La ética profesional en el siglo XXI y sus principales desafíos desde la perspectiva de la doctora Rutilia Calderón

Imagen de archivo, Presencia Universitaria.

¿Profesionales con ética o profesionales éticos?, consultó a la audiencia la doctora Rutilia Calderón, integrante del Consejo de Gobierno del Instituto Internacional de la Unesco para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC), al inicio de la conferencia “Ética profesional en el siglo XXI”.

Durante el referido espacio de intercambio organizado por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), a través de la Unidad de Vinculación de la Facultad de Ingeniería, la exministra de Educación indicó que el siglo XXI plantea una serie de desafíos éticos, expresados la mayoría mediante las crecientes desigualdades y exclusiones, por lo que urge la formación de profesionales capaces de contribuir a darles respuesta.

En ese sentido, la extitular de la Vicerrectoría Académica (VRA-UNAH) resaltó que el Programa Lo Esencial de la Reforma Universitaria, como proceso progresivo y permanente, le apuesta a la formación de ciudadanos profesionales en cuatro dimensiones: científico-técnica, cultural, política y ética, con significativos avances.

“El profesional ético no se da por azar, por las circunstancias o porque se nace; hay una base de valores que se construye en la familia, en la escuela, en la sociedad, pero como universidades tenemos una responsabilidad indelegable de la construcción de valores profesionales. Llegar a ser un profesional ético es un proceso y para avanzar se requiere una mirada de mundo, desaprendizaje para incorporar nuevas prácticas, hábitos y costumbres; dedicación, observación, análisis, aprender a aprender y hacerlo en equipo”, dijo.

“El liderazgo ético ha evidenciado que la ética busca unir dos valores fundamentales: la justicia y la felicidad”, resaltó, parafraseando a la filósofa española y ganadora del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos, Adela Cortina.

En cuanto al liderazgo ético de los profesores, señaló la ética del diálogo, de aprender en comunidad, del debate argumentado, aportar para construir una institución con identidad, reconocer y actuar para aprender a lo largo de la vida.

Desafíos éticos

Entre los principales desafíos de la denominada sociedad del conocimiento, la académica mencionó el acceso a un dispositivo con una buena conexión a internet y suficiente capacidad de almacenamiento para que los estudiantes de los diferentes niveles puedan recibir una educación de calidad, pues según el Observatorio de Educación de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), durante la pandemia de COVID-19 solo el 25% de los alumnos de prebásica a media han podido acceder a sus clases en línea.

“Esto se expresa también en un impacto en los graduados y graduadas, porque ya no solo se trata de una pobreza de ingresos económicos, sino de una pobreza de los aprendizajes, sobre todo en países como Honduras donde el promedio de escolaridad es de 7.5 años”, argumentó.

“Estamos tal vez mejorando el número de personas graduadas, pero con una pobreza de aprendizaje que hace que queden excluidas de mercados de trabajo que requieren determinadas capacidades y competencias. También el mundo del trabajo presenta desafíos crecientes donde el impacto de la pandemia en términos de empleo y de subempleo que ha crecido a cerca del 70%”, continuó.

A la dificultad para acceder a una educación de calidad se le suma el poco acceso a agua potable y los desafíos éticos que conlleva el cambio climático en donde si bien es cierto se necesitan políticas globales, la evidencia ha demostrado que la organización local puede generar cambios para mitigar su impacto.

Otro de los retos es el acceso a la salud, a medicamentos y a vacunas. “Aunque estamos en un momento de sálvese quien pueda, el problema es que, si no nos salvamos todos, no se salva nadie”, dijo en referencia al porcentaje poblacional vacunado en el país y el largo camino a recorrer hasta poder alcanzar la vacunación del porcentaje de rebaño de 70%.

“No son desafíos distantes; no basta con graduarse y encontrar un trabajo. Ojo, que la capacidad de que se gradúe y encuentre trabajo ya no depende solo de su esfuerzo, sino de las respuestas que como colectivos demos a estos desafíos éticos que marcan lo que es hoy el siglo XXI”, manifestó.

“Estamos frente a una gran opción de vida individual y colectiva; optamos por una ética solidaria o continuamos con la ética del egoísmo e individualismo que ya ha demostrado que a lo único que nos lleva es a una deshumanización y a una profundización de los riesgos y problemas. Es una opción personal, colectiva y de toda la humanidad; una opción profesional, no solo del gobierno y de las autoridades”, concluyó.

A continuación, el enlace para acceder a la grabación: https://fb.watch/5hxcyFUkqV/

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