Migrantes centroamericanos, entre el sueño americano y la deportación

Contrario a lo que se esperaba con la administración de Joe Biden, miles de migrantes, principalmente de Centroamérica, comenzaron a ser expulsados de los estados Unidos, en vuelos con destino al sur de México, donde tendrán que esperar la resolución a su petición o retornar a sus países de origen.

Estas deportaciones inmediatas se enmarcan en el Título 42, aprobado en el 2020 tras el inicio de la pandemia de COVID-19, el cual niega el derecho a acceder a los procedimientos de asilo a cualquier persona que ingresa de manera irregular, a excepción de los menores no acompañados, un pequeño porcentaje de familias y unos 250 solicitantes de asilo por día.

Al respecto, el director del Observatorio de Migraciones Internacionales de Honduras (OMIH), César Castillo, explicó que si bien es cierto las fronteras de dicho país norteamericano están cerradas para nuevos migrantes irregulares, con restricciones similares a las de la administración Trump, la política de Biden está orientada a legalizar el estatus migratorio de unos 11 millones de extranjeros que ya están en el territorio, y atacar las causas del fenómeno desde la raíz, con énfasis en el combate a la corrupción y la impunidad.

Entre las miles de personas que han solicitado refugio tras haber huido de la violencia se encuentran unos 25,000 hondureños que debido a que el gobierno estadounidense sigue aplicando la misma normativa, tendrán que esperar la resolución en México para posteriormente poder ingresar de manera paulatina a los Estados Unidos.

A su incertidumbre se suman los más de 28,000 retornados a territorio hondureño durante el primer semestre de 2021, procedentes tanto de Estados Unidos como de México y Europa, 18.7% más en comparación con el mismo período del año anterior.

Mientras tanto, la agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) advirtió sobre el peligro que representan dichas deportaciones, contraviniendo el derecho internacional y los principios humanitarios de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951.

Migración como única alternativa

De acuerdo con los últimos estudios realizados por el OMIH, seis de cada 10 jóvenes tienen la expectativa de migrar fuera de Honduras al culminar con sus estudios de educación media y cerca del 35% de los retornados al país dice carecer de un proyecto de vida.

Lo anterior en virtud de como el país más violento de la región, su población se ve obligada a huir, pues si no muere a causa de la violencia y la criminalidad, muere de hambre, pues las condiciones económicas imperantes se traducen en falta de oportunidades de trabajo o condiciones precarias de este, bajos salarios que no permiten satisfacer las necesidades familiares básicas y falta de inversión en los sectores productivos por el desvío de los fondos públicos para proyectos personales (corrupción).

Aunque la intención o decisión de migrar de Honduras suele atribuirse principalmente a la violencia, inseguridad y desempleo, existen también otras motivaciones que impulsan a los hondureños a emprender una ruta migratoria.

“Si Honduras no ofrece las condiciones, la gente se va a buscarlas en otro país, por eso ante la consulta de si conoce a alguien cercano que ha emigrado, el 65% de los ciudadanos consultados dijo que sí, y cuando se les preguntó si ellos tienen planes de hacerlo, la respuesta fue positiva en el 17% de los casos. También el narcotráfico juega un papel determinante, provocando miedo en la población por el control que ejerce, al igual que las maras y pandillas”, añadió, con base en los resultados de dicho estudio”, manifestó la coordinadora del Observatorio Nacional de la Violencia, Migdonia Ayestas, en referencia a los resultados de la encuesta de percepción de inseguridad y victimización desarrollada por el Instituto Universitario en Democracia, Paz y Seguridad (IUDPAS).

“Existe una crisis permanente de desempleo, exclusión, ausencia de oportunidades y sumado a los problemas de corrupción y sobre todo impunidad, más que la misma violencia, sin embargo se descuidan dos elementos: que en una sociedad como esta para muchas familias hay una gran brecha entre la situación real en que se vive y las expectativas; el otro elemento es la desesperanza”, acotó el sociólogo Eugenio Sosa.

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