El mundo necesita una humanidad consciente

Francisca Ponce, abuela de la estudiante de Periodismo Gibelly Flores.

El panorama del mundo es un caos y la muerte observa constantemente desde el palco. No hablaré de cifras ni de estadísticas ni de probabilidades, ya que estas podrían estar cambiando en lo que escribo esto; así que, esta vez, escribiré sobre aquello que es imposible para los animales e intangible para el ser humano como la consciencia.

Últimamente, he escuchado decir que se acerca “el fin del mundo”, solo me imaginé a los que pasaron la peste negra o los que pasaron la Primera y la Segunda Guerra Mundial, pensar en lo mismo, pero quizá esté más cerca el fin de la humanidad, que del mundo.

Este tiempo nos debe servir para reflexionar en que el mundo no nos necesita, nosotros necesitamos del mundo; nos ha bastado unos cuantos días de cuarentena para extrañar caminar por las calles, hacer las compras del supermercado, tomar el transporte público, desayunar baleadas en la esquina o ir a beber el café de la cuatro después del trabajo, cosas que en su momento presentaban una importancia insignificante en nuestras vidas, ahora son anhelos, más que el carro o casa, el televisor o el teléfono que habíamos  planeado comprar este año.

Sin embargo, también podemos tomar consciencia de lo mucho que debemos trabajar en nuestra relación con las personas con las que vivimos en casa, ya que los hogares de las familias hondureñas no se caracterizan principalmente por ser una “esfera de tranquilidad y serenidad”, lastimosamente; nuestra familia es con la que menos convivimos en nuestro día a día, así que justamente, tenemos este tiempo para forjar lazos y apoyarnos en esta situación tan desalentadora.

Creo que si fuéramos conscientes de lo efímera que puede ser nuestra existencia, aprovecharíamos el tiempo y lo invertiríamos en cosas realmente productivas y no tan banales, apreciaríamos a las personas que hacen que nuestro día tenga un poco más de sentido, amaríamos sin miedo y reiríamos sin taparnos la boca, nos preocuparíamos por cuidar de nuestra salud y la del planeta.

No deberíamos necesitar catástrofes naturales, pandemias ni estar al borde de la muerte para volvernos seres humanos conscientes, tolerables y solidarios; tendría que bastar con el hecho de compartir el mismo espacio y vivir de los mismos recursos como el agua, el oxígeno, el sol, la noche y el amor.

En conclusión, lo único que tenemos seguro en esta vida es la muerte, sin duda, de ella nadie se va a escapar, debido a esto es importante reflexionar en las consecuencias positivas y negativas de nuestras acciones para llegar a tener una consciencia productiva de nuestro entorno, el mundo no necesita seres humanos egoístas, individualistas, intolerantes e indiferentes. Es momento de que seamos responsables y tomemos nuestra existencia en serio y darle a la vida sentido propio, aprender a “sembrar para cosechar”, para poder disfrutar del buen fruto, ya que no venimos al mundo a ser eternos o inmortales.

*El presente artículo, es parte del trabajo práctico de la clase de Periodismo de Opinión de la Escuela de Comunicaciones de la UNAH que imparte la docente Melissa Amaya.

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