NO QUEMARÍAS A LOS HIJOS DEL BOSQUE

30 de Marzo del 2017

Tal vez usted, lector, es un fanático de la afamada serie Game of Thrones, calificada por muchos críticos como uno de los mejores programas de televisión de la historia. La trama de la serie es fundamentada en los libros de George R. Martín, basados en la guerra de las Dos Rosas, un conflicto que  enfrentó a miembros de casas reales en Inglaterra.

Para quienes son ávidos lectores o consumidores de la serie recordarán cómo se crearon los caminantes blancos. El origen de esta especie de “zombies”, nace de un conjuro creado por los niños del bosque como una manera de protegerse en contra de los humanos que avanzaban por todo el continente ficticio de “Westeros”, que amenazaban con la destrucción del bosque y todas las especies que allí habitaban.

Esta historia que es parte de la cultura popular es una analogía sobre la voracidad del ser humano que consume los recursos humanos sin discriminación ni valores éticos, y muchas veces destruyendo el bosque con propósitos meramente monetarios, con una visión basada netamente en los negocios, sin importar la vida de las tantas especies que viven en el bosque.

El incendio que afecta la zona de El Hatillo, El Picacho y otras aledañas es un recordatorio de los pocos escrúpulos de los pirómanos que con una mano criminal matan el bosque de La Tigra, uno de los principales pulmones de Tegucigalpa, que además es una de las fuentes de agua de la capital de Honduras.

Si bien las investigaciones no han señalado  la culpabilidad de alguien, los grupos encargados de apagar el fuego sostienen que fue una mano criminal. Esta versión cobra más sentido cuando un vecino de la zona  afirmó que el incendio fue provocado por delincuentes, en su declaración afirmaba que “era raro” que el fuego comenzara en tres sectores al mismo tiempo. Más lamentable se vuelve cuando señalan que el incendio tiene como fin construir un proyecto habitacional.

Y es que en Honduras, gran parte de los incendios tiene origen criminal, como el que sucedió en el Parque Jeannette Kawas, ubicado en Tela, Atlántida. En tal ocasión, unas 412 hectáreas de bosque fueron quemadas. Los daños en su momento no han sido cuantificados, pero su impacto sin duda dañó la flora y fauna endémica de la región, por lo tanto no se puede poner valor.

Si el valor de la fauna y flora no se puede cuantificar en temas de dinero, los incendios forestales sí dejan pérdidas cuantiosas. De acuerdo a fuentes oficiales, se perdieron  10,106 hectáreas en 2016, y por cada hectárea, el gobierno invirtió 15 mil lempiras, después de una rápida suma, obtenemos unas  pérdidas por 150 millones de lempiras, dinero que pudo haberse invertido en proyectos ecológicos para su protección.

Sin duda, la analogía de los hijos del bosque es un señalamiento que la naturaleza busca la forma de sobreponerse ante la destrucción, tal como lo hicieron los hijos del bosque al crear a los caminantes; pero como sucede en la serie, el peligro persiste, y es el propio ser humano quien cava su tumba al continuar con una explotación irracional, por lo que la amenaza de los caminantes puede ser la representación del cambio climático, el cual muchos señalan como falso, sin embargo su existencia es científicamente comprobada y la causa es la sobreexplotación de los recursos, los incendios en el bosque, el incremento de la basura, el daño a las fuentes de agua, la caza inescrupulosa...  todos causados por un común denominador, el ser humano.

Provistas todas estas ideas, es válido hacer una reflexión en base al siguiente proverbio “Cuando el último árbol cortado, el último río envenenado, el último pez pescado, solo entonces el hombre descubrirá que el dinero no se come", el ecosistema del planeta puede vivir sin nosotros, en cambio el ser humano no corre la misma suerte. 

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