Catacamas ha existido una tradición afianzada. Resulta interesante que en el caso de Juticalpa, el nombre de la Marimba se vincula más con el apellido de la familia, dueña del instrumento. Durante la década de los años sesenta, se mencionaba “La de Joche Cubas”, “La de Carlos Meza”. En cambio, en el municipio de Santa María del Real hubo una muy recordada “La estrellita del Sur”. [36]

En el caso de Catacamas para los años 50-60 del siglo anterior se recuerda a los músicos Antonio Salgado, Joaquín Navarro y a José Eulalio Padilla. Según nos relata doña Evalinda Rodríguez “Las fiestas se llevaban a cabo en el Salón del Cabildo, casi siempre los domingos entre 2pm y 5pm. Algunas  veces se organizaban los “bailes de disfraces”, y ahí destacaba la costurera del barrio de La Cruz, Fredesvinda Casco, mujer talentosa que apoyaba a los artesanos, e incluso decoraba las carrozas durante las ferias patronales, donde igual se bailaba a los sones de la marimba “Alma Obrera”, esta última perteneció a la Sociedad de Obreros que con tanto éxito y beligerancia funcionó en la ciudad de Catacamas.

Algunas ciudades como Olanchito en el departamento de Yoro aportan notas importantes como la siguiente “A este respecto haremos historia sobre la introducción de la Marimba en nuestro medio. Un día de la década de los años treinta y bajo los auspicios del conocido ciudadano de Olanchito don José Martínez Caballero, llegó a esta ciudad la primera marimba denominada Valladolid”.

Esta marimba venía bajo la responsabilidad del recordado maestro marimbista don Ramón Rosa Orellana, ya fallecido; don Ramón dirigió y enseñó el arte de la marimba a los primeros músicos de esta especialidad: los hermanos García Cortés (Medardo y Amado), don David Antúnez, don Eudoro Espinoza, don Héctor Martínez Caballero, don José Zelaya y padre del doctor Gilberto Zelaya que es un excelso musicólogo.

Años después, el recordado hombre público don Francisco G. Ramírez, adquirió la marimba "La Muñequita" a la que los músicos apodaron como "La Potrancona". Esta marimba amenizaba las fiestas más elegantes de Olanchito. Surge la competencia con la marimba: "La Nueva Juventud" propiedad del pionero del marimbismo en la “ciudad cívica”, don José Martínez Caballero. Esta última marimba fue construida en Olanchito por el competente marimbero y don Luis Flores, oriundo de Jutiapa, Atlántida.[37]

Resulta significativo que en la Casa de la Cultura de Olanchito se encuentra como parte de las reliquias, la Marimba “Gardel”, al parecer construida en los años 50 en la ciudad de La Paz. Por muchas décadas perteneció a la Escuela de Varones Modesto Chacón de Olanchito y fue ejecutada entre otros músicos por Plutarco Meléndez, Mario Murillo, Roberto Sorto y Juan Lozano.

Nota- La bibliografía utilizada para esta investigación, aparecerá en la cuarta y última entrega.

[1] [1] Rubén Darío Paz. Director de Gestión Cultural en el Centro Universitario Regional de Occidente-UNAH-CUROC. Docente investigador en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, en la ciudad de Santa Rosa de Copán. Historiador, egresado del Doctorado en Antropología Cultural en la Universidad de Salamanca, España. Es autor y coautor de varios libros de su especialidad, ensayista y fotógrafo, es miembro de Número de la Academia de Geografía e Historia. (Correo rubenga1934@yahoo.com)

[2] Ver el Museo Regional de Antropología e Historia  en San Pedro Sula. Ahí se encuentra quizás la más completa colección de ocarinas correspondientes en su mayoría a las culturas que se desarrollaron en el  Valle de Sula.

[3] Acuerdo OIT-  Convenio No. 169 de la OIT, la cual indica que son “…considerados indígenas por el hecho de descender de poblaciones que habitaban en el país o en una región geográfica a la que pertenecía el país en la época de la conquista o la colonización o del establecimiento de las actuales fronteras estatales y que, cualquiera que sea su situación jurídica, conservan todas sus propias instituciones, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas” (OIT.1989)

[4]La Banda de Viento de Goascorán, es una emblemática agrupación, fundada según algunos ancianos a finales del siglo XIX, pero lo más importante que sus participaciones en distintas ciudades de Honduras, le han convertido en parte del imaginario cultural del país.

[5] “La Golondrina” de Narciso Serradell Sevilla, (1843-1910). Canción compuesta en 1862, autor que gozó de una vida envuelta de aventuras, nacido en Alvarado, Veracruz, México. La Golondrina, guarda un secreto al parecer el autor escondió, en un acróstico su dedicatoria. Ave querida, amada peregrina mi corazón al tuyo estrecharé, oiré tu canto, bella golondrina, recordare mi patria y lloraré…

[6] La canción fue escrita por Tony Ortiz, oriundo de Goascorán, quien además de compositor es músico, fundador de varios grupos musicales en Honduras y el extranjero.

[7] Es el nombre del municipio aledaño al río del mismo nombre. Es ahí donde han surgido, importantes grupos musicales de renombre nacional. En su parque Central se exhibe un monumento en reconocimiento al maestro de generaciones Juan Cárcamo, fundador de varios grupos musicales en Honduras.

[8] San Antonio de Flores se repite con idéntico nombre en los Departamentos de  Choluteca y El Paraíso.

[9] Es una de las aldeas de mayor movimiento comercial en Honduras, ya que cuenta con una importante inversión en rubros como la ganadería y la agroindustria. A la fecha la pujanza económica de esta aldea ha relegado a la misma cabecera municipal de Marcovia a la cual pertenece.

[10] Se trata de un instrumento nicaragüense muy sonoro, con un registro que da buena libertad para tocar melodías y sobre todo, es un instrumento completamente portable, tocado por una persona (marimbero solista). Su música es acompañada tradicionalmente de guitarra y guitarrita, a veces se le suma una quijada de burro, maracas, contrabajo pequeño e incluso una batería de pailas con cencerro. Una de las ciudades nicaragüenses que más apoya la elaboración de marimbas de arco es Masaya.

[11] Un agradecimiento a Walter Oyuela, docente del área de Artes Industriales, en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, oriundo de Liure, quién gentilmente me facilitó una serie de detalles sobre los distintos grupos musicales en su región. Similar agradecimiento al colega Héctor Leonel Aguilera Montoya, oriundo de la aldea de Entelí, Orocuina, quién realizó puntuales y valiosas apreciaciones sobre esté ensayo.

[12] En algunos municipios de sur de Francisco Morazán como Curaren y Alubaren, los esfuerzos de los músicos tradicionales se han visto recompensados con la grabación de varios CD, y que se pueden adquirir en puestos de ventas sin mayores inconvenientes con los derechos de autoría.

[13] Con este nombre se les denomina a los conjuntos de corte popular, que, desde sus muestras de talento, alientan un sinnúmero de eventos al interior de numerosas comunidades hondureñas, con mayor énfasis en del área rural.  

[14] Conversaciones con el extinto colega Manuel Isaías Hernández, quien era originario del caserío Puente Seis, en las cercanías a la ciudad de Nacaome, Valle. Sostenía que los procedimientos para elaborar instrumentos se venían heredando a través de generaciones. Igual, que había una relación de las “fases de la luna”, al momento de seleccionar las maderas que se ocupan para elaborar sobre todo violines.

[15] Es frecuente encontrar en Honduras composiciones musicales alegóricas a distintos pueblos. Algunas canciones se vuelven parte de la identidad local, así destacan “Noche de Santa Bárbara”, que fue interpretada por Los Faraones, grupo musical que alcanzó  fama nacional durante los años 70. 

[16] Jesús Valladares Alsogaray, sacerdote javeriano, de origen cubano, llegó a Choluteca en 1964. Desde siempre mostró un gran compromiso en el fortalecimiento de la cultura local. Fue el gestor de muchas iniciativas relacionadas con el engrandecimiento de la zona sur. Fungió como vicario de la catedral de Choluteca, y en sus recintos organizó una serie de grupos, y quizás con mayor incidencia la “orquesta campesina”, que a su vez alegraban las bodas campesinas. Muchos lo identificaban por su grito de alegría de "¡bravo, bravo!", con el que levantaba el entusiasmo en la población de Choluteca en la época de feria, justo cuando los cholutecas, rinden honor a la virgen Inmaculada Concepción.

[17]Diario El Heraldo, realizó un reportaje importante a manera de homenaje. Diciembre de 2008.

[18]Las bodas campesinas, son una tradición en la región Sur de Honduras, donde un grupo de campesinos escogen una fecha especial para contraer nupcias, y aunque con alguna ligera prohibición de la iglesia católica por los excesos etílicos, es allí donde el acontecimiento se aprovecha para ejecutar instrumentos de cuerda “hechizos”, y se brindan serenatas y se realizan bailes bullangueros que se prolongan hasta la madrugada.

[19] Sacabuche. El nombre Xuc proviene de un instrumento propio de El Salvador, que es elaborado con cuero de venado y una cuerda, llamado "Sacabuche", que al frotarlo produce el sonido "xuc, xuc, xuc".

[20] Instrumento musical rústico, formado por un cilindro tapado en uno de sus extremos por una piel tensa, que tiene en su centro una varilla que, al frotarla de arriba abajo y de abajo arriba con la mano humedecida, produce un sonido fuerte, ronco y monótono cantan villancicos y tocan la zambomba.

[21] Raúl Turcios, originario del municipio de Las Vegas, Santa Bárbara. Es docente de la UPNFM, y por décadas fue guitarrista de varios grupos musicales vinculados al quehacer cultural de la Universidad Pedagógica Nacional “Francisco Morazán”. Conversación en off. Marzo, 2015

[22]El tarro o calabazo pertenece a la familia de las cucurbitáceas, y se utiliza para guardar tortilla e incluso como balde para bañarse en las quebradas y riachuelos de tierra adentro.

[23] Carlos Mejía, de 84 años, elabora y ejecuta sacabuches en la aldea El Pinal, San Nicolás, entre otras cosas recuerda que sus abuelos ya ejecutaban sacabuches. Entrevista, noviembre, 2014.

[24] El concepto tribu desde la antropología clásica no es aplicable a los Tolupanes de la Montaña de la Flor,  aplica más por la tradición de como el ladino ha venido tratando de manera despectiva a los indígenas.

[25] Conversaciones con Filadelfo Mejía, profesor jubilado en Mercedes, La Paz. Entrevista realizada en noviembre del 2013.

[26] Una de las primeras estrofas dice:

Yo soy Pijullito, que ando delirando, ni porque yo soy negro, yo no tengo sed. (Al parecer no hay concordancia en el verso…) (Colaboración de José Santiago López, Támara, abril, 2016.

[27] Carlos Gómez Genizzotti era un conocedor del folklore hondureño, músico y bailador de danzas. Trabajó muchos años en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán dirigiendo el Cuadro de Danzas Folclóricas y Criollas. Durante muchos años compartió proyectos de investigación y rescate del folklor con el maestro Rafael Manzanares.

[28] Es abogado de profesión y un importante conocedor de la cultura local en la ciudad de Olanchito, departamento de Yoro, radicado en Tegucigalpa.

[29] Es el nombre del árbol: guácimo, caulote, caulote (en náhuatl), se caracteriza por ser resistente y manejable, es un árbol de mediano porte de la familia de las malváceas, nativo de América tropical.

[30] En el departamento de Santa Bárbara se han registrado una serie de Guancascos que es la máxima ceremonia donde los pueblos expresan hermandad y convivencia con altos grados de participación comunitaria. El Guancasco más renombrado se celebran entre Gualala, Ilama y Chinda; el primero se hace el 14 de enero, el segundo el 1° de febrero y el último el 2 de agosto.  Los Guancascos coinciden con la celebración de las festividades patronales de cada pueblo y además de Santa Bárbara, también se celebran en otros departamentos del centro y sur del país.

[31] Mesoamérica es el área cultural que comprende a varias civilizaciones del occidente de México y el istmo centroamericano, experimento un alto nivel de organización, una arquitectura monumental de alto nivel y una destacada organización política. 

[32] Son una familia de lenguas africanas no afroasiáticas, constituida por gran número y variedad de subgrupos, a la que pertenecen las lenguas del África central y meridional, a excepción de las lenguas-jovianas, habladas por pueblos como los hotentotes y los bosquimanos. Las lenguas bantúes, globalmente consideradas, carecen de unidad, pero tienen algunas características comunes, como el que sus palabras terminen siempre en vocal. Entre los grupos lingüísticos bantúes con mayor entidad destacan el zulú, el sotho, el suajili, el shona o el lingala.

[33] Marimba de Arco.  El experto guatemalteco Ricardo Girad, sostiene “que algunas de las primeras "marimbas" en América eran como el xilófono de pierna de Madagascar que no tenía ninguna caja de resonancia y podía generar sólo dos o tres tonos distintos, o como el xilófono de pozo, donde las mismas tablillas de madera iban colocadas sobre un hoyo cavado en la tierra para amplificar su sonido.(…) La marimba más primitiva que todavía se utiliza en Centroamérica (por primitiva quiero decir la que tiene un menor proceso de evolución) es precisamente la que se conoce como marimba de arco.

[34] En algunos periódicos, como El Cronista, El Heraldo, La Época, El Día y El Correo del Norte, se pueden apreciar una serie de imágenes, de músicos, algunas veces venidos de la vecina Guatemala.

[35] (…) Posterior a esta nota no hay noticias sobre el instrumento hasta las relativas a su interpretación (de manera individual) entre los indígenas de los cantones de San Gaspar y Jocotenango, en el pueblecito de Las Vacas y en Mixco en 1737. Si bien estas referencias la vinculan con los poblados cercanos a Santiago de los Caballeros, una década después (1747)  Paz Salgado, se refiere a un instrumento de uso regional y festivo entre los indígenas. Todo parece indicar que la práctica de la marimba se da a partir del siglo XVI en ciertos barrios y periferias de Santiago de los Caballeros, y de ahí pasa a los poblados indígenas para convertirse en un instrumento de dominio regional un Siglo después.  En relación a la descripción sobre la Marimba en Honduras es significativo de la descripción de García Peláez, de su visita pastoral a la Diócesis de Comayagua refiere un marimbero y su desempeño en la iglesia; varios cientos de kilómetros más al sur, en la iglesia de Orosi, Costa Rica, un inventario de 1785 reporta: “un violón, una marimba, tres violines y dos guitarras, además de un clarín, un tambor y dos chirimías, que probablemente eran usadas para las procesiones”; el arzobispo Agustín Francos y Monroy, un año después, en su visita a Santo Tomás de Chichicaste nango igualmente registra el instrumento en el inventario del templo; en 1813, esta vez en la parroquia de Tegucigalpa, Honduras, encontramos a Narciso Martínez, registrado como intérprete y constructor en estas labores con gran acierto; mientras que en la iglesia del Carmen se asigna el “pago de 3 pesos 1 real, por marimbero y tamborero” en un libro fechado entre 1810 y 1820.

[36] Agradezco al colega Gustavo Adolfo García, oriundo de la ciudad de Juticalpa al igual que a Doña Evalinda Rodríguez, vecina del municipio de Catacamas, Olancho, quienes me proporcionaron datos puntuales.

[37] Revista Olanchito, 1986.

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