Efectos pospandemia pueden reducirse a través de la bioeconomía, sostiene experto costarricense

El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) define la bioeconomía como la utilización intensiva de conocimientos en recursos, procesos, tecnologías y principios biológicos para la producción sostenible de bienes y servicios en todos los sectores de la economía.

A criterio del experto costarricense Hugo Chavarría, dicho modelo económico basado en la producción de recursos biológicos renovables y la conversión de estos en productos con valor añadido, representa una alternativa para América Latina y el Caribe (ALC) frente a los efectos de la actual pandemia de COVID-19, principalmente los relacionados con el aumento del desempleo, la pobreza, el hambre, la subalimentación y la desnutrición.

El gerente del Programa hemisférico de bioeconomía y desarrollo productivo del IICA señaló este miércoles, durante su participación en la Semana de Economía Agrícola organizada por dicha Carrera del Centro Universitario Regional del Litoral Atlántico (CURLA/UNAH), que, a largo plazo permitiría además disminuir el impacto del cambio climático y la degradación de los recursos naturales, considerando el crecimiento poblacional.

“La bioeconomía nos permite responder a estas necesidades, poder producir más para esa población que va a ser mayor, generar empleo, promover el crecimiento, también nos permite aprovechar las potencialidades que tenemos como región; es un modelo de crecimiento que parece que se hubiera desarrollado a partir de las ventajas comparativas”, expuso.

En materia de recursos y procesos biológicos, el experto costarricense resaltó que Latinoamérica y el Caribe poseen ocho de los 15 países más diversos del mundo, 23% de la cobertura boscosa global, 28% de nuevas tierras con potencial para la agricultura y 35% de las reservas de agua dulce; además, las exportaciones representan el 14% de las exportaciones agrícolas mundiales, por lo que la bioeconomía permitiría reducir las pérdidas, desechos y desperdicios e incrementar la eficiencia, productividad y sostenibilidad.

Actualmente en la región el 55% de las frutas y verduras se pierden a lo largo de la cadena, así como 40% de raíces y tubérculos, 33% de pescados y mariscos, 25% de cereales, 20% de carnes, 20% de lácteos y 20% de oleaginosas y legumbres; en el rubro del café, los desperdicios alcanzan el 60% al igual que los residuos de caña.

Al respecto, el autor y coautor de más de 25 documentos técnicos señaló que con el referido modelo que surgió como respuesta a los retos medioambientales y sociales actuales y futuros, el crecimiento económico en cuanto a los biocombustibles podría ser al menos un 25% anual, 20% en los bioplásticos, 14% en los biofertilizantes, 12% los biofármacos y material para la siembra y 10% en biotecnología, entre otros.

Aunque se trata de un abordaje relativamente nuevo, el expositor sostuvo que ALC transita por modelos de negocio de este tipo desde hace unos 30 años y aunque países como Brasil, Argentina, Ecuador, Uruguay, Paraguay, Colombia, Costa Rica y México son líderes en aplicaciones biotecnológicas para la agricultura, bioenergías, bioquímica, aprovechamiento de la biodiversidad y agricultura de bajo carbono, las instituciones e instrumentos públicos para su promoción son de reciente desarrollo.

Con base en lo anterior, resaltó la necesidad de políticas de localización industrial, fomento y creación de mercados, estímulos financieros y fiscales, marcos regulatorios, capacidades técnico-científicas y mayor sensibilización y concientización.

La presentación completa está disponible en el siguiente video, a partir del minuto 59:

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