LA UNIÓN DE LOS PAÍSES CENTROAMERICANOS A TRAVÉS DEL ARTE Y LA CULTURA

Escena memorable de la obra de teatro con la cual culminaron el FICCUA en Ciudad Universitaria.

En una habitación una danzante costarricense prepara sus zapatos antes de salir al escenario, adyacente  a ella una salvadoreña repasa su coreografía en su mente. Contiguo al escenario, un grupo de teatro de Nicaragua lanza gritos y aplaude para alentar a su participante. Mientras tanto, en un extremo derecho del recinto, una delegación de artistas hondureños de pintura ingresa por una de las puertas bajo la curiosa mirada de miembros del público.

Describir la escena anterior es detallar el Festival Interuniversitario Centroamericano de la Cultura y el Arte (FICCUA), el cual se lleva a cabo del 3 al 8 de abril del presente año en Nicaragua, en diferentes sedes y ciudades del país centroamericano. Esta será la 10 edición del evento, y su predecesora se realizó en tierras catrachas hace aproximadamente dos años en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Una de las circunstancias que permiten este tipo de festivales es la convivencia entre estudiantes de siete países distintos. Durante cinco días, los artistas, literatos, danzantes y músicos compartirán una experiencia enriquecedora cargada de competencia entre pares centroamericanos, el desarrollo del arte de cada uno de los países y un tema que se vuelve primordial: la difusión cultural de las producciones artísticas de los artistas universitarios presentes.

Pero, ¿para qué sirven los festivales culturales?, ¿alguna vez se lo ha preguntado? En el párrafo anterior parece que brindamos parte de la respuesta; pero no abordamos la importancia dentro de un aspecto integral. En ese sentido, algunos autores señalan que “los festivales culturales forman parte de las estrategias de desarrollo local y regional, y de las actuaciones de regeneración urbana. Tales repercusiones pueden ser de carácter social, cultural, turístico o económico”. En valor de eso, hablar de los festivales culturales se torna interesante principalmente porque gracias a ellos, el mundo del arte, la danza, la pintura, las manifestaciones escénicas dan vida a una ciudad y abren la mente de las personas hacia nuevas ideas y  pensamientos.

Estas connotaciones implican un cúmulo de repercusiones en las que se ven envueltos artistas, público y la ciudad, y tal vez para reflejar su impacto en una frase, podemos citar al escritor italiano Umberto Eco, quien dijo una vez: “Cada cultura absorbe elementos de las culturas cercanas y lejanas, pero luego se caracteriza por la forma en que incorpora esos elementos”, es decir,  con cada FICCUA acercamos los lazos entre los artistas centroamericanos, que les permite  empaparse un poco de otra  cultura  e incorporar elementos para crecer  como artistas y como personas.

Y es que desde tiempos antropológicos, los festivales son una parte muy importante del ser humano; en este sentido, el autor italiano Alessandro Falassi destaca que gracias a ello la sociedad se impregna de una multiplicidad de formas, colores, rituales y eventos que afectan directa o indirectamente la forma de pensar de los miembros de la comunidad, afectan su visión del mundo y su identidad social.

Los planteamientos anteriores son un epílogo que enmarca la creación de los FICCUA en 1996, cuando la Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica crea el festival como una necesidad para desarrollar un encuentro que permitiera la interrelación, la proyección y la diversidad de la cultura y el arte universitario centroamericano.

Estos propósitos se cumplen y se hacen realidad con la realización de cada festival, que cada dos años reúne a los artistas universitarios. 

 

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