Un soplo de vida a la piedra y al metal

Por Paúl Martínez. Fototeca Nacional Universitaria

Mario Zamora Alcántara nació el 3 de agosto del año 1920 en la ciudad de Tegucigalpa. Sus padres, don Cornelio Zamora y doña Lolita Alcántara, eran originarios de Danlí, departamento de El Paraíso. Vivían en el barrio La Hoya de la ciudad capital, en donde un pequeño inquieto mostraría su inclinación al arte desde sus tempranos años. María Guadalupe Carías, en un artículo titulado “El escultor Mario Zamora Alcántara”, que fue publicado en la revista Extra, Año XIII, No. 2-176 en el año 1978, nos ilustra sobre esos primeros años del artista en su propio testimonio, Mario Zamora afirmaba en la entrevista que:

“Desde muy pequeño me gustó dibujar, me pasaba la vida haciendo monitos. Mi profesora en el Colegio Inglés de Guatemala descubrió mi vocación por el dibujo cuando yo apenas tenía tres años. En el Liceo Hondureño, que dirigía la Srita. María Luisa Herradora, donde cursé la primaria, me tenían que quitar el lápiz de la mano en las clases de lectura para que no desatendiera. Cuando pasé a la Escuela Normal, anexa al Instituto Nacional, cada tarde al terminar las clases me iba a la Escuela de Bellas Artes. ¡No lo creerás, pero en la Escuela Normal me aplazaron en dibujo! Fue mi tío, don Antonio Ochoa Alcántara, quien me colocó de aprendiz en la Escuela de Bellas Artes con el escultor español José Bauxanlí.”

De esas primeras inquietudes y según su propio testimonio, ha sido por iniciativa de su tío Antonio Ochoa Alcántara que ingresaría a la Escuela Nacional de Bellas Artes. Vicisitudes de la vida política nacional hicieron que la familia Zamora-Alcántara abandonara el país y se radicara en Nicaragua, en donde el joven escultor siguió su formación artística de la mano de maestros como Genaro Amador Lira. Es en Nicaragua en donde expondría sus obras por primera vez, sucedió en la Exposición Anual de Arte Nicaragüense en donde además obtuvo el Primer Premio y sendos elogios a su creación. Hacia la primera mitad de la década de los 40, al radicarse en México en busca de mejores opciones para refinar su arte, comienza a trascender como artista, quizá la realización de la escultura de María Félix para la producción de la película “La diosa arrodillada” le aportaría esa fama necesaria muchas veces para poder avanzar en el mundo del arte, ello sucedía en 1947. Antes de finalizar esa década, en 1949 y 1950, Zamora obtendría el Primer Premio en las exposiciones colectivas de León y Guanajuato, respectivamente.

El año de 1950 viaja a Roma, a la Academia de Belle Arti, en donde recibe la instrucción de Selva Calori y Giovanni Ardini. Ahí perfecciona su manejo del mármol y participa en la Exposición Latinoamericana, además de realizar varios encargos como ser el monumento a José María Aguilera, destacado geólogo de nacionalidad mexicana. De hecho, el busto de mármol del destacado maestro Pedro Nufio que realizaría Mario Zamora en 1954 lleva en su firma la ciudad de Roma, lo que indica posiblemente que debió realizarse en su estadía en dicha ciudad. Este busto se encuentra en una de las esquinas del parque Centenario de la ciudad de Danlí. Este busto fue develado en el mes de mayo del año 1955.

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Busto de Pedro Nufio en el parque Centenario de la ciudad de Danlí, El Paraíso. Fotografía digital 135 mm por Paúl Martínez, 2012.

En el año 1956, el artista concluyó el bajo relieve en bronce titulado “Alegoría Morazánica” mismo que fue inaugurado el día 15 de septiembre de 1957. Según notas de prensa de la época, el artista inicio su instalación en el edificio del Palacio Legislativo desde el mes de febrero y ya para julio, el Diario Nacional en su edición del sábado 27 de ese mes, informaba en uno de sus titulares de portada: “Bajo relieve monumental se instaló ya como exorno del edificio del Palacio Legislativo” “Morazán estadista” es el título que dió a la obra la referida noticia, que en una de sus partes decía:

“Hemos encontrado al artista encaramado en un andamio dirigiendo personalmente la instalación de las pesadas planchas de bronce, pues el vasto conjunto ha tenido que acoplarse en varias secciones…”

Esta monumental obra de 6x5 metros nos muestra a Morazán en el centro de la composición, es una interpretación artística que reúne cinco personalidades fundamentales en los inicios del período independiente, Morazán pareciera ilustrarles en sus ideales, al frente del grupo y delante de un mapa de Centroamérica rodeado de batallas triunfales y enemigos hermanos vencidos.

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Bajo relieve en bronce instalado en las paredes externas del Palacio Legislativo, Tegucigalpa. Fotografía digital 135 mm por Paúl Martínez, 2010.

Hacia la segunda mitad de la década de los 50, Mario Zamora realiza un conjunto de cinco esculturas en mármol que estaban destinadas a embellecer los bajos del Palacio Legislativo. Cada obra representa distintas actividades que retrataban de cierta manera la nueva visión que debería transmitir el inmueble que se hallaba en construcción. Una escultura dedicada a la industria, la educación, la agricultura y el trabajo. Una quinta obra representaría al comercio, misma que no se aprecia ahora en el sitio indicado para instalarles y se encuentra en el patio central de la Escuela Nacional de Bellas Artes en Comayagüela. Al inicio de este escrito podemos admirar la obra que simboliza el trabajo y que nos demuestra la destreza técnica y el refinado gusto estético del artista que lograba transmitir vida a cada una de sus creaciones. Mario Zamora refiere en una entrevista del año 1968 su enfado ante la eliminación de esa obra dedicada al comercio, y su preocupación porque no quedase simplemente abandonada a su suerte, tal como él la encontró a su regreso a Honduras:

“Me dio cólera -dice Mario-; pero más fue mi tristeza. ¿Qué pensarían los extranjeros de nosotros? ¿Qué somos unos ignorantes o unos salvajes?”

La entrevista la realizó Manuel Gamero, se titulaba “Diálogo con Mario Zamora” y fue publicada en la revista Extra, año III, No. 33 del mes de abril de 1968. Para aquellos que piensan que en la mayoría de las veces el artista obtiene una cuantiosa ganancia cuando realiza este tipo de proyectos, valga la presente referencia publicada en la misma entrevista para desmentir esa falsa percepción:

“Mario Zamora Alcántara, para trasladarse a Honduras y hacer aquellas estatuarias, había perdido, al final, su casa en México, su automóvil y gran parte de sus clientes. No obstante esto, aquel año no le habían dado aquí el Premio del Arte, porque a alguien se le ocurrió decir que estaba ganando mucho dinero, cuando a la sazón casi mataba de hambre a su familia”.

 

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El artista Zamora posa junto a la escultura de Nezahualcóyotl que se encuentra en el parque Matlazin, en Toluca, México. Fotografía anónima publicada en la página 9 de la revista Extra, No. 2-176, Año XIII del año 1978

Mario Zamora refiere que uno de sus obras más emblemáticas es la que realizó de Nezahualcóyotl, ubicada en el parque Matlazin, en Toluca, México. En ella admiramos al Tlatoani de Tezcoco, sentado en un trono pétreo, su mano izquierda sobre la rodilla y su derecha sostiene su adusto rostro de la raza de cobre, como avizorando el incierto futuro del México indígena a la llegada de los primeros colonizadores españoles o quizá componiendo uno de los tantos poemas que han hecho célebre su nombre como digno representante de la altiva nobleza mexicana antes de la llegada del conquistador europeo. Acolmiztli Nezahualcóyotl representa al soberano ilustrado de la América precolombina, nació en el año 1402 y ascendió al trono en 1431, siendo fiel continuador del desarrollo cultural iniciado por su padre Ixtlilxóchitl el Viejo. En sus cantos y en sus poesías meditaba sobre la búsqueda de la divinidad y el destino del ser humano, la fragilidad de la existencia humana y la inconsistencia del recuerdo y la memoria que dejamos en la tierra, en uno de sus poemas pareciera retratar a cabalidad el destino incierto del arte y del artista que al paso de los años ve disminuida su presencia en la memoria colectiva de nuestros pueblos:

Como una pintura /nos iremos borrando. / Como una flor / hemos de secarnos / sobre la tierra. / Cual ropaje de plumas / del quetzal, del zaguán, / del azulejo, iremos pereciendo, /iremos a su casa.

Tomado de “América antigua”, de José Luis Martínez. “Como una pintura nos iremos borrando”. Romances de la Nueva España. Traducción: Ángel María Garibay.

Nezahualcóyotl fallece el 28 de abril del año 1402, ese mes de abril que tantas luminarias nos ha arrebatado. La tradición cuenta que William Shakespeare falleció el día 23 de abril del año 1616, aunque en realidad la fecha corresponda al calendario juliano vigente en Inglaterra en el momento de su deceso, lo que haría que en el calendario gregoriano sea su fecha de fallecimiento en los primeros días del mes de mayo. De Miguel de Cervantes Saavedra conmemora la tradición su fallecimiento también el día 23 de abril, en cuyo honor se realiza cada año el Día del Idioma Español. En el pasado 2017, otro fatídico 23 de abril fallece en la ciudad de México quien ha sido considerado el mayor representante de la escultura nacional: Mario Zamora Alcántara. Azares del destino marcan ese día a lo largo de los últimos cinco siglos de historia como fecha de pérdidas irreparables, pero solo han partido sus cuerpos físicos, sus obras nos quedan en donde cada día que deseemos admirar a los maestros podemos encontrarles ahí, viviendo en su imperecedero legado artístico. Cada vez que admiramos una obra del maestro Zamora, podemos conversar con el alma del artista que dejo una parte de ella plásticamente grabada en cada mármol y en cada bronce al cual sus manos prodigiosas les han conferido vida y que les han transferido también esa pequeña parte de su espíritu.

 

 

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