Mendicidad en el país aumentó con la pandemia

Nueve de cada diez personas en Honduras tendrán problemas de empleo, advierte experto (Foto: cortesía CESPAD).

Los indicadores micro y macroeconómicos muestran la situación actual del país, sin embargo, el reflejo de la deteriorada economía agudizada por la pandemia se vive día a día en los semáforos, bulevares y calles de las principales ciudades, donde familias enteras con rótulos en mano se dedicaron a pedir (mendigar).

Ángela, de 17 años, es madre soltera de una niña de 13 meses de edad, antes de la pandemia se dedicaba a la venta ambulante de cargadores, auriculares y otros accesorios para teléfonos móviles en la terminal de buses del mercado Jacaleapa en Tegucigalpa, al cerrar la economía producto del confinamiento, las unidades de transporte se paralizaron dejando a Ángela sin la capacidad del sustento diario.

En su afán de llevar ese sustento, en medio de la pandemia se dedicó a pedir “una ayuda” bajo las inclemencias del clima (a veces frío, lluvia o sol), exponiéndose junto a su hija  a los cambios de temperatura y al contagio de la COVID-19.

Esta es la realidad que viven muchos hondureños que perdieron sus medios y sus fuentes de ingresos producto de la desaceleración económica que se agudizó en el 2020, pero que desde el 2019 la economía del país ya presentaba síntomas, pues solamente creció el 2.7% más de dos puntos menos que el 2017.

La mayoría de quienes han hecho de los bulevares, las calles y las carreteras una fuente de ingresos a través de la mendicidad, afirman que desde marzo, cuando se declaró emergencia por la llegada de la pandemia al país, el Gobierno les ha llevado una bolsa solidaria en dos oportunidades, sin embargo, “Esa comida solo nos dura una semana porque es muy poca”, dice Daniela Zúñiga, mientras carga a Yamila, su bebé de cinco meses de nacida, en espera que desde los vehículos que pasan le lancen dinero.

La Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal) subraya que al 2019 el índice de pobreza de Honduras era del 55.8%, (más de cinco millones de hondureños), el país casi duplica la pobreza promedio de la región (30%), no obstante, los datos al cierre de 2019 del gobierno indican que el 61.9% de su población se encuentra en condiciones de pobreza y un 38.7% en pobreza extrema, cifras que aumentaron tras la pandemia y los fenómenos naturales Eta e Iota.

Expertos

El economista Hugo Noé Pino expone que al existir desempleo en el país, tal como se generó tras el cierre económico producto del confinamiento, la pobreza se profundiza, fenómeno que estaba afectando a 6 de cada 10 hondureños antes de la COVID-19.

Esta aseveración la comparte Sammy Castro, máster internacional en Finanzas con un doctorado en Ciencias Sociales y Economía, quien mira la situación del país desde la óptica de la ciencias sociales y económicas, desde esa perspectiva, manifiesta que la desaceleración económica provoca efectos negativos en la población, dentro de estas condiciones de vida deterioradas está la imposibilidad de tener un empleo digno y la generación de recursos para subsistir.

Ante este panorama negativo, Castro expone que muchas personas se ven obligadas a perder su dignidad al tener que salir a las calles a pedir para sobrevivir de la mendicidad.

El experto, quien además es periodista y docente de la Escuela de las Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), recordó que aún con el crecimiento del 3 y 4% anual que venía presentando, el país tenía déficit significativos en todas las áreas, por lo que avizora un escenario nada halagador después del decrecimiento arriba del -10% del año 2020 “esto tendrá efectos devastadores en la vida de muchísimas personas, incrementando la mendicidad de forma alarmante, no es algo que va a ocurrir, está ocurriendo”, lamentó.

“El aumento de personas pidiendo dinero para subsistir es el reflejo del desempleo y pobreza que atraviesa el país; 9 de cada 10 personas tendrán situaciones críticas de problemas de empleo, subempleo y subempleo abierto, afectando la calidad de vida de la población hondureña, sin posibilidades de revertir de forma significativa en la próxima década efectos devastadores que mantendrán por muchos años, esto no será fácil de recuperar”, proyectó Castro.

El catedrático universitario aconseja a las autoridades y empresa privada invertir proporcionalmente en bienes de capital más que de consumo “Honduras tendría que invertir en bienes de producción para aumentar la calidad y condiciones de vida de la población con educación, salud y servicios de certificados”, concluyó.

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