Suzanne Marshall. Una visión desde la mirada de un niño

Por Paúl Martínez. Fototeca Nacional Universitaria

El pasado martes 11 de septiembre, en las instalaciones del Centro de Arte y Cultura (CAC-UNAH) de nuestra Universidad, se inauguró a las 6:00 PM una exposición fotográfica de la artista estadounidense Suzanne Marshall. La muestra consta de 53 imágenes impresas en las tradicionales técnicas de la fotografía, lo que convierte en algo especial a la exhibición ya que nos muestra procesos históricos de esta disciplina ahora casi en el olvido, al menos a nivel de país lastimosamente. Quisiéramos invitar a la comunidad universitaria y a toda la sociedad hondureña a visitar la muestra, en ella podrá admirar el color mágico del blanco y negro en sutiles tonalidades que sólo el proceso químico de tratamiento del papel le podrían dar. Compartimos a continuación el texto curatorial que acompañó la muestra y que nos explica de mejor manera la misma:

Los niños y niñas de Honduras suelen ser objetos fotográficos la mayoría de las veces, es común encontrar imágenes en donde son parte de la composición o pueden ser el tema central de la misma, pero son a fin de cuentas un elemento más del registro documental, captados por el ojo artístico de un adulto que anhela encontrar en la niñez esa imagen que le imprima sentido a su gira de campo o pretende ser una especie de transmisor de un mensaje infantil hacia el mundo adulto. Grato es encontrar una visión diferente de ese tema, y la hemos encontrado en las imágenes de Suzanne Marshall. Simplemente la artista ha bajado su mirada y disminuido su estatura, para desde el visor de su cámara apreciar el mundo desde la altura en que la visión de un niño le mira. Parece sencillo, pero lograrlo no lo es. Implica que los niños acepten ese intruso en su mundo infantil y le permitan captar su vida con la cotidianidad que podemos admirar en cada una de sus fotografías. 

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Captadas en el año 1986, este registro fotográfico ha esperado largo tiempo para poder admirarse en nuestro país, pero en ocasiones las esperas valen la pena y en esta oportunidad así ha sido, primero porque la artista ha donado a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras sus obras y ha sido el Centro de Arte y Cultura quien ha merecido el honor de custodiar y difundir este importante legado. Y segundo, porque esta espera nos ha permitido valorar en mayor medida su creación, desde el tiempo en que ha sido realizado este registro documental a nuestros días, mucho ha cambiado en el mundo tecnológico de la fotografía, originalmente fue hecho en película negativa en blanco y negro, con cámaras del llamado formato mediano, más conocido como 120 mm y ahora podemos admirarle en copias en papel fotográfico e impresiones digitales ampliadas en la presente exposición. 

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Para quien no esté familiarizado con la práctica de hacer fotografía en película, se le dificultará entender la complejidad de realizarla, máxime cuando es fotografía de campo en donde la inmediatez es la norma para captar la imagen, en ocasiones, si el documentalista espera un minuto, el suceso que deseaba retratar simplemente ha desaparecido de su visor. La facilidad moderna de captar imágenes ha creado también una especie de velo que impide a la sociedad actual valorar en su justa dimensión la creación de un banco de imágenes como el que puede admirar en esta exhibición. La artista ha donado 53 copias fotográficas realizadas a través del proceso químico convencional en papel brillante, de estas, treinta y una son tamaño 8x10 y veintidós son 11x14 pulgadas. 

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Una selección de ellas se ha enmarcado para compartirle en esta sala con la comunidad universitaria y la sociedad hondureña, de seis fotografías más se han realizado escáner en alta resolución y se ha ampliado un detalle de las mismas para presentarles también. Esperamos que esta muestra que retrata una pequeña parte de la niñez hondureña nos haga reflexionar sobre su actual situación, dos párrafos atrás mencionamos que mucho ha cambiado la fotografía entre 1986 y el presente 2018, y si bien es cierto, pese a su escasez de medios, los retratados en las imágenes no parecieran ser seres tristes, es una realidad que viven en condiciones desfavorables para su crecimiento personal, económico y social, esa triste verdad es la que lastimosamente no ha cambiado en nada desde el momento en que han sido realizadas estas fotografías y nuestros días. Quizá la sociedad moderna debería hacer lo que Suzanne Marshall hizo para poder retratar estos niños en Gracias: ponerse a la altura en la que ellos y ellas admiran nuestro mundo adulto.

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