LA ALGARABÍA DEL FÚTBOL

El fútbol es una de esas prácticas sociales con mayor identificación colectiva del mundo. Su pasión transciende fronteras, culturas y religiones. Prueba de ello son los clásicos deportivos entre Real Madrid y Barcelona, que son vistos por millones de personas alrededor del mundo, el último dato refleja que mil millones de personas vieron el partido. Esto es un indicativo de su impacto en las sociedades y la construcción de identidades simbólicas que se manifiestan a través de las prácticas y mensajes de este deporte.

De acuerdo al sociólogo Gilberto Giménez, las identidades provienen de una doble situación; por un lado está la condición de pertenencia, que expresa la adscripción al territorio, clase o familia, y por otro lado, la cualidad funcional, la que asume desde un rol de fanático, dirigente o empresario. Estas condicionantes permiten abrir un panorama en cuanto a la identificación, en principio presentamos una condición de pertenencia hacia la Selección Nacional por un sentido de nacionalidad, mientras que se puede tener un sentido funcional por admirar un equipo de otras fronteras simplemente por la calidad técnica de sus jugadores, también pueden existir otros motivos para ser fanático de un equipo.

Dadas las condicionantes del fútbol, los analistas consideran que la identificación que produce es colectiva y múltiple. Es colectiva porque es una práctica en la que varios individuos de diferentes índoles sociales se identifican entre sí, y es múltiple precisamente porque abarca muchos grupos. Explicados estos puntos, se vuelve claro por qué muchos aficionados hondureños encuentran en el fútbol un sentido de pertenencia y ven como suyos los logros de sus equipos y jugadores favoritos. En contraparte, los grupos que se identifican con ellos también sienten profundamente las derrotas, generando un ambiente de baja autoestima, un sentimiento que muchos aficionados experimentaron con la pérdida Honduras por 3 goles a 0 ante México.

Ahondado el punto de la identidad, se vuelve incuestionable que al hablar de fútbol se abarcan muchos componentes que van desde el ámbito político, económico y social. En el caso hondureño, podemos reflejar este aspecto en múltiples ejemplos como en el plano político, donde muchos candidatos a diputados utilizaron su popularidad para buscar un cupo dentro del Congreso Nacional. A nivel económico, los principales entes de financiación de los clubes son organizaciones financieras o empresas con fuerte componente económico, y a nivel social, solo podemos destacar los grupos de fanáticos que se vuelcan para asistir a un estadio y ver precisamente un partido.

Las características de reforzamiento de una identidad por parte de un deporte no son un fenómeno nuevo, ya que desde tiempos de Jesucristo los romanos experimentaban muchos de los sentimientos reflejados por los actuales aficionados; es más, la identidad romana se reafirmaba a través del deporte. Por tal motivo no es de extrañar la euforia que causa el fútbol, que sin duda tal como resaltan algunos sociólogos, es un fenómeno muy complejo que presenta una identidad cultural con fuertes componentes emotivos y con poca regulación normativa en valores, es decir, los aficionados expresan una multitud de sentimientos que van desde estrés, desilusión o amargura, y en cuantoa una interpretación de valores, no existe un reglamento explícito que permita abordar tanto la derrota como la victoria.

Sin embargo, un argumento que siempre debe ponderarse es que el fútbol es solo un deporte, y la derrota de un equipo o de la Selección Nacional no debe ser la válvula de compensación de frustraciones laborales o sentimentales. Al contrario, su dinámica debe ser interpretada por lo que primariamente es, un deporte; y como tal solo debemos justificar ciertos sentimientos, pero no acciones violentas que atenten contra los valores morales de una sociedad como la hondureña.  

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