Tegucigalpa necesita una planificación urbana participativa que valore en primer lugar al ser humano

En conmemoración al aniversario número 443 de la ciudad de Tegucigalpa, es preciso preguntarnos cómo ha sido el desarrollo de la ciudad en términos de planificación urbana; un aspecto nada esperanzador para sus habitantes, según conocedores del tema.

Los registros de los primeros asentamientos señalan que Tegucigalpa fue una urbe que creció sin organización metropolitana; su fin económico principalmente fue el desarrollo de las minas, cuya población inicial se dedicaba a la explotación de ese mineral en la época colonial.

“Si uno se fija en cómo es la topografía de la ciudad, nos damos cuenta que es completamente irregular, y siempre fue un desafío desarrollar políticas urbanísticas”, comentó el historiador y asistente de dirección del Centro de Arte y Cultura (CAC), Daniel Medina.

El experimentado historiógrafo consideró además que Tegucigalpa necesita una planificación urbana sumamente participativa, que valore en primer lugar al ser humano, estimando que la infraestructura y el concreto no siempre son sinónimos de progreso.

“No es posible que en pleno siglo XXl y con la cantidad de agua que se produce y recolecta, no tengamos la posibilidad de que toda la población pueda acceder al vital líquido, ese es uno de los factores de mayor riesgo para los capitalinos”, opinó Medina.   

En ese sentido, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) concluyó en un informe que, si en los siguientes 50 años las autoridades de Tegucigalpa no hacen nada por el tema del agua, estaremos condenados a vivir prácticamente en el desierto. 

Para el conocedor de la historia, en los últimos años se ha considerado a los árboles y las áreas verdes como enemigas del progreso, poniendo como prioridad a los vehículos, aun y cuando son un ente sumamente contaminante para el medio ambiente.

“Es evidente que algunas avenidas que en su momento fueron espacios públicos con muchos árboles y vegetación ahora están repletas de concreto y completamente despobladas de arbustos”, agregó.

 Antecedentes

En la época colonial el desarrollo urbano estaba caracterizado por su trazado con estilo damero, a través de cuadrantes, cortados de manera rectangular y distinguidos por tener una plaza mayor en el centro, la iglesia en el lado este, la alcaldía en el lado norte, y las principales casas residenciales se encontraban en el sur y oeste; así era el principal entramado que tenían urbanamente las ciudades coloniales españolas y un ejemplo perfecto  de ello es la ciudad de Comayagua.

En el caso de Tegucigalpa, su topografía irregular ha sido un desafío para desarrollarla urbanísticamente, la ciudad fue creciendo de manera desordenada; entre escalones que es muy típico de las áreas mineras.  

En esta época existía un poblado cercano a este asentamiento de Tegucigalpa, que fue la Villa de Comayagüela, habitada por indios que se dedicaban a la agricultura, quienes también sostenían la minería en este poblado que se fue desplegando a lo largo de tres siglos de la colonia.

Ya en la época independiente se concreta una de las infraestructuras más importante para ambas ciudades; el puente Mallol en 1821, estructura que unía a Tegucigalpa y Comayagüela, muy importante para dar mayor unión y vitalidad a los dos poblados.

“Desde la época colonial hasta buena parte de la época independiente, Tegucigalpa no es la capital del país, sino Comayagua; sin embargo, Tegucigalpa tenía un estatus muy fuerte de ser catalogada como alcaldía mayor, este estatus administrativo le daba cierta independencia y cierta gestión de las finanzas y de interacción directa con la capitanía general de Guatemala”, comentó el historiador.

Tegucigalpa siempre fue considerada como una ciudad progresista, al contrario de Comayagua que fue una urbe más conservadora. En la ahora capital de Honduras se asentaron muchos criollos, descendientes de españoles en América, quienes tuvieron un sentido más profundo de pertenencia sobre la ciudad.

Medina destacó que Tegucigalpa no tiene un acta de fundación, “no tiene un año específico de fundación porque nunca fue fundada, lo que se está celebrando el día de hoy no es específicamente la cédula real, sino que se conmemoran los primeros hallazgos de habitantes en el poblado de Tegucigalpa, y además por la celebración de San Miguel Arcángel, que es el santo patrono de la ciudad”, detalló.

En 1575 se registran los primeros asentamientos de las personas que habitaron en lo que hoy llamamos Tegucigalpa, hay estudios que analizan que Tegucigalpa sí tenía algunas poblaciones cercanas, pero no específicamente en lo que hoy llamamos el centro histórico.

Ya para mediados del siglo XlX se comienza a gestar una de las primeras políticas para generar tratados urbanos en la ciudad, teniendo como primer tema la construcción de un camino o carretera trazada específicamente para la creación de calles; en 1845 se da el primer boceto de las calles más importantes de ambas ciudades, esto por las necesidades de acrecentar la comunidad y para conectar a los poblados mineros más cercanos.  

A partir de 1883, con la Reforma Liberal en Honduras se comienza a generar una política mucho más fuerte y visible del desarrollo urbano en Tegucigalpa, desde ahí podemos ver una infraestructura urbana mucho más perdurable y que todavía se percibe hasta nuestro tiempo, manifestó Medina. 

Agregó “es ahí cuando comienzan a generar equipamientos urbanos que no habían sido dado en otras épocas, y además se empieza con él una política que fue el ajardinamiento de las plazas, hay un cambio en las formas de percibir el espacio público en la ciudad”.

Las plazas se convirtieron en parques, añadiendo árboles y jardines, con idea de prados franceses e ingleses; los denominados reformadores liberales Ramón Rosa y Marco Aurelio Soto aplicaron en su momento algunas ideas de países europeos, en el sentido de transformar la ciudad, fue ahí cuando se trasladó la capital de Comayagua a Tegucigalpa (1880).

“Se fueron cambiando también los nombres de algunas plazas y parques, buscando la transformación urbana con la idea de dar una ideología secular laica del Estado y también con la idea de construir una nueva nación, desligándose de todos los atributos conservadores de la Iglesia”, indicó el experto en historia.

Para el siglo XX, una de las transformaciones más notables se dio en el gobierno del general Tiburcio Carías Andino, quien generó varios procesos de modificación urbana, por ejemplo, la construcción del Estadio Nacional, el Aeropuerto Toncontín y varios inmuebles de edificios institucionales para el Estado.

En esos años se dio la pavimentación de las principales calles de la ciudad y la trasformación de parques y espacios públicos.

Noticias relacionadas:

Comentarios