A pesar de su parálisis cerebral, Milagro está a punto de concluir sus estudios universitarios en la UNAH

Para trasladarse de un edificio a otro, su padre le ha brindado su apoyo incondicional.
Un andador para movilizarse, más de 10  intervenciones quirúrgicas, un diagnóstico de parálisis cerebral y múltiples obstáculos físicos, psicológicos y sociales no le impidieron a María del Milagro Urquía Herrera emprender el camino de la educación y aspirar a un mejor futuro laboral y una digna calidad de vida.
De niña su sueño fue caminar libremente, pero lamentablemente su condición física no le ayudó para alcanzar esa ilusión, ahora está a punto de egresar de la Carrera de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).
Milagros es la menor de 6 hermanos y durante su gestación su madre no se dio cuenta que estaba embarazada, por lo que desatendió  los cuidados prenatales. Su progenitora era una mujer de la tercera edad y consideró que los padecimientos de su embarazo eran síntomas de la menopausia. 

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“Mi madre confundió los síntomas del embarazo, ella se dio cuenta de mi existencia cuando entró en labor de parto a los 6 meses y dos semanas del embarazo; obviamente me faltaban tres meses para nacer, entonces debido a que ella no se dio cuenta no tuvo los cuidados prenatales adecuados”, contó la futura psicóloga.
Seis meses de gestación tenía María del Milagro cuando nació, en condiciones de bajo peso y con serios problemas del corazón, sin embargo desde su nacimiento el apoyo de sus padres y hermanos fue incondicional y gracias a ese amor logró superar esa etapa crítica en la que por algunas semanas estuvo a punto morir, sin la oportunidad de demostrarle al mundo su espíritu de lucha, superación y coraje para enfrentarse a tantas dificultades.
“Mi madre sufrió depresión posparto, tenía que monitorearme las 24 horas del día y ella estaba consternada por la noticia y la culpa de pensar que debió haberse cuidado; mis hermanos se encargaban de mí; conforme pasó el tiempo y llegué a los 6 meses de edad, mi madre se dio cuenta que no era activa como los demás niños y decidió hacerme un chequeo médico, en el cual me diagnosticaron parálisis cerebral infantil”.
Para la madre de Milagros, aceptar su desconocimiento fue muy difícil “sobre todo porque mis padres ya eran de la tercera edad en ese entonces, pero luego tuvo que enfrentar el reto, vio que yo tenía capacidades para aprender y decidió meterme a un lugar especializado”, comentó Milagros.
Después de varios años de estimulación física y educativa, al cumplir 5 años de edad ya podía leer, restar, sumar, dividir y multiplicar en primeras cifras, “mi mamá siempre estuvo pendiente de mi estimulación y que yo aprendiera las letras y los números”, añadió.
Herrera consideró que su vida infantil fue buena “en el sentido de que siempre fui muy amada y afortunada por mis padres, tenía muchos juguetes y era consentida, pero era porque estaba dentro de mi núcleo familiar”.
Al ingresar a la escuela comenzó a sentir y vivir la indiferencia de algunos niños y de ciertos maestros “y me fui dando cuenta de manera dura y cruel que la vida no era tan bonita ni tan perfecta fuera de mi casa”, valoró.
Al cumplir 10 años sufría mucho de depresión y de bullying de sus compañeros, pero sobre todo de sus maestros: “Lo que más me dolía era la educación que tenían los docentes, quienes no tenían la preparación adecuada para saberme tratar, incluso yo sufrí abuso físico por parte de los maestros debido a su ignorancia de no saber realmente cómo tratarme”, contó.
Durante su vida estudiantil pasó por muchos colegios, sin embargo los últimos 4 años de su educación básica los cursó en el Instituto Mery de Flores, “cuando entré al colegio las cosas cambiaron, hasta egresar del bachillerato Técnico en Computación y Ciencias y Letras, y para ese tiempo las cosas iban mejor”.
Sus compañeros del colegio tuvieron más aceptación y una mejor inclusión; en esa época se sentía mejor con ella misma, asimiló la posición en la que se encontraba teniendo que adaptarse felizmente a su estilo de vida.
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Por otra parte comentó que debió priorizar sus estudios ante su condición de salud, lo que le obligó a perder varias terapias y citas, “mi doctor me ha regañado muchas veces, porque he llevado al límite mi cuerpo, me he descuidado y he abusado, dice que le tome más importancia a mi carrera que a mi salud”.
¿Qué te motivo a ingresar a la Universidad y estudiar Psicología?
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Sinceramente me motivaron mis padres, porque cuando salí del colegio quedé mentalmente agotada, dado que son padres de la tercera edad, mi objetivo era trabajar porque mi madre tiene muchas enfermedades.
Soy la única de mis hermanos que ingresó a la Universidad y que posiblemente egrese; mis padres me motivaban y me decían que si entraba a la Universidad tendría mejores oportunidades en este país que no tiene las condiciones adecuadas para todo tipo de personas, los cuellos políticos influyen a la hora de conseguir un empleo y a veces no importan los títulos, pero de igual manera son un plus que te ayudan a sobrevivir en esta sociedad materialista, estudiar en la universidad fue más el sueño de mis padres que el mío.
Estuve motivada por hacer felices a mis padres, yo tenía otros sueños que lastimosamente no se ajustan a mi realidad nacional;  me inspiré a sacar la Carrera de Psicología porque ese bullying que sufrí por parte de mis compañeros y maestros de la escuela tenía que ser por una razón, yo me propuse, me prometí a mí misma y le prometí a mi niña interior que iba a hacer todo lo posible para que ningún niño, con o sin discapacidad, sufriera de bullying, agregó.
Mi sueño es ser la mejor psicología clínica infantil, me encanta trabajar con niños, amo estar y compartir mi tiempo con los niños, son los que me dan  la mayor satisfacción de mi carrera. Me ayuda también la motivación de ayudar a los niños que sufren este tipo de condiciones.
¿Dónde realizarás tu práctica profesional y cuál es tu proyecto de tesis?
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Realizaré mi práctica profesional en el Centro de Psicología Comunitaria de la UNAH, frente al edificio J1.
Nuestra tesis lleva por nombre “Entrénate para soñar” y la ejecutamos con la colaboración de la organización sin fines de lucro Amor, Fe y Esperanza (AFE), que brinda educación y alimentación a los niños que viven en el crematorio municipal de Tegucigalpa, es decir niños que viven en extrema pobreza y su manera de sobrevivir es trabajar recolectando la basura.
Nosotros en la clase de Ejecución y Elaboración de Proyectos, consideramos que era necesario que además de que los niños tuvieran comida y educación, también tuvieran un lugar en donde se les pudiera brindar atención psicológica, entonces inauguramos una aula de recursos que se llama “Entrénate para soñar”, que cuenta con todos aspectos psicológicos necesarios para brindar una atención psicológica, evaluaciones, consejería, orientaciones vocacionales y consejo para los padres de familia; estimulación temprana, porque AFE atiende niños desde los 2 meses de edad hasta los 20 años.
También damos estimulación temprana a los niños pequeños y evaluaciones psicoeducativas a los niños en edad escolar, que como sabemos tienen muy poca estimulación, entonces el aula recurso les va a brindar bases de apoyo para que AFE pueda trabajar todos esos aspectos.
La meta a futuro es tratar de cambiar la estructura de su pensamiento porque la idea de estos niños es que solo eso puede hacer, piensan que no hay más opciones en la vida, entonces la visión de este proyecto es demostrarle a los niños que ellos tiene la capacidad de cambiar sus estilos de vida mediante una buena estimulación, una buena alimentación como base y una buena educación.
¿Cómo lidiás con la inclusión y la indiferencia de las personas en las instalaciones de la UNAH?
Una de las cosas que más me molesta es lidiar con la indiferencia de la gente. La población universitaria no respeta las señales que indican la prioridad para las personas con discapacidad, se estacionan en las aceras y rampas.
Esas situaciones me ponen muy molesta, porque la gente me ve en el andador y el elevador va lleno de personas que no tienen problema, sin embargo cierran la puerta y se van sin mí,  yo les digo si yo pudiera, caminaría.
Me gustaría que los compañeros fueran más conscientes y dejaran que los ascensores los usáramos las personas que realmente los necesitamos, por respeto y solidaridad.
Después de terminar tu carrera de pregrado en la Universidad, ¿cuál es tu prioridad?
Dado que tengo parálisis cerebral y la condición de  la misma es un estado vegetativo completo, sin embargo gracias a las terapias físicas y las múltiples cirugías que tengo, que son más de 10, he logrado cierto movimiento en el cuerpo.
Mi cerebro tiene ciertas áreas que se encargan del movimiento corporal muy afectadas y no puedo ser al 100% funcional, mi prioridad es realizarme una operación, esta cirugía se llama el ataque del tiburón, es una de las cirugías más letales porque es un proceso bastante largo, te ponen clavos y tornillos y pasan meses tras meses con yeso y te quedas inmóvil de la parte inferior del cuerpo.
Después de que te quitan el yeso, el proceso de recuperación es muy doloroso y requiere mucho esfuerzo.
Después de tantas cirugías, uno de los efectos secundarios fue un fuerte dolor de rodillas, cuando ingresé a la Universidad era novata y no sabía cómo era el traslado de los edificios. Por mis estudios fui deteriorando mi condición de salud y subía las gradas en muchas ocasiones.
Se supone que esta operación reducirá el dolor, se supone que este procedimiento me va a servir para mejorar las condiciones de vida de mi edad adulta, en cuanto a resistencia y reducción de dolor.

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