Un buen diagnóstico permite una mejor intervención para corregir las malformaciones mandibulares

La realización de tomografías axiales, la toma de radiografías panorámicas, efectuar estudio fotográfico, hacer uso de técnicas como el análisis de Grummons, de Thilanders, cefalometrías y gammagrafía ósea (todas ellas enfocadas en la medición del cráneo e identificar cualquier afección o malformación en los huesos), como contar con un historial clínico, son parte del procedimiento que debe seguir un odontólogo para brindar un diagnóstico y tratamiento certero, en beneficio de aquellos pacientes que están pasando por una malformación de su rostro.  

Lo anterior lo dio a conocer Nadia Irías Fúnez, especialista egresada de la Universidad El Bosque de Bogotá, Colombia, a través de la conferencia “Hiperplasia condilar mandibular, diagnóstico y tratamiento de sus implicaciones, funcionales y estética”, en el marco del Primer Congreso Virtual Multidisciplinario de la Facultad de Odontología, evento que se desarrolla a través de la plataforma de Cisco Webex.  

La expositora citó a Robert Adams como la primera persona en utilizar el término de hiperplasia condilar en 1836, mismo que describe como el crecimiento excesivo del cóndilo mandibular (borde superior de la quijada y que se conecta al cráneo mediante cartílagos) que desarrolla una significada deformidad funcional y estética.  

“Muchos de los pacientes que cursan por una hiperplasia mandibular pueden presentar dolor a nivel del trastornos de la Articulación Temporomandibular (ATM, por sus siglas en inglés), pero ¿qué es la hiperplasia condilar? Es el crecimiento no neoplásico, que afecta tanto el tamaño como la morfología del condilar mandibular, generando un desarrollo excesivo del cóndilo unilateral o bilateral, lo que lleva al desarrollo de asimetría facial, desviación mandibular, maloclusión y disfunción articular.  

Asimismo, compartió con el auditorio los principales tipos de hiperplasia condilar, identificados en dos grandes grupos: la hiperplasia elongación hemimandibular (EH) que se puede observar una desviación lateral de la mandíbula y con un plano oclusal sin alteraciones a nivel horizontal; y las hiperplasias hemimandibulars (HH) que se caracterizan por la hiperplasia de las tres porciones mandibulares (cóndilo, rama y cuerpo) y un plano oclusal alterado; clasificadas en dos grandes grupos hiperplasia cóndilar tipo I e hiperplasia tipo II, respectivamente.  

En la presentación, la conferencista demostró diferentes estudios de casos clínicos atendidos por el doctor Cristóbal Quevedo Ruiz, con el fin de explicar que la mala simetría en el rostro de un paciente no siempre se puede atender mediante el uso de aparatos ortodónticos (popularmente conocidos como brackets o frenillos), sino que deben ser atendidos interdisciplinariamente, donde se requiere de una intervención quirúrgica.  

Dentro de los casos presentados por la doctora Irías, mostró a una mujer que a simple vista se le podía ver una malformación facial bastante pronunciada, en la que describió que el odontólogo, en ese tipo de casos, puede intuir que se está al frente de una patología de un tumor a nivel del cóndilo mandibular, mismo que se debe corroborar con la realización de todos los estudios antes mencionados. 

La panelista, aprovechó la ocasión para rendir tributo a uno de sus tutores en su especialidad, el doctor Omar Vega, cirujano maxilofacial colombiano, quien falleció por culpa del COVID-19 y finalizó con la presentación de un estudio de caso en el que se atendió en la consulta de cirugía maxilofacial, un joven de 16 años que presentaba problemas al momento de realizar el movimiento de mordida y porque por las mañanas sentía un dolor en su mandíbula, a quien se le identificó en primer lugar que presentaba una desviación mandibular hacia la derecha, problema que venía arrastrando desde los 13 años.  

“La hiperplasia condilar muchas veces es una patología autolimitante, donde el paciente puede presentar que esta malformación se puede detener, y tiempo después volverse a reactivar sin motivo alguno que nos dé algún indicio, es decir, es una patología multifactorial que comienza sin decirnos qué es lo que lo está provocando”, agregó la experta.  

Sobre este caso, la experta resaltó que uno de los determinantes para someter a una cirugía correctiva a un paciente adolescente, debido que está en su proceso de desarrollo, es que mediante el método de gammagrafía ósea (análisis de los huesos) se determine si la persona llegó a la cúspide de su proceso de crecimiento.  

“La cirugía quirúrgica que se le realizó a este paciente fue una condilectomia alta (extracción de uno de los bordes superiores de la quijada y que está conectado con el cráneo mediante cartílagos)… como ya lo habíamos mostrado, la oclusión dental (forma en que una persona cierra su mordida) de este paciente, presentaba un overjet negativo (donde los dientes superiores sobresalen de los dientes inferiores) de unos cuatro milímetros, misma distancia del desplazamiento mandibular que presenta mi paciente, y eso quiere decir que al momento de hacer la condilectomía, la mandíbula se moverá hacia atrás del lado afectado y eso me va a dar a mí un cierre de los dientes estable”, señaló Irías.  

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