Vendedor de pupusas al amanecer, catedrático con doctorado al anochecer

El catedrático universitario posa orgulloso junto a su progenitora, Rosa Linda Miranda.

Conoce de memoria las calles empedradas de Santa Rosa de Copán, vio a la ciudad crecer desde cuando la modernidad invadió e hizo de ella la Sultana de Occidente de hoy, ha visto miles de amaneceres, envidiablemente del brazo de su madre, y un canasto de pupusas calientes entre manteles para vender... así es Evelio Miranda, el vendedor de pupusas por la mañana y catedrático con doctorado al anochecer en el Centro Universitario Regional del Occidente (CUROC).

La tradición de vender pupusas fue una respuesta a la precariedad en que creció, comenta, pues de niño los ingresos que generaba su padre no eran suficientes para sostenerlo a él y sus otros dos hermanos.

“Dentro del marco más honorable y honrado que existe, fue el gran inicio en el que la familia tuviera por lo menos asegurada la comida del día”, manifiesta Miranda, con un rasgo de nostalgia en su voz al recordar un pasado distante, pero tan actual como hoy.

Creció junto a sus hermanos, turnándose para que a su madre no le faltara apoyo en la venta de las pupusas, el canasto siempre ha estado en buenas manos, resguardando una de las delicias culinarias de occidente, no importa si son de quesillo, frijol, chicharrón, loroco o quiletes, siempre han sido hechas con esmero de las manos de doña Rosa Linda Miranda.

“Soy el menor de los tres -hermanos- y quizá por eso no pude trasladar el legado a alguien más”, dice entre risas.

Pasó por la Escuela Manuel Bonilla durante su primaria, y luego en el colegio tuvo que trasladar su jornada por la noche, para poder seguir vendiendo junto a su progenitora, pues en sus inicios la sobrevivencia de la familia dependía de la venta de esta popular comida.

Al menos, 35 años han pasado desde que hizo de la venta de pupusas una extensión más de su ADN, de su identidad, de establecer un vínculo indestructible entre su madre y él, una especie de complicidad mutua, como si se tratara de un ritual, toman el canasto cada amanecer y deciden que el amor se demuestra también de esa forma.

Su actualidad

Actualmente Evelio Miranda se dedica a tres cosas: la primera de ellas es la docencia en la UNAH; la segunda, es investigador para la Dirección de Investigación Científica Universitaria (DICU), y la tercera,  claro, vendedor de pupusas.

“Actualmente soy becario de la DICU, desarrollando mi cuarto proyecto de investigación, docente y tratando de que el negocio de las empanadas siga operando”, manifiesta el también ingeniero agroindustrial, el primero en graduarse de esta carrera en el CUROC.

Cuenta además con un Doctorado en Proyectos por la Universidad Mexicana (UNIME) y coordina también una carrera.

Momentos difíciles

Una de las cosas más difíciles a las que se ha enfrentado según relata, es cuando en algún momento alguien ha tratado de faltarle el respeto a su madre.

“Yo aprendí que las personas se mueven en función de sus pretensiones e intereses, y cuando ven que alguien no puede ofrecerles algo, o no representa una conveniencia, no tratan ni bien ni mal, simplemente no lo tratan, hay una terrible indiferencia”, expresa con pesar, pues algunas veces han visto a su madre como “alguien que mendiga y no como alguien que comercia”, comenta.

Además, afirma que en algún momento ha vendido pupusas a alguien en la calle y luego en su papel de profesor se los ha encontrado en la Universidad por la noche, y eso les resulta algo “chocante”.

Por ahora el catedrático universitario continúa recorriendo desde la calle Real Centenario hasta el Copán Galel, ofreciendo las pupusas, ya no por dinero, sino por el placer de caminar junto a su madre, para recordar sus raíces y la esencia de lo que representa como ser humano.

 

 

 

 

 

 

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