El resurgimiento de ideas de soberanía, territorio y nación en el período de independencia entre 1812 y 1839

Provincias Unidas de Centroamérica luego de la independencia absoluta.

El doctor Rolando Canizales Vijil, de la Carrera de Historia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), en el marco de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia, brindó la conferencia “Soberanía, territorio y nación en el período de independencia (1812-1839)”, en donde explicó que la crisis de la monarquía española provocada por la invasión napoleónica de 1808 y que derrocó al rey de España, hizo que resurgieran las ideas de soberanía de los pueblos que habían subyacido en el período colonial como un pacto tácito entre monarcas y comunidades políticas de la península y del territorio americano.   

“Esto llevó a que se produjera una fragmentación de las unidades políticas coloniales y que muchas veces cada ayuntamiento se sintiera soberano de decidir asuntos de estado como la anexión a otras entidades políticas. Por eso la independencia no fue un hecho de un solo acto” agregó.

Durante la conferencia, el catedrático universitario rememoró que la Constitución de Cádiz de 1812, emitida por las juntas de españoles y criollos, dio facilidades para que esa soberanía municipal tuviese comodidades para aparecer, pues autorizaba la formación de ayuntamientos a poblaciones de 1,000 habitantes; el 15 de septiembre de 1821 se firmó el acta de la separación de España, ante una nueva crisis que atravesaba la monarquía española que era cuestionada por sus propios soldados cansados de combatir en América del Sur.

Según el experto, esta acta no cristalizó en una independencia de Honduras, sino en la oportunidad para que México se anexara a territorios centroamericanos; el 1 de julio de 1823, luego de la caída del imperio mexicano, se hizo otra declaración de independencia que tampoco terminó en la formación de Honduras como Estado nacional, sino en la integración de este territorio en la Federación Centroamericana.

“El 5 de noviembre de 1838, el Estado hondureño decidió su separación de la Federación, entidad que funcionó hasta 1839, es entonces que comienza a cultivarse con más fervor las políticas de un Estado nacional; por tanto, la independencia fue más un proceso que un acto único y eso debido a la fragmentación política y la constante rearticulación de los pueblos soberanos organizados en municipios”, señaló Canizales.

Por otra parte, indicó que la soberanía de los pueblos también hizo que las élites criollas tuviesen que construir alianzas con diversidades de pueblos para poder dar vida a unidades políticas más grandes como la Federación Centroamericana o los estados nacionales, lo que no significó la anulación de las soberanías de los municipios, sino el reconocimiento por parte de la cultura política dominante de la necesidad de legitimar todos los actos políticos mediante alianzas y lealtades de los gobiernos municipales.

Comentó: “En otros episodios de la historia, generalmente cuando se dan crisis en los poderes centrales, se pueden reactivar las demandas de derechos de soberanía por estos; un ejemplo contemporáneo es el de las ZEDE propuestas por el gobierno central, que ha provocado una nueva crisis política y ha hecho que muchos municipios, haciendo uso de conceptos parecidos a los de la soberanía municipal del período de independencia, se declaren libres de ZEDE o de la minería. El hecho de que se reconozca la autonomía de los municipios es una herencia de ese período de independencias”.

Asimismo, destacó el papel de Francisco Morazán en la lucha contra un poder externo que amenazaba la idea de una soberanía centroamericana, la intromisión de Gran Bretaña en la región que controlaba territorios como Belice, Islas de la Bahía y La Mosquitia hondureña y nicaragüense.

El catedrático mencionó que Morazán suscribió una contrata en 1835 con el gobierno hondureño para comerciar madera de los bosques de una zona entre San Pedro Sula y Yoro, el Congreso hondureño decidió ampliar su concesión para que abarcara un área extensa de La Mosquitia; con ello pretendió reafirmar la soberanía pues esta era disputada con Gran Bretaña, y la concesión a Morazán, por tanto, fue una estrategia para consolidar soberanía.

En cambio, las concesiones de finales del siglo XIX y las del siglo XXI son pensadas para debilitar la unidad política nacional, pues transfieren potestades esenciales del Estado como la fiscalidad, la impartición de justicia y la vigilancia del territorio a entidades privadas.

“Esto no solo significa la práctica cesión de territorios, sino el debilitamiento del sentido de soberanía nacional y el de ciudadanía cívica, ya que las personas son vistas como simples consumidores o clientes, pero no como ciudadanos que forman parte de una comunidad política con intereses comunes”, consideró el historiador.  

Noticias relacionadas:

Comentarios