LUCES Y SOMBRAS EN LA AMÉRICA CENTRAL DEL SIGLO XIX

14 de Noviembre del 2017

Por Paúl Martínez. Fototeca Nacional Universitaria

“Hallábame á la mitad de la carrera de nuestra vida, cuando me ví en medio de una oscura selva, fuera de todo camino recto. ¡Ah! ¡Cuán penoso es referir lo horrible é intransitable de aquella cerrada selva, y recordar el pavor que puso en mi pensamiento! No es de seguro mucho más penoso el recuerdo de la muerte. Más para hablar del consuelo que allí encontré, diré las demás cosas que me acaecieron. No sé fijamente cómo entré en aquel sitio: tan transtornado me tenía el sueño cuando abandoné la senda que me guiaba. Más viéndome después al pie de la colina, en el punto donde terminaba el valle que tanta angustia había infundido en mi corazón, miré a lo alto y ví su cima dorada ya por los rayos del planeta que conduce al hombre seguro por todas partes.”

Así iniciaba Dante Alighieri (1265-1321) La divina comedia, curioso comienzo de un libro ahora ya épico, y podríamos decir también que curiosa cita para iniciar un escrito que trate de ilustraciones del siglo XIX sobre la región centroamericana. Pero en realidad no es tan extraña la razón de citarle, al comenzar cualquier proyecto de investigación que busque encontrar razones para los acontecimientos políticos, sociales o culturales de ese casi desconocido siglo para nuestra historiografía -máxime en el tema de la historia del arte-, pareciera nos encontráramos como el poeta: apresados enmedio de una profusa y espesa selva que pareciera no tener una salida posible. Las sombras de nuestra historia parecieran pesar más cuando nos asomamos al siglo XIX y observamos en él las luchas e intrigas que frenaron en gran medida el desarrollo económico y social de los países centroamericanos. Pero al igual que Dante, estudiando y comprendiendo la historia de ese siglo también podremos admirar al final de esa oscura selva un atisbo de luz que nos guíe hacia el conocimiento de un período de tiempo que es clave para comprender nuestra historia como naciones independientes.

 

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Procesión del Santo Entierro en la ciudad de León, Nicaragua. Ilustración del libro “Explorations and Adventures in Honduras” de William V. Wells, publicado por Harper & Brothers, Publishers en 1857, página 85.

 

En la península itálica del siglo XIII los “Negros” y “Blancos”, los “Güelfos” y “Gibelinos” o Ravena contra Venecia, no eran disputas ni razones muy diferentes a las esgrimidas por “serviles” o “liberales” de la América Central del siglo XIX. Igual historia repetida en distinto escenario y con distintos protagonistas. Existe una razón más para iniciar esta introducción con la cita de Dante e incluir también la ilustración que le acompaña: la obra de Gustavo Doré (1832-1883). Es el siglo XIX, el período que marca un antes y un después en la edición masiva de libros, los avances en materia de producción gráfica son vertiginosos, y la demanda de material ilustrado que acompañase a las obras se volvió una constante dando paso a los inicios de una próspera industria editorial. Este avance de la tecnología en las artes gráficas permitió tiradas masivas y la consolidación de una floreciente industria editorial que requería y fomentaba a la vez la participación de artistas profesionales en el arte de la ilustración y el grabado.

Sería Gustavo Doré uno de los mayores exponentes de esa élite artística de ilustradores que con sus habilidades crearían obras maestras que hasta la actualidad no han sido igualadas. Su inclinación hacia las técnicas clásicas de la estampa xilográfica creó toda una escuela que incidió en el gusto popular hacia este tipo de impresos en la segunda mitad del siglo XIX. Doré logró lo que pocos ilustradores que le antecedieron pudieron conseguir: reconocimiento y notoriedad. Antes de Doré, por lo general los ilustradores eran anónimos, artesanos al servicio de una empresa editorial que al recibir una remuneración por su trabajo, perdían el reconocimiento y el crédito por sus creaciones. Entre las obras más emblemáticas de Doré se encuentran: “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha” (1863, 120 láminas), la “Sagrada Biblia” (1865, 131 láminas) y “La divina comedia” (1871, 135 láminas), llevan en cada una de las ilustraciones su firma en la esquina inferior izquierda, como lo manda la norma editorial de la época. Hacia el lado derecho, en su esquina inferior el grabador o burilista dejaba su firma, en los tres libros anteriores, la mayoría de los tacos xilográficos fueron obra de Héliodore-Joseph Pisan (1822-1890) quien acompañaría a Doré en distintos proyectos.

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Ilustración del desembarco en el Cayo, publicado en el artículo anónimo “Scraps from an Artist's Note-Book, The Carib Settlements”, No. LXXXVI, vol. XV, julio 1857, Harper's New Monthly Magazine, página 146.

Parecerá curioso que la Fototeca Nacional custodie ilustraciones, siendo su propia nomenclatura la que indique que su dedicación debería ser hacia fondos fotográficos, pero no debemos olvidar que la fotografía como invención mecánica es reciente (en relación a otras disciplinas artísticas como la pintura, la escultura o la cerámica). La primera fotografía conocida se logró apenas en 1827, si la revisamos bien pues diríamos que estamos frente a un tibio acierto técnico o estético, pero que si nos ponemos a pensar que era la primera prueba que resultó, pues de ese casi olvidado pedazo de papel se derivó la creación de una de las más súblimes disciplinas artísticas y toda una revolución del arte y la sociedad que se generaron paralelamente al desarrollo de la fotografía.

La reproducción masiva de una imagen fotográfica o de una pintura a mediados del siglo XIX era técnicamente imposible, se podía hacer a través de una litografía, pero esto implicaba la impresión de una obra dibujada o pintada directamente sobre las planchas de piedra caliza que cumplían la función de ser la matriz de impresión de esta técnica. Dicho en otras palabras, si deseaba cien copias del “Nacimiento de Venús” de Botticelli, debía pagar a un copista experto para que una a una las realizará con pintura y pincel sobre un lienzo. Ahora podemos encontrar reproducciones impresas a tamaño real de casi cualquier obra cumbre del arte universal, pero a mediados del siglo XIX la historia era otra, la reprodución de tonos continuos se logró hacía la última década de ese siglo y aun así habían serias limitantes en esos impresos, por lo que la industria editorial recurría a las ilustraciones para acompañar sus escritos, poco a poco, la fotografía y la industria de las artes gráficas se fueron desarrollando exponencialmente, hasta que llegado un momento, los fotógrafos reemplazaron a los ilustradores, los dibujos pasaron al olvido dando lugar a la fotografía como técnica ideal para ilustrar cualquier publicación.

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Mercado de Omoa. Ilustración del artículo anónimo “Scraps from an Artist's Note-Book, Omoa: Picturesque and incidental”, No. LXXIX, vol. XIV, diciembre 1856, Harper's New Monthly Magazine, página 24.

 

“Puede parecer extraño que un estudio que trata de la historia centroamericana dependa sobremanera de los archivos de fuera del área. Por supuesto, una de las razones para que ello sea así fue la anarquía del período en cuestión, lo que contribuyó a la extensa dispersión de la documentación respectiva. Además, el incendio desastroso ocurrido en 1889 en San Salvador destruyó prácticamente los archivos de la República Centroamericana, y luego hubo otras catastrofes, como el terremoto e incendio nicaragüense de 1931, los cuales redujeron más el volumen de la documentación disponible -una letanía de desgracias bien conocida de los cronistas de los anales centroamericanos. Hechas algunas excepciones -que pronto se señalarán- el material ha sido sumamente escaso; la mayor parte de éste ha ido a parar a manos de particulares o vendido a instituciones extranjeras […]”

El párrafo precedente lo escribió Mario Rodríguez en sus conclusiones -escritas a manera de ensayo bibliográfico- en su libro “Chatfield, Cónsul británico en Centro América”, una obra de obligada lectura para todos aquellos que deseen entender el nacimiento y consolidación de las naciones centroamericanas en sus primeros años de vida independiente. Y a similar reflexión podría fácilmente concluir todo aquel que lea y admire los escritos e ilustraciones que aparecen en la presente publicación. Todas estas imágenes -alrededor de las cuales giran los artículos de este libro-, han sido producidas por artistas extranjeros y han sido reproducidas de revistas y libros escritos por viajeros y exploradores a su paso por la América Central de la segunda mitad del siglo XIX. Las razones son múltiples y similares a las expuestas por el Dr. Rodríguez en su cita: las fuentes nacionales son escasas, por no decir inexistentes. Quizás se encuentren dispersas o todavía ocultas, pero en tanto no aparezcan, deberemos contentarnos como el autor del libro citado, a tomar de objeto de estudio el material producido en países extranjeros, en este caso de Estados Unidos, Francia e Inglaterra.

El título nos remite a América Central, donde venían en su mayoría los autores de los escritos utilizados, pero daremos énfasis a todos aquellos escritos e ilustraciones que traten en particular sobre nuestra Nación, que describieron estos viajeros-narradores en su recorrido por la región o que en algunos casos fue el tema central de la publicación.

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Ilustración de la casa del Rey de los Caníbales, del artículo anónimo “Scraps from an Artist's Note-Book, The Carib Settlements”, No. LXXXVI, vol. XV, julio 1857, Harper's New Monthly Magazine, página 148.

Navegar por la tormentosa historia de la región centroamericana del siglo XIX es adentrarse en un océano de lóbregas sombras. Pero también de ese oscuro siglo han nacido los más insignes hombres, verdaderos faros que irradían todavía sus luces hasta nuestro presente: José Cecilio del Valle, Francisco Morazán, José Trinidad Cabañas, Marco Aurelio Soto o Ramón Rosa, entre otros que podrían citarse. Pero no toda esa oscuridad ha sido culpa nuestra, las luchas de poder de las potencias europeas buscando salvar sus últimos vestigios de reinos coloniales o la cada vez más creciente presencia estadounidense buscando áreas de influencia, son condicionantes a tomar en cuenta al juzgar la historia de la región en esa época y son las causas originales de esas luchas innecesarias que frenaron a la sociedad centroamericana en su ansiada búsqueda del desarrollo y la armonía social. Esa influencia tampoco debemos verla como una excusa que justifique nuestros actuales males que como sociedad hemos venido arrastrando casi desde nuestra independencia de la corona española, pero tampoco podemos obviarle y mucho menos ignorarle.

Es difícil entender la historia de la América Central del siglo XIX sin comprender antes estos factores externos que le condicionaron. En esa media centuria que transcurrió luego de la independencia se formarían prácticas sociales que predominaron a lo largo de ese oscuro siglo. La colonización tomaba nuevas formas, la corona británica buscaba el control de los territorios coloniales dejados por España, un agigantado Estados Unidos deseaba lo mismo, por lo que nuestra región se convirtió desde su temprano nacimiento en escenario de batallas diplomáticas y militares entre las superpotencias del momento. El casi irrisorio protectorado inglés del reino de La Mosquitia es una prueba de las tácticas desleales por desunir la región y dominar indirectamente un vasto territorio pleno de riquezas naturales y privilegiada posición geográfica en el justo centro de América. Es esta presencia inglesa en la costa atlántica centroamericana, la que condicionó la dinámica social de esa región, así como su quehacer económico, político o cultural. La literatura de viajes y su legado gráfico se constituyen en las pocas fuentes que podemos encontrar de esa época, los escritos de exploradores, piratas o clérigos son nuestras referencias más accesibles y su estudio y difusión se vuelven un imperativo como aporte de nuestra Academia a la sociedad.

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Un entierro misquito. Ilustración del libro de Ephraim George Squier “Waikna; Adventures in the Mosquito Shore” publicado por Harper & Brother en 1855, página 70.

 

Estos artistas del siglo XIX eran hábiles dibujantes que hacían las veces de los modernos fotógrafos documentales, al ilustrar con sus obras los escritos que publicaban las revistas mensuales como Harper's New Monthly o los libros editados en estos casos en el extranjero. En cuanto a la reproducción de dichas impresos, podemos sólo conjeturar que se grababan en placas o se dibujaban en planchas de piedra, según fuera la reproducción: tipográfica o litográfica. Decimos “conjeturar” debido a la poca bibliografía especializada del tema en cuestión. A pesar de que se han consultado todos los impresos originales para este estudio, se necesitarían al menos varios ejemplares de la misma publicación para poder identificar ciertas características que describan con certeza el proceso de impresión utilizado: cambios en la tinta, en la presión de los textos, en el registro de las imágenes, etc. Eso en cuanto al sistema de impresión utilizado; con respecto a la técnica de reproducción de las ilustraciones encontramos el mismo inconveniente.

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Una emboscada cerca de Quamwatla, Nicaragua. Ilustración del libro de Ephraim George Squier “Waikna; Adventures in the Mosquito Shore” publicado por Harper & Brother en 1855, página 153.

 

El estudio más amplio al incluir otros escritos de estos viajeros y exploradores, nos da una idea más cercana a la realidad de sus auténticos intereses y propósitos. Claro está que obviando esa marcada óptica imperialista, la información visual y escrita que nos han legado es valiosa para conocer nuestro pasado, por que a fin de cuentas, dicho conocimiento nos ayuda a entender mejor nuestro presente y por consiguiente a construir mejor nuestro futuro.

Ese es el verdadero valor de estos estudios: construir con ellos nuestro futuro. El fortalecimiento de nuestra identidad, el conocimiento de nuestros triunfos y derrotas, el análisis de las luces y de las sombras del siglo que nos vio nacer como naciones son parte fundamental de la noción de patria que debemos tener. La presente investigación ha sido un largo proceso de recopilación de fuentes de donde se han tomado las ilustraciones de base para la misma. Es también un texto ampliado del escrito para el proyecto de investigación “América Central en la mirada extranjera, Exploradores y viajeros entre 1845-1898” auspiciado por la Dirección de Investigación Científica y Posgrado de nuestra Universidad. Originalmente se tituló “Omoa ante la mirada de un artista en el siglo XIX”, y fue un análisis que tomaba de base el escrito anónimo “Scraps from an Artist's Note-Book, Omoa: Picturesque and incidental”. En esta versión ampliada, se han analizado los tres artículos de esta serie publicada en Harper's New Monthly Magazine entre 1856 y 1857, así como otros relatos de viaje publicados siempre en Estados Unidos, así como también en Inglaterra y Francia.

Esperamos que el estudio de estos impresos contribuyan al conocimiento de nuestra historia -visual y escrita-, ya que aun con sus prejuicios y falencias, estos libros y revistas del siglo XIX nos enseñan algo valioso en economía, política o cultura, si sabemos extraer de ellos esa información relevante. Estos relatos de viaje y las ilustraciones que les acompañaban, deberán ser parte también de otros estudios y analizados por otros investigadores que seguramente enriquecerán lo aportado en este, pedimos disculpas por las faltas que pueda tener el presente escrito, deseando que estas páginas sean una sencilla invitación a la incorporación de nuevos actores -que creen también-, nuevas historias sobre ellos.

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Colectando vocabulario en la comunidad indígena de Guajiquiro, La Paz. ilustración del artículo de Ephraim George Squier “A Visit to the Guajiquero Indians”, No. LXXXVI, vol. XV, julio 1859, Harper's New Monthly Magazine, página 614.

 

El anterior escrito es un extracto de la ponencia presentada en el marco de la celebración del XI Congreso de Investigación Científica de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras realizada el pasado miércoles 8 de noviembre de 2:30 a 4:15 pm en el salón de usos múltiples del edificio CISE en la Ciudad Universitaria José Trinidad Reyes. Esta conferencia ha formado parte del proyecto de investigación “América Central en la mirada extranjera, Exploradores y viajeros entre 1845 y 1898”, beca de investigación auspiciada por la Dirección de Investigación Científica y Posgrado y desarrollada por el Grupo de Investigación Filológica de la Facultad de Humanidades y Artes.



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