«PHILOMENA», CINE DE CALIDAD PASA FUGAZMENTE POR SALAS HONDUREÑAS

Si hay una película que hay que ir a ver en este momento, esa es “Philomena”, del director británico Stephen Frears. Tan buena es la cinta, que ha resultado incómoda para el sector más conservador de la Iglesia católica nacional, cuyas tijeras, mucho menos activas que en el pasado, no es que se olvidaron de cortar.

Al margen de cualquier polémica de índole religiosa, el espectador no debe acudir al cine esperando “La última tentación de Cristo”, “Teorema”, ni siquiera “Las hermanas de la Magdalena”.

“Philomena”, que cuenta con una maravillosa Judi Dench y un siempre mordaz Steve Coogan, es una historia basada en el drama real de Philomena Lee, una ex enfermera irlandesa cuyo hijo, producto de un embarazo en su adolescencia, es entregado en adopción, contra su voluntad, por las monjas del convento donde residía.

El filo de la historia, que es reconstituido por el periodista inglés Martin Sixsmith (protagonizado por Coogan), revela pasajes muy oscuros del clero irlandés – distintos a los clásicos de pederastia – como ser la explotación laboral de jóvenes en condiciones de extrema pobreza y la venta en adopción de niños y niñas.

Tragicomedia con ironía

De una historia sórdida como ésta, se esperaría una película densa, un drama negro y deprimente, sin embargo, la obra de Frears, posible solamente gracias a las actuaciones de Dench y Coogan, es una tragicomedia, salpicada de ironía, de comprensión, humildad y ternura.

Para el espectador hondureño, cuya radiografía espiritual suele ser tan compleja, esta obra invita a una reflexión inteligente, que exhibe y critica los dogmatismos pero sin caer en posiciones dogmáticas, algo a lo que no invita nuestro medio. El tema de fondo no es cuestionar la religiosidad de las personas, sino la manipulación e irresponsabilidad de las instituciones religiosas frente a las personas que confían en ellos.

Por otra parte, también explora el vínculo de filiación madre-hijo-patria, tan próxima a la realidad nacional.

Esta película, de aparición “milagrosa” en las salas locales (tres en Tegucigalpa, una en San Pedro Sula), ha sido el mejor regalo cinematográfico de comienzos de año. Antes de que sea retirada de las carteleras, habría que correr a verla.

Les compartimos el trailer de la película:

 

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