Selva verde

11 de Diciembre del 2017

Texto y fotografías por Paúl Martínez. Fototeca Nacional Universitaria. 

 

Una espesa capa de neblina baja por la montaña ocultando la maraña verde que cubre cielo y tierra en una de las cascadas del Parque Nacional Montaña de Celaque, cerca de Gracias, Lempira. La dorada luz del alba ilumina apenas el bosque y le da un brillo de vida que lo hace mágico a la vista de quienes admiran ese momento, escenas cotidianas que solo recorriendo nuestras selvas podemos encontrar, selvas que en Honduras tienen el color del jade, el corazón verde que por siglos Mesoamérica ofreció a sus deidades. 

 

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Cascada Santa Lucía, Parque Nacional Montaña de Celaque, Gracias, Lempira. Fotografía digital en formato 135 mm. 2015. 

Pero al visitar una selva -ya sea por esparcimiento o razón científica- estamos tomando, sin saberlo o quererlo, un gran compromiso con nuestro país, y por qué no, también con nuestro planeta, recordemos que los seres humanos compartimos este mundo con infinidad de formas de vida, unas complejas, otras sencillas, pero al fin y al cabo habitantes al igual que nosotros del tercer planeta de este sistema solar, y decimos que es una gran responsabilidad porque somos la especie dominante que con nuestros actos, para bien o para mal, alteramos la vida en este mundo que nos tocó compartir con otras maravillosas formas de vida. Tomé, por ejemplo, la visita familiar a una zona protegida, un simple envoltorio de dulce puede crear un desequilibrio en la cadena que une a todos los individuos que habitan este lugar. Para usted es tan simple como decir que por un descuido olvidó recoger este pequeño objeto extraño dentro de la selva, pero para el armadillo que intentó comerlo o para la serpiente a quien se le adhirió a su cuerpo es un problema mayor, y eso solo con este simple papelito plástico que envuelve una golosina, al visitar una zona protegida recordemos que los que estamos de más en ese lugar somos nosotros, tratemos de dejar la menor huella posible de nuestro paso. 

 

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Guatusa recorriendo el sendero natural del Parque Arqueológico de Copán. Fotografía digital en formato 135 mm. 2012. 

Una selva en buen estado jamás es un sitio silencioso, si usted se detiene en una zona protegida y no escucha nada, preocúpese por ese espacio, algo anda mal y como seres humanos dotados de alma y razón podemos hacer algo por remediar los problemas que nosotros mismos causamos a ese espacio de la naturaleza. Una selva está llena de sonidos, desde los más débiles y casi imperceptibles producidos por miles de insectos hasta los estrepitosos y delirantes gritos de aves y monos, por no hablar de los paralizantes rugidos de un jaguar. Águilas, roedores, lagartijas e infinidad de habitantes de la selva emiten sonidos permanentemente haciendo una elaborada composición musical enmedio de la exhuberancia verde del lugar; disfrutar de estos sonidos, respetar la vida de cada uno de los seres que los emiten y verlos como vecinos respetuosos en esta comunidad llamada tierra es la mejor forma de ayudarles y ayudarnos. 

 

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En una noche de tormenta, una rana se cuela en la habitación del fotógrafo en West Bay, Roatán, Islas de la Bahía. Fotografía digital en formato 135 mm. 2010. 

Nuestro país es una de las naciones que aún cuenta con infinidad de recursos naturales, al estar en la franja de tierra que los científicos han llamado zona tropical, nuestra nación está llena de diferentes y exhuberantes hábitats, desde bosques nublados donde la pluviosidad anual es alta y sus cimas arriba de los 2,000 msnm permanecenbajo espesas nubes de niebla, hasta remanentes de bosque muy seco tropical en lugares que anualmente reciben poca cantidad de aguas lluvias, pero donde lo que la naturaleza no le obsequió en humedad se lo brindó en complejidad de formas de vida y una alta tasa de especies endémicas. 

 

 

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Colibrí esmeralda hondureño, en el bosque muy seco tropical del Valle del Aguán, Yoro. Fotografía digital en formato 135 mm. 2008. 

¿Alguna vez se ha preguntado por qué una zona rica en árboles es fresca y relajante y un sitio árido es caliente y perturbador?, ¿no le gustaría disfrutar permanentemente de un clima agradable? La solución, aunque no lo crea, solo la tenemos en nuestras manos. Las plantas producen oxígeno y absorben el dióxido de carbono, si recordamos nuestras primeras clases de primaria recordáremos esta simple lección, tambien podemos recordar que los seres humanos y todo ser vivo que respire por pulmones, necesita inhalar el oxígeno para convertirlo en energía que hace funcionar la vida: “…cuando el aire llega a los pulmones, la sangre absorbe el oxígeno y lo transporta a todo el cuerpo mediante la circulación, recoge el dióxido de carbono residual de las células y lo transporta a los pulmones para que al exhalar sea expulsado del cuerpo”. La solución es tan simple que asusta, entre más plantas esten absorviendo nuestro dióxido de carbono expulsado, más oxígeno tendremos para nuestra supervivencia, un filtro natural gratis y eficiente que por millones de años ha funcionado sin necesitar -hasta ahora- de mayores cuidados. 

 

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Bosque de pinos jóvenes, zona de amortiguamiento de la Reserva de Biósfera Tawahka Asagni, Olancho. Fotografía digital en formato 135 mm. 2007. 

Una selva verde es la mejor forma de conservar nuestra propia vida, pero también unas cuantas maceteras con flores en nuestro balcón pueden servir de ayuda, simples cambios de conducta en nuestro accionar diario pueden hacer una inmensa diferencia en el planeta, alguna vez se ha preguntado hasta donde puede llegar el globo inflado con helio que se le escapó a su hijo en una feria, puede preguntárselo al pescador que encontró en sus redes al pez que creyéndole bocadillo se lo tragó y murió asfixiado, pero suponga que no cayó en una red sino que fue comido este pez contaminado por otro pez más grande y éste a su vez por un mamífero marino, cada uno de ellos puede perecer por la contaminación que este sencillo globo pudo causar, la cadena puede ampliarse inclusive hasta terminar en un plato de nuevo en su mesa, en la tranquilidad de su hogar. Apagar una luz no utilizada, desconectar su celular una vez tenga la carga completa, arreglar las fugas de agua en su hogar son cosas simples que se pueden hacer sin mayor esfuerzo, somos individuos en una sociedad cada vez más materialista e insensible, pero si los que defendemos un planeta más saludable cambiamos pequeños hábitos convertimos en miles o quizá millones las acciones que sin duda ayudarán al planeta. 

 

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Solitario árbol de Santa María en el Parque Nacional Patuca, Olancho. Fotografía digital en formato 135 mm. 2016. 

Ya no somos individuos cuyo accionar solitario no representa nada, si cada habitante del planeta tomará conciencia de lo que puede significar un pequeño cambio en su vida a la salud del planeta seguramente nuestros hijos heredarán un mundo mejor, ¿Porqué quemar la basura? ¿Necesita tantas bolsas plásticas en un supermercado? Todo ser humano debería al menos una vez en su vida intentar sobrevivir un día valiéndose por si mismo, como  hace milenios se hacía, intérnese en una selva e intente localizar por sí mismo fuentes de agua, frutas o plantas que puedan ser consumibles, guíese por estrellas o busqué signos en los cielos, olvide el GPS o el repelente que lo único que hará será convertirlo en un objeto más identificable en el mundo natural, en una selva no debe preocuparle si tiene o no tiene dinero o tarjeta de crédito, puede sentarse las horas que desee a esperar un animal en particular sin afligirle el pago de un parqueo, o por cómo huele o si se esta despeinado, en la siempre verde selva es ella quién gobierna y decide la suerte o la vida de quienes desean entrar a sus dominios. 

 

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La frontera agrícola que avanza en la Zona de Amortiguamiento de la Reserva del Hombre y la Biósfera del Río Plátano, Olancho. Fotografía digital en formato 135 mm. 2015. 

La temporada de lluvias ha terminado, los vientos fríos de diciembre predominan, los que darán paso luego al largo verano de seis meses, con él, también se iniciaran las quemas –naturales y provocadas-, lo que disminuirá la selva verde que protege nuestro suelo, la conservación de este obsequio natural no es cuestión solo de contemplación estética, turismo o pérdida de valiosos recursos naturales. No tenemos otra opción que conservar lo que aún tenemos si deseamos sobrevivir a futuro como especie. El aire acondicionado no reemplazará a la suave brisa que refresca, si no hay manantiales no habrá agua que envasar, el jaguar necesita presas grandes para alimentarse, las presas necesitan vegetación que las sustente, la vegetación sólo crece cuando existe un manto de material rico en nutrientes que se descompone haciendo los suelos fertiles. La naturaleza es una compleja cadena de aportes que van en todas direcciones, si el ser humano interfiere en esta trama los resultados suelen ser catastróficos y a la larga le pasará su factura a la humanidad. De nosotros depende nuestro futuro y también el futuro del planeta que habitamos. 

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Mezcla de demonio y deidad, el jaguar es el señor absoluto de las selvas hondureñas. Zona Núcleo de la Reserva del Hombre y la Biósfera del Río Plátano, Gracias a Dios. Fotografía digital en formato 135 mm. 2007. 

 

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Red llena de tortugas en la Zona Cultural de la Reserva del Hombre y la Biósfera del Río Plátano, Gracias a Dios. Fotografía digital en formato 135 mm. 2006. 



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