SOBRE EL PODER

4 de Mayo del 2016

Por José Manuel Torres Funes. Periodista  

El poder se nutre de cuatro elementos fundamentales: 1) el respeto a la jerarquía,   2) el secreto, 3) el contubernio  y 4) el miedo.  En Honduras, cuando uno de estos elementos se muestra vulnerable, los que detentan el poder casi siempre reaccionan salvajemente. 

El caso de la jerarquía 

Por ejemplo, cuando hay crisis jerárquicas, se desatan guerras de clanes. Encontramos todo tipo de ejemplos en partidos políticos (sin excepción), crimen organizado, grupos empresariales, Policía, Fuerzas Armadas y poder civil.  

Cuando esas crisis jerárquicas parecen insolubles, hay defenestraciones (tipo Álvarez Martínez, o los Rosenthal, por dar dos ejemplos bien conocidos) o cacerías y guerras intestinas, como las del crimen organizado. En todas partes del mundo, una crisis jerárquica o la pelea por determinar quién manda suele ser agresiva y violenta, sin embargo, en nuestro país, estos conflictos tienen casi siempre una “resolución” tipo mafiosa. 

El caso del secreto  

Se llega al poder porque se sabe algo que no saben los demás. El que sabe “eso que los demás ignoran” tiene una forma de poder. El poder crece mientras el “secreto” está preservado, “bajo llave”; el poder se tambalea, cuando el “secreto” puede exponerse. La finalidad de la prensa que es en teoría “un poder” al servicio del bien público, consiste en “exponer” ese “secreto” cuando representa una amenaza para los intereses de la ciudadanía. En nuestro país ha sucedido lo contrario: la prensa ha sido un detentor de “ese secreto” para obtener beneficios directos del poder o simplemente pasar a formar parte de él. Cuando no sucede así, la violencia brutal aparece: (el caso fresco de Félix Molina) 

Contubernio 

El contubernio es en realidad la puesta en práctica de una cultura del secreto. A cambio de guardar silencio se obtiene algo a cambio, porque el “secreto” es un negocio y como negocio, hay un valor de cambio y una transacción. La burocracia en el país sobrevive y existe gracias al contubernio.  

El sector público en general, sin excluir ningún sector (desde la salud hasta la educación), está soldado gracias al contubernio. Aquí se incluyen también a sindicatos, partidos políticos, FFAA, grupos campesinos, sociedad civil, iglesias, prensa, empresarios, etc. El contubernio no solamente ofrece dinero, también puede dar prestigio o seguridad. Las afiliaciones que se hacen gracias a estas relaciones son muy fuertes, tanto que una vez que se contraen, difícilmente se rompen. 

El caso de los fiscales en 2008 es un ejemplo vigente de una ruptura del contubernio. Eso no garantiza que el poder se caiga o se depure, pero crea una consciencia ciudadana muy importante. 

El miedo 

El miedo sobrevuela todo lo anterior. Tenemos miedo a enfrentar el poder porque el poder nos puede matar y es correcto tener miedo, lo que no es correcto es que el miedo nos paralice; siempre hay maneras de dosificar la lucha contra el poder. Hay que hablar de dosificar porque en el país no hay garantías para proteger a la ciudadanía contra los abusos del poder, y la misma ciudadanía y sociedad, tampoco ha desarrollado los mecanismos de autodefensa adecuados. 

En países con ciudadanías más evolucionadas y dueñas de sus derechos, los abusos de poder se replican no solamente con energía, pero también con mayor eficacia. Y sobre todo, la vida está más salvaguardada. 

Se pueden nombrar infinitos ejemplos que han terminado casi siempre en muerte e impunidad. 

Creo que la evolución política pasa por crearnos una consciencia más sólida del poder para conocerlo mejor antes de querer asumirlo: ¿porque, qué nos garantiza que seremos mejores? 

Siempre vale la pena preguntarnos: 

¿Quiénes están con nosotros? 

¿Quiénes nos protegen? 

¿Cómo podemos romper los silencios? 

¿Cómo podemos evitar que existan contubernios? 

No es una cuestión de “güevos” o de “ovarios” o de "balas", como dicen muchos "revolucionarios" de "fusil virgen" que sin embargo, quieren que otros se lancen a morir para ver si por contagio, después lo hacen ellos.  

Tampoco sirve de nada erigir héroes porque los héroes son muy escasos y caducan – porque siguen siendo humanos. 

 



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