UN PAÍS QUE NO REGISTRA SUS IMÁGENES, NO EXISTE

Escena de la película "No hay tierra sin dueño", del director hondureño Sami Kafati

Los estudiantes escuchan atentos al profesor en la cátedra de cine documental, una de sus frases impacta en los alumnos: "un país que no registra sus imágenes, no existe". Bajo ese principio el docente de cine y productor de audiovisuales, Servio Tulio Mateo, ha guiado a muchos estudiantes en clases como Guión de Medios Audiovisuales o Cinematografía Documental en la Universidad Tecnológica Centroamericana (Unitec). Su metodología de enseñanza se refleja en la producción audiovisual de sus alumnos. 

La intención de Servio Tulio es enseñar la importancia del registro audiovisual: "siempre se lo digo a mis estudiantes, 'el corto que hagamos, ya sea de ficción o documental, es un corto que creamos y que ahí va a estar para siempre'. Es decir, ¿cuándo muere un documental? ¿Cuándo muere una película? ¿Cómo se entierra un documental? No se entierra, uno lo lanza y ahí se va a quedar para siempre".

A pesar de que el cine hondureño no compite con continuidad en las carteleras de los centros comerciales, los cineastas y realizadores hondureños  tienen muchos proyectos en camino y otros finalizados, eventos como el Festival Ícaro de Cine en Honduras lo demuestran.

 

El registro de la realidad
Ese trasfondo de historicidad que es inherente al documental lo diferencia de los reportajes televisivos y lo convierte en un elemento importante como fuente de información. "Sólo ponte a pensar", reta Servio Tulio, "¿qué pasa si nosotros no tuviéramos un álbum de fotos de nuestra niñez?"; y es que los recuerdos de esos tiempos junto a la familia y los amigos, en la escuela o los paseos, son un tesoro para el que los tenga. "Entonces, igual con un país. Si nosotros no vamos registrando nuestras historias, documentales o de ficción, el país no tiene un registro visual y el no tenerlo es no existir en ese mundo. El comunicólogo, el periodista, el cineasta, debe ser consciente que lo que está haciendo va formando parte de la memoria audiovisual de un país", explica Mateo.

Que la historia contada no sea de incidencia nacional no determina su vigencia y capacidad para ligarse a los sentimientos del público. Uno de los ejemplos es el documental "El Pelón", protagonizado por José Benigno Quiroz, un personaje legendario entre las 48 generaciones egresadas del Instituto Salesiano San Miguel que lo conocieron mientras trabajó ahí. Hoy, que "El Pelón" falleció y es recordado por muchos, este cortometraje de 13 minutos le rinde homenaje y el video en Youtube tiene ya más de 21 mil reproducciones.

 

De la realidad a lo posible
A pesar de la juventud de los realizadores, las piezas cinematográficas tienen un alto valor conceptual, en parte guiado por el docente, como dice Mateo, porque "no todos los jóvenes son superficiales y a veces caemos en ese estereotipo; pero hay jóvenes con muchas inquietudes y toca pensar qué espacios les hemos para que se expresen".

Incluso, los cortometrajes realizados han dado una nueva perspectiva que contradice el estereotipo de estudiante de universidad privada, percibido muchas veces como desconectado de su realidad. Los temas abordados en los documentales incluyen no sólo los incluidos en esta nota, sino otros como diversidad sexual, las "barras bravas", suspensión corporal, y otros.

En cambio, los cortometrajes de ficción son realizados de guiones que Mateo selecciona entre las opciones que sus estudiantes le presentan. Una vez más, los muchachos demuestran que la realidad puede evocarse y, como ficción, tomar una nueva forma para ser plasmada en pantalla. Para el caso, "Calcetines Rojos" es una historia en la que ficción y realidad se entrecruzan en un guión inspirado en los secuestros y asesinatos de Rafael Alejandro Vargas, hijo de la Rectora de la UNAH y su amigo Carlos Pineda, además de lo ocurrido con el periodista Alfredo Villatoro.

 

La formación y la documentación del cine
Los realizadores de estos cortometrajes son estudiantes de una carrera cuya titulación final es en comunicación y no de cine; un área que todavía no se encuentra en las instituciones de educación superior del país. A pesar que el mercado aparenta no tener espacios para los cinematógrafos, Mateo ha visto como una mayor cantidad de estudiantes deciden especializarse en el extranjero en este área. Incluso, considera que si no se crea una Escuela de Cine, por lo menos "en carreras como periodismo se podría tener un énfasis en la producción audiovisual o cinematográfica porque son ramas con muchos aspectos en común. Además, un periodista con una sensibilidad cinematográfica, a mi criterio, es un mejor periodista".

La importancia del cine en Honduras no radica sólo en su producción, sino la importancia de los productos audiovisuales como documentación histórica. Documentales como el de Francisco Andino después del Huracán Mitch, el de Katia Lara sobre el golpe de Estado de 2009, o el de Oscar Estrada sobre la masacre en el centro penal de El Porvenir son ejemplos de materiales que sirven para historiadores actuales y futuros. Además, si Honduras cuenta con un grupo significativo de realizadores, lo más lógico es que existra un lugar, como una cinemateca o videoteca nacional, en el cual almacenar y poner a disposición de la ciudadanía el registro histórico audiovisual producido en el país. Este es un objetivo que la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) trabaja con el cineasta francés, radicado en Honduras desde hace muchas décadas, René Pauck.

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