UNA HISTORIA QUE SE REPITE CON CADA CLÁSICO

3 de Abril del 2017

Hace 20 años hablar del clásico capitalino se asociaba a una tarde de domingo en familia. Las acciones que más se repetían era un padre explicándole a su hijo por qué el árbitro había pitado un penal o por qué sancionaba un fuera de juego. Sin embargo, en los últimos años esta escena es una “especie en peligro de extinción”, ya que actualmente la violencia que se vive en estos partidos restringe la asistencia de las familias a los estadios.

La violencia es, sin duda, la principal culpable de esta situación; pero ¿quiénes son los actores que la propician? En este caso, visto desde muchos ángulos, podemos señalar que los actores principales son los jugadores, quienes son señalados principalmente cuando se van de golpes unos contra otros. Estas acciones repercuten en la vida del ciudadano ya que los futbolistas son figuras públicas y como tales, muchos psicólogos señalan la condición del ser humano para copiar las tendencias, acciones y actitudes de quienes consideramos como personajes públicos.  

Señalar a los jugadores como los únicos culpables es caer en una interpretación única, vaga y con falta de mayores fundamentos; sin embargo este artículo trata de abordar el problema desde diferentes puntos de vista, en ese sentido, siguiendo en la línea de actores responsables en la escalada de la violencia, muchos mencionarían a los aficionados, después de todo con sus acciones repetitivas de enfrentamientos entre barras, policías y ciudadanos comunes parecen demostrar su lado más despectivo e irracional, en un país con altas tasas de violencia como Honduras.

Con respecto a las conocidas “barras”, hay varios trabajos que exploran su naturaleza, y tal vez el más famoso de todos es “Diario de un skin”, del periodista español Antonio Salas, quien explora este mundo de las barras de los equipos. El libro es una investigación real sobre los grupos neonazis españoles que cuentan  con una inteligencia, fidelidad y, sobre todo, el poder que esconden estos grupos en altos cargos como empresas de seguridad o bien las autoridades nacionales.

En contraste, la relación de estos grupos de aficionados se relaciona con temas de violencia como las reconocidas barras del país,  como es el caso de la afición más extrema de Motagua, que muchos suelen asociar con “Los Revos” y en el caso de Olimpia con “La Ultrafiel”. Los enfrentamientos entre estos grupos suelen ser una noticia que se repite con mucha frecuencia, y su raíz debe abordarse estructuralmente ya que una investigación a fondo de estos grupos puede orientar la naturaleza de estos actos de violencia. 

Por otra parte, muchos sociólogos destacan que el deporte es una manifestación cultural de primer orden de las sociedades contemporáneas, en este caso, el fútbol y la violencia que se representa en ella no es más que una grafía de la sociedad actual. Este aspecto parece ser más congruente cuando Honduras ha sido señalada como uno de los países más violentos del mundo, una relación que se une a las altas cifras de homicidios en el país, secuestros y acciones violentas detalladas en los noticieros y diarios hondureños e internacionales.

En otro orden de ideas, señalar culpables no es el propósito de este artículo, sino que su abordaje pretende presentar la incrustación de la violencia desde diferentes niveles, y su repercusión directa en la sociedad y cultura hondureña, que cada día consume estos actos con impavidez, con poca respuesta y con un abordaje que se enfoca enteramente en la reacción contra entes de acción como la Policía, en vez de actuar con una respuesta más amplia que involucre la participación de todos los actores para lograr resultados más efectivos en la reducción de la violencia. 

 



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