“Perdí la vista pero no la visión”: Franklin Hernández desarrolla su vida desde otra perspectiva

Franklin Hernández tocando la batería.

Establece tus metas, vence los obstáculos y no dejes que nada te impida cumplir tus sueños.  

La Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula (UNAH-VS) te sorprende una vez más con historias que motivan, en esta ocasión nos complace presentarte en nuestro segmento Puma de la Semana, a un joven ejemplar, visionario y lleno de voluntad.  

Nos referimos a Franklin Ovideo Hernández Dubón, estudiante de Psicología, quien aprendió a ver la vida con otros ojos. Su historia comienza un 23 de octubre de 1993, fecha que marca el día de su natalicio; siendo un bebé llenó de alegría a la familia Hernández Dubón, convirtiéndose en el único hijo varón de la pareja. 

Franklin tiene dos hermanas: Greisy e Izamar Dubón, con quienes mantiene una comunicación amplia y saludable: “Bueno, tenemos una relación de hermanos”, expresó entre risas.  

Su decisión de estudiar Psicología fue gracias a su capacidad de escuchar y ayudar a las personas, en especial a quienes más lo necesitan; se define como una persona altruista. 

Contó que cuando estaba niño, en primer grado, no le gustaba ir a la escuela, deseaba quedarse en la barbería de su padre; en una ocasión, mientras caminaba con su papá, encontraron un hombre barriendo la calle y él quedo viendo curiosamente, de repente escuchó a su padre decir: “¿Querés quedar como él?, es un trabajo y es digno, pero vos te merecés mucho más”. Franklin recalca que desde ese momento comprendió la importancia del estudio y reflexionó a pesar de que era un niño, se esforzó por sacar buenas notas. 

Cambio inesperado 

En el 2007, a sus catorce años, su vida dio un giro de 360 grados a raíz de una hemorragia interna. “Recuerdo que estaba en séptimo grado y me dio un sangrado interno en el ojo derecho, eso me ocasionó un desprendimiento de retina; en un colapso de 6 meses iba perdiendo la vista, hasta quedar ciego”, memoró Franklin. 

También mencionó: “Mi infancia fue normal, entre juegos, andar en bicicleta y regaños, no me quejo. Pero en mi adolescencia todo fue diferente, al quedar ciego no disfruté como los demás, no podía salir ni tener novia, pasaba en citas con doctores y salas de cirugías. A pesar de todo, lo más importante fue que logré sobrellevar la situación, fue terrible, pero con la ayuda de Dios y mi familia pude avanzar”.  

Aunque para sus padres fue muy difícil, ya que se vieron en la obligación de sacar préstamos para pagar las operaciones, narra que en algunos momentos sus progenitores se atribuían su ceguera, y eso le afectó. 

Otra circunstancia que lo entristeció fue la venta de su bicicleta. “Yo amaba andar en bicicleta y cuando vieron que ya no podía utilizarla decidieron venderla, aparte necesitaban el dinero; fue uno de los momentos más duros porque vendieron lo que más apreciaba”, comentó con cierta nostalgia el futuro psicólogo. 

Perseverancia

Sin embargo, su condición no lo detuvo, Hernández es un joven con muchos sueños y talentos, también se ha propuesto varias metas, entre ellas terminar la carrera, desempeñarse en su área y si es posible estudiar en el extranjero. 

Además es músico. Toca la batería desde los doce años, aprendió junto a su mejor amigo, siendo autodidactas. Desde entonces asiste a la iglesia y brinda sus servicios como músico no solo al grupo de la iglesia, sino a los jóvenes que están interesados en aprender el arte. “Yo les muestro los parámetros necesarios para tocar la batería, no les cobro”, recalcó el joven de 25 años.  

Otro de sus pasatiempos favoritos es leer, le gustan los libros de suspenso y de ficción, también le gusta proyectarse en la sociedad, ha brindado charlas a niños en riesgo social y actualmente trabaja en una fundación que ayuda a las personas con ceguera. 

Adaptación y comunicación 

Siempre se ha encontrado personas dispuestas a ayudarlo. “Cuando quedé ciego me contaron sobre una fundación que orienta a personas con visión disminuida y ceguera, asistí y ahí me instruyeron en la movilidad, me enseñaron a utilizar el sistema Braille, la regleta, el punzón, pero sobre todo me dieron ánimos y ayuda psicológica. Me adapté a la ceguera y me di cuenta que habían oportunidades para mí”, añadió Hernández.  

Sus amigos han sido de bastante apoyo, especialmente porque le han ayudado a ser independiente, lo tratan como una persona común. En la Universidad se ha encontrado con compañeros que han sido comprensibles, pero también personas que no tienen mucha empatía, a pesar de eso, él siempre interactúa con los demás. 

Narra que uno de sus mayores retos en la Universidad del Valle de Sula ha sido aprenderse el campus de memorian le falta conocer varios edificios, sin embargo, se moviliza con normalidad en los edificios que frecuenta. 

“Un día iba subiendo las gradas y de repente una muchacha chocó en mi hombro y exclamó '¡púchica, y es que usted no se fija!' y yo entre risas le contesté: 'No, no me fijo' y le mostré el bastón, ella como apenada me respondió '¡disculpe!'”. 

Su comunicación por las redes sociales es peculiar, utiliza una aplicación que los teléfonos smartphone traen incorporada, es un sistema de lectura de pantalla que permite a las personas con ceguera y visión reducida la interacción con el dispositivo mediante comentarios de voz. 

“Una vez lo llamé por celular y traté de cambiar la voz; quería hacerle una broma, sin embargo, me reconoció y me decía riéndose eres Elena, a  no me engañas”, contó Elena Espinoza, amiga de Franklin.  

Espinoza es amiga de él desde el colegio, cuenta que Hernández siempre se destacó por sacar buenas notas, por su espíritu alegre, entusiasta, emprendedor y curioso. 

“Lo que más admiro de él es que sigue estudiando, a pesar de su discapacidad, él viaja solo; cuando me decía que entraría a la U yo siempre pensé en ¿cómo le hará?, y fue sorpresa para mí encontrarlo en la Universidad”, comentó Espinoza. 

Franklin es sin duda un orgullo Puma. “Perdí la vista pero no la visión, muchos chicos tienen vista pero no visión, yo les aconsejo que sigan su vocación y no se den por vencidos, porque somos capaces”, aseveró el amable y carismático estudiante de Psicología, quien a pesar de las adversidades no se rinde y siempre trata de dar la milla extra. 

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