LA CASA RAMÓN ROSA

Avenida Cervantes en donde se ve hacia el centro de la imagen el edificio que alberga a la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño que fue consumido por las llamas. Fotografía Juan T. Aguirre. Ca. 1888. Colección siglo XIX, Fototeca Nacional.

Por Paúl Martínez. Fototeca Nacional Universitaria

Al perder nuestro conocimiento del pasado, difícilmente tenemos las bases para entender nuestro presente y más complicado aún será entonces construir nuestro futuro. Las tragedias suceden, en toda sociedad estas son una posibilidad, pero muchas veces son menores sus daños si tomamos las medidas para mitigarlas, cosa que como sociedad no hemos aprendido. La fría madrugada del 30 de noviembre vio crecer un incendio de grandes proporciones en el centro histórico de nuestra ciudad capital, en este siniestro se han consumido varios comercios y destruido completamente el emblemático inmueble que albergaba las salas de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño. La historia de este histórico edificio es ya conocida, otros escritos y otros autores se han encargado de describir mejor su historia, estas líneas tienen otro propósito y es el de hacer conciencia en la importancia capital de la fotografía documental para registrar nuestro patrimonio, sea este tangible o intangible, máxime cuando este registro visual corresponde a la pérdida de patrimonio mueble como el destruido lastimosamente en el incendio de esta madrugada.

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Imagen del patio interior de la casa Ramón Rosa que alberga a la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño. 2012. Fotografía digital en formato 135 mm por Paúl Martínez.

Las razones del incendio pueden ser varias y son las autoridades correspondientes las que darán razón de ellas. Es difícil controlar estas situaciones, pero si es posible prevenir que causen daños catastróficos a nuestro patrimonio mueble. La tragedia que en esta ocasión nos golpeó pudo haber sido peor, infinitamente peor. Por un hecho fortuito para nuestra Nación, el inmueble estaba siendo sometido a un proceso de restauración, razón por la cual sus principales obras de arte no se encontraban en el edificio, así como tampoco las obras que en sus talleres de restauración suelen tener en estos procesos. No así los libros que componían su magnífica biblioteca, los cuales fueron reducidos a simple ceniza.

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Imagen del patio interior del edificio de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño la mañana del 30 de noviembre después del incendio. 2017. Fotografía digital en formato 135 mm por Paúl Martínez.

El sólo hecho de imaginar que emblemáticas obras maestras, imprescindibles para construir la historia del arte nacional se hubiesen perdido en este incendio es un pensamiento que debería poner a todo un país a reflexionar sobre la situación actual de su patrimonio inmueble. No es la primera vez que un siniestro de este tipo nos borra para siempre siglos de historia, el incendio del Palacio Episcopal de Comayagua en el año 2009 es la tragedia más reciente de este tipo, ahora se suma a esta aciaga lista la destrucción de la casa Ramón Rosa, aquella que una vez fue llamada “la casa de los amigos del país” por ser el centro de un grupo de idealistas y pensadores que buscaban desde las últimas décadas del siglo XIX construir un mejor futuro para nuestra nación.

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Gelasio Gíménez. 1989. Fotografía reversible en color formato 120 mm por Evaristo López Rojas.

La fotografía documental nos lleva a un viaje que reconstruye en su camino nuestro pasado como sociedad, sea como una nación o reconstruyendo el pasado familiar, y ese documento visual generado en cada fotografía es esencial para reconstruir esa historia tan necesaria para cimentar nuestra nacionalidad, para construir nuestra identidad colectiva. En momentos en los que el país se encuentra al vaivén de los intereses políticos, tragedias como la ocurrida pasan lastimosamente desapercibidas, ocupando apenas espacio en los medios de comunicación y siendo apenas conversación entre los pocos que comparten la pasión por el arte o por la cultura. Para un fotógrafo documental, registrar un histórico inmueble en su momento de esplendor y pocos años después ubicar un trípode para fotografiarle destruido y en ruinas es una extraña sensación de impotencia ante lo ocurrido. Pero de no existir esas imágenes perdemos mucho más, porque ni siquiera queda un registro de lo que lamentamos como perdido.

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Imagen del corredor interior de la casa Ramón Rosa que alberga a la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño. 2012. Fotografía digital en formato 135 mm por Paúl Martínez. 

Vivimos en un mundo al parecer inundado de imágenes, la fotografía hoy más que nunca esta al alcance de todos y de todas, en cámaras de todo tipo, soporte y calidad. Pareciera que la labor del fotógrafo documental ya no fuese necesaria. Nada más alejado de la realidad. La fotografía ha evolucionado tecnológicamente desde los inicios de su invención, los soportes han cambiado desde placas de vidrio sensibilizadas hasta sensores electrónicos que hacen digitalmente la captura de la imagen, todos y todas podemos hacer fotografías, pero el registro permanente y sistemático de los hechos y acontecimientos de las sociedades sólo lo hace el fotógrafo documental, aun cuando ello signifique hacer “de tripas corazón” y presionar el botón de captura en la cámara enfrente de un paisaje desolado como lo son las ruinas que ha dejado un incendio en un inmueble histórico.

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Imagen del pasillo interior del edificio de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño la mañana del 30 de noviembre después del incendio. 2017. Fotografía digital en formato 135 mm por Paúl Martínez.

Mencionamos líneas atras que dichosamente las obras de arte en custodia de la Fundación no se encontraban en el inmueble al momento del fatídico incendio. Ello es un alivio momentáneo ya que fue muy poco lo que faltó para que fuesen destruidas. Qué quedaría de ellas si este hecho fortuito no les hubiese salvado de la destrucción: la fotografía. Y si bien es cierto, sería un triste consuelo el saber que una fotografía es todo lo que ha quedado de una obra de arte es al menos eso: un consuelo. Nos permitiría reproducir esa obra perdida en libros, en catálogos o en páginas virtuales como la presente columna, y sin duda nos permitiría valorar lo que aún existe.

 

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Benigno Gómez. 1989. Inauguración de la Sociedad del Genio Emprendedor y del buen gusto. 1994. Fotografía reversible en color formato 120 mm por Evaristo López Rojas.

La casa Ramón Rosa albergaba a la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño desde el año 1997: exposiciones, publicaciones, conferencias, restauraciones y muchos proyectos artísticos y culturales más fueron desarrollados por esta Fundación. Este incendio nos recuerda el olvido de la figura del prócer decimonónico y el abandono que él sintió al momento de su muerte, esperamos que ello no suceda en este caso con el inmueble que le cobijó en vida y que ahora alberga a esta importante Fundación. Juan Antonio Medina Durón escribió en julio de 2008 una columna en honor a Rosa, la misma se titulaba “160 años después” quisiéramos cerrar esta reflexión citándola, esperando que ojalá no se repitiera nunca más esta triste historia:

«…Según Rómulo E, Durón, Rosa murió a la una de la madrugada del 29 de marzo de 1893: “Me han referido sus últimos momentos; a aquella hora, quiso incorporarse y, como no pudiera hacerlo, uno de los jóvenes amigos que velaban a su lado le ayudó a sentarse. Entonces, pasándose la mano izquierda por la frente hacia la parte superior de la cabeza, dijo: “¡Dios mío!” “¡Qué oscuridad!”. Después expiró. Me pregunto si no fue eso, entonces, una clarividencia de su parte respecto a nuestro presente.»

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 Imágenes de las salas interiores del edificio de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño la mañana del 30 de noviembre después del incendio. 2017. Fotografía digital en formato 135 mm por Paúl Martínez.

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Imágenes de las salas interiores del edificio de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño la mañana del 30 de noviembre después del incendio. 2017. Fotografía digital en formato 135 mm por Paúl Martínez.

 

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