Macronutrientes en rambután en el litoral atlántico de Honduras

El cultivo del rambután en Honduras es una causa de divisas y empleo en áreas de manejo agronómico y exportación.

El cultivo del rambután en Honduras es una causa de divisas y empleo en áreas de manejo agronómico y exportación de la fruta, junto a la piña, el plátano y la caoba. El rambután es conocido por ser rico en ácido elágico, en corilagina y la geranina, actuando como antioxidante, antibacterial, anti-inflamatorio y antiviral tanto en su semilla como en cáscara.

Con el fin de evaluar el contenido y distribución de los macronutrientes en diferentes edades del cultivo de rambután, investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) desarrollaron la investigación científica “Contenido y distribución de macronutrientes en rambután en el litoral atlántico de Honduras”, considerando que el conocimiento sobre la cantidad y momentos de mayor exigencia de nutrientes por la planta puede ayudar a los productores a mejorar los programas de fertilización.

Los investigadores establecieron un experimento entre los meses de marzo a diciembre de 2017 en el litoral atlántico de Honduras con un diseño aleatorio con seis tratamientos y tres repeticiones. En época de cosecha se hizo la recolección de hojas, ramas, cáscaras y semillas para analizar en cada uno las concentraciones de nitrógeno (N), fósforo (P), potasio (K), calcio (Ca), magnesio (Mg) y azufre (S). Se registró en el trabajo científico que la concentración de macronutrientes difirió significativamente entre los órganos y edades de la planta, encontrando la mayor concentración de N, Ca, Mg y S en hojas, P en semilla y K en la cáscara. La concentración total (hoja + rama + cáscara + semilla) de los nutrientes registró fluctuaciones en el tiempo y aumentó la demanda de P, K, Ca y Mg en los años 2 y 3, para luego decaer en los años 8 y 10. La exigencia de N y S fue constante durante las etapas de desarrollo. Además, el N (41 %) fue requerido en mayor cantidad, seguido por K (24 %) y Ca (20 %) y, por último, P (6 %), Mg (5 %) y S (4 %).

Los investigadores concluyeron que “el contenido y distribución de los macronutrientes fue variable según la edad de la planta, por lo que pudieron identificar cuáles nutrientes y en qué momento tuvieron una mayor exigencia y el órgano vegetal donde se acumuló. La concentración de macronutrientes difirió significativamente entre los órganos vegetales y entre edades del cultivo. Se encontró la mayor concentración de N, Ca, Mg y S en hojas, de P en la semilla y de K en la cáscara”.

Es de señalar que los macronutrientes son responsables del 98% de la necesidad nutricional de las plantas por lo que el conocimiento en torno a la demanda nutricional en las diversas etapas fenológicas del cultivo causa que el productor mejore sus programas de fertilización, la sostenibilidad financiera y ambiental. La investigación fue publicada en la revista científica de alto impacto Agronomía Mesoamericana, y fue desarrollada por Breno Augusto Sosa-Rodrigues y Yuly Samanta García-Vivas.

Metodología

La investigación se desarrolló en base a plantaciones de rambután en los municipios de La Ceiba, La Masica y Santa Ana en el departamento de Atlántida. La región está caracterizada con una altitud de 20 a 70 msnm, con temperatura promedio de 29,5 ºC, humedad relativa de 95 % y precipitación pluvial media anual de 3100 a 3230 mm, según datos de la estación meteorológica de la UNAH en La Ceiba. Con el fin de estudiar el suelo experimental, los investigadores recolectaron diez submuestras a una profundidad de 0-20 cm con la interpretación de características químicas y resultados por escalas manejadas a nivel internacional.

“El suelo presentó un pH fuertemente ácido y elevado nivel de Al3+, media concentración de MO y bajo nivel de fósforo y conductividad eléctrica (CE). Entre las bases se encontraron niveles bajos de Na+, K+, Mg2+ y Ca2+. Para los elementos menores Fe, Cu y Mn los niveles fueron altos, a excepción de B y Zn que fueron bajos. En el litoral atlántico, donde se establece el rambután, es común la presencia de suelos Nitisols, caracterizados por la fuerte presencia de óxidos de hierro. Además, la concentración de aluminio es frecuentemente elevada, lo que permite identificar que este cultivo tolera la acidez intercambiable, hasta 11 Cmolc kg-1, al igual que el cacao, la yuca y la piña”, establecieron los investigadores.

Es de resaltar que la recolección de las muestras se llevó a cabo en tres fincas de productores donde había plantación de rambután de diferentes edades y variedades, teniendo una buena aceptación organoléptica en el mercado nacional y centroamericano. La unidad experimental consistió en cuatro a cinco árboles por cada etapa de desarrollo (años).

Las variables o macronutrientes analizados, nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio y azufre en hojas, cáscara de fruta, ramas y semillas, fueron analizados desde el tercer año, tomando muestras de hojas durante el crecimiento (dos hojas) con el fin de no dañar las producciones de rambután.  Se recolectaron muestras compuestas en cada punto cardinal de árboles sanos y productivos. Para el análisis foliar, o la verificación de un diagnóstico visual que permite la identificación de las deficiencias o excesos de nutrientes, se tomó la tercera o cuarta hoja, contando desde la punta de la rama hacia el tallo, luego se identificaron por órgano y se enviaron al laboratorio. La información obtenida se sometió a análisis de varianza (p<0,05) y prueba de separación de medias de Tukey (p<0,05), con el uso del software SAS versión 9.1.3.

 Descubrimientos

Para los macronutrientes N, P y K, hubo diferencias significativas entre los órganos de la planta en las distintas etapas de desarrollo. En cuanto al macronutriente N, las concentraciones más elevadas se localizaron en la hoja (20,79 g kg-1), seguidas de la semilla (14,98 g kg-1), la cáscara (10,23 g kg-1) y, en menor medida, en la rama (5,38 g kg-1). Se pudo apreciar una demanda similar del nutrimento en todos los órganos, siendo necesaria su disponibilidad en todo el ciclo.

La mayoría del P utilizado en procesos metabólicos energéticos se almacenó en la semilla (2,71 g kg-1), seguido de las hojas (1,74 g kg-1) y por último, la rama (1,12 g kg-1). En el caso del K, se registraron los mayores valores en la cáscara (11,76 g kg-1) y las ramas (7,82 g kg-1), para alcanzar la menor concentración en la semilla. El mayor reservorio del Ca se encontró en las hojas (13,84 g kg-1), para luego seguir sin mucha variación en la rama (4,94 g kg-1), en la cáscara (4,58 g kg-1) y, en menor proporción, en la semilla (1,65 g kg-1). Las hojas fueron el órgano que más acumuló Ca, registrando los mayores niveles al inicio de la etapa productiva.

Según los investigadores, para los macronutrientes N, P y K, hubo diferencias significativas (p<0,05) entre las etapas de desarrollo de la planta. En cuanto al nitrógeno, la mayor acumulación sucedió en el año 17 (14,44 g kg-1), ya que la planta posee una mayor biomasa aérea. Para el fósforo, se registraron diferencias significativas entre tratamientos. En las primeras etapas de la planta, los años 3 (1,94 g kg-1) y 4 (1,75 g kg-1), la acumulación del fósforo fue mayor en comparación con los años 8 (1,41 g kg-1) y 10 (1,45 g kg-1). Después de esas edades, la concentración a la edad más avanzada del estudio (17) se incrementó y presentó un valor de 2,13 g kg-1.

Las mayores concentraciones de potasio acumulados en los tejidos se encontraron al inicio y final de la etapa productiva, años 3 (8,32 g kg-1) y 17 (8,50 g kg-1), mientras que en los años 4 (7,16 g kg-1), 8 (7,04 g kg-1) y 10 (6,85 g kg-1), los niveles disminuyeron de forma significativa, que a la vez no difirieron estadísticamente entre sí. Para los macronutrientes Ca, Mg y S, hubo diferencias significativas (p<0,05) entre los tratamientos. La planta concentró más Ca al inicio de su etapa productiva, años 3 (7,93 g kg-1) y 4 (7,12 g kg-1), sin diferir estadísticamente entre sí, aunque la exigencia disminuyó significativamente en los años siguientes, y fue el año 8 (3,93 g kg-1) el más bajo. La acumulación en los tejidos luego se fue incrementando en los años 10 (5,23 g kg-1) y 17 (6,35 g kg-1), posiblemente por la mayor biomasa en hojas y ramas.

La acumulación del P en el rambután registró sus mayores picos al inicio de la etapa productiva, donde la formación de la estructura de la planta, principalmente el sistema radical, consume una significativa parte del P absorbido desde el suelo. Según lo expuesto en la investigación, mientras trascurren las etapas de desarrollo, los fotoasimilados, o sustancias sintetizadas a partir del CO2 y de la energía solar para la obtención de energía metabólica, ayudan a la supervivencia de la planta y se distribuyen en los distintos tejidos.

Contexto

Según la investigación, los macronutrientes son fundamentales para el crecimiento vegetativo de las raíces, los tallos y las hojas. Asimismo, en la edad productiva los macronutrientes promueven la floración, la formación de frutas y semillas, aunque en las regiones tropicales y subtropicales alrededor del 45% de los suelos sufren de una baja fertilidad natural. La acumulación de materia orgánica es limitada por los altos porcentajes de descomposición de biomasa, agregado a las prácticas de producción económica y ambientales insostenibles que desgradan el suelo. Las fertilizaciones sintéticas, si bien son de interés económico, provocan un gran impacto ambiental.

Por otro lado, es necesario finalizar con los vacíos teóricos y científicos sobre el manejo nutricional del rambután considerando que la mayoría de los cultivos (70%) son manejados por pequeños productores que sobrellevan una falta de asesoramiento técnico, altos costos de fertilización y un mínimo sistema de riego causando un impacto financiero y ambiental.

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