Desigualdad social es un problema estructural que imposibilita alcanzar niveles de paz y de seguridad: Gisela Signorelli, investigadora de CLACSO

Gisela Signorelli, Clacso.

La académica e investigadora del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), Gisela Signorelli, manifestó a Presencia Universitaria, como parte de la promoción del XII Congreso Latinoamericano de Investigación para la Paz, que la desigualdad social es un problema estructural que imposibilita alcanzar niveles de paz y de seguridad que creen una vida digna.

“Esta desigualdad estructural es la que no permite que tengamos una igualdad ciudadana que permita verdaderamente pensarnos como ciudadanos en un estado garante de todos esos derechos y no solo de los derechos de las clases sociales más pujantes”, manifestó.

Durante la entrevista correspondiente a esta semana, la experta de nacionalidad argentina manifestó que América latina está atravesada por problemas de todos los niveles, desigualdades que son socioeconómicas, pero también de género y étnicas y en ese sentido significan desigualdades territoriales muy profundas, desigualdades en la forma en la que son abordadas estas poblaciones en materia de políticas públicas, con un estado ausente para poder generar algún equilibrio.

“Es muy difícil pensar la paz en este contexto de desigualdad creciente que la pandemia nos vino a poner más de frente y que si bien ha acrecentado algunas desigualdades sociales, en realidad lo que vino a hacer es mostrar las desigualdades preexistentes que hacen más difícil soportar una crisis sanitaria como la que estamos atravesando y que por lo tanto la desigualdad social como que es un problema estructural que imposibilita alcanzar niveles de paz y de seguridad que creen una vida digna.”, dijo

“Me parece que ahí es donde hay una falencia muy grande y ni hablar de cuando a eso se le suma la problemática de la violencia asociada al narcotráfico en donde entra el componente de las guerrillas o bandas que de alguna manera toman los territorios desigualmente pensados, se incorporan y de alguna manera los coartan a partir de su negocio, negocio que además es internacional y excede a la región y lo que tiene, aniquilando la vida de los jóvenes  que terminan involucrados o muertos”, añadió.

Al respecto, la entrevistada fue del parecer que la academia debe repensarse, involucrarse con lo más próximo que tenga para poder transformar junto con la sociedad, las organizaciones sociales y el propio estado, la realidad de cualquiera de los pueblos latinoamericanos, pues “la base es poder entender la complejidad de los problemas sociales, poder trabajar multidisciplinariamente, pensar la combinación de las ciencias duras con las ciencias sociales; construir con la sociedad y no desde afuera como una élite separada ni con una mirada ajena a la problemática”.

De igual manera señaló que revertir esas desigualdades que ponen en riesgo la paz y la seguridad va a llevar mucho tiempo, pero el reconocimiento y la toma de conciencia individual y colectiva, así como en el trabajo colaborativo y el involucramiento cada vez mayor de la ciudadanía para la generación de contenido y de políticas públicas y toma de decisiones representa una luz de esperanza.

“Cuando la ciudadanía se involucra es más fácil pensar en soluciones para problemas tan complejos como los que nos traviesan porque justo esa ciudadanía que se involucra, es la que vive día a día el problema de una manera más cercana y más próxima y que puede generar en ese sentido un plus valor o un valor público mayor, pensando lo común, pensando aquellas cuestiones que nos unifican y nos pertenecen, como los recursos naturales, por ejemplo, que están tan en disputa”, dijo.

Respecto al evento regional a desarrollarse de manera virtual en el mes de agosto, la integrante de la Red Sentipensante, entidad que desde su quehacer busca recuperar la idea de que los seres humanos no somos solo seres racionales, sino también seres emocionales y pensantes, una combinación de la pasión y de la razón, expresó que es un evento que tiene una trayectoria y por tanto la continuidad en sí misma ya es significativa en materia de poder hacer aportes no solo desde la academia sino también experiencias concretas de las organizaciones sociales y territoriales que desde sus espacios contribuyen a la posibilidad de un mayor avance en relación con la paz y con las cuestiones relacionadas con las desigualdades que atraviesa la región en su conjunto.

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